26/3/16

GO NORTHWEST

PASAJE AL NOROESTE
Northwest Passage, 1937
KENNETH M. ROBERTS
Trad. Carme Font
EDHASA, 2004



El título del libro que nos ocupa puede despistar a más de un lector, porque realmente en esta narración el famoso «Pasaje» es una idea, una ilusión, un proyecto, un hilo conductor, eje alrededor del que gira una vida: la del mayor Rogers, personaje histórico y real.
«El Pasaje al Noroeste, en la imaginación de todas las personas libres, es un atajo que nos conduce a la fama, a la fortuna y al amor (...) En todos los rincones del mundo encontramos a hombres que buscan incansablemente su Pasaje al Noroeste personal, sacrificando a menudo su salud, su fuerza y la vida misma en aras de esa búsqueda.» Con este texto, el autor ya nos da una pista.
No obstante, la ficción toma como excusa las aventuras de un imaginario aprendiz a artista, luego artista consumado, cuyo más ferviente deseo es plasmar en imágenes a los indios en su hábitat natural, su vida, costumbres, vestimentas, figuras y acciones. Y para ello, su relación con Rogers era fundamental. El mayor Robert Rogers (1731–1795) creó y dirigió una unidad de Rangers durante la guerra franco-india (1754 –1763) desarrollada en América del Norte entre británicos y franceses y también distintas tribus de indios.
El narrador anuncia al principio de la novela que es de Rogers de quién quiere hablar:
«Mi intención es menos ambiciosa. El destino ha querido que conociera a un hombre tan extraordinario como misterioso (...) A veces, se me antojaba como un dios: en otros momentos, me parecía poseído por los demonios. A pesar de todo, creo que su virtud radicó en servir al país de manera más provechosa que los soldados, los hombres de Estado o los escritores de éxito; en su lado oscuro, sospecho que no cayó más bajo de lo que cualquiera de nosotros habría caído si hubiéramos gozado de su visión y energía, y si hubiéramos vivido los mismos esfuerzos, las mismas tentaciones, las mismas ingratitudes y desengaños que él tuvo que sobrellevar. Por lo tanto, creo que merece la pena rememorar por escrito esos días en los que él me fascinó como ningún otro hombre me ha fascinado en la vida.»




 La novela se divide en dos partes muy diferentes, por la acción, tempo y clima creado. La primera, brevemente precedida de una descripción introductoria del protagonista, gira alrededor de una epopeya histórica: la vivida por los Rangers en su expedición punitiva a St. Francis,  descrita con todo detalle, una emocionante narración de aventuras.
La segunda parte comienza con la etapa londinense del joven artista ex-ranger y la coincidente presencia en Londres de su antiguo jefe, el mayor Roberts, tratando de financiarse una nueva expedición al Paso al Noroeste. El intento infructuoso de encontrar del famoso paso y el retorno final a Inglaterra ocupa toda esta parte, que refleja las relaciones entre la metrópoli y el hervidero de protestas americano, al borde de la rebelión, que finalmente tendrá lugar, aunque solo se citará de pasada al final del libro.

Narrada toda la novela en primera persona por el protagonista de ficción, Langdon Towne, cuya familia está asentada en Nueva Inglaterra, cuenta sus aventuras, ilusiones y proyectos, a la vez dibuja la conflictiva figura del mayor Rogers y sus Rangers, pintando un fresco del panorama colonial, tan diverso y complejo conforme se adentra hacia el Oeste y aumenta la población indígena. Personajes reales se mezclan con los de ficción de modo natural. Los problemas de la relación metrópoli / colonias se hacen muy evidentes y presagian un futuro explosivo.

Langdon Towne relata la historia de sus años juveniles expedicionarios desde mucho tiempo después. Desde su infancia, desarrolla un especial talento para el dibujo, induciéndole a pensar que podría ser su futura profesión. Esto generará tensiones en su familia, que lo manda a Harvard a estudiar,... siendo expulsado por un incidente casual. Otro incidente asimismo casual con la justicia le obliga a alejarse por un tiempo de su comarca, y aquí es cuando entra, también por azar, en contacto con un Ranger. El joven Langdon es presentado, pues, a Rogers y aceptado en los Rangers, partiendo casi de inmediato a una misión. Conocido su paso por Harvard, es requerido por Rogers para que lleve el diario de la expedición, dibuje algunos paisajes y levante mapas de diversas zonas, muchas de ellas apenas exploradas.
La expedición tenía por misión acabar con el poblado llamado Saint Francis junto al río que lleva su nombre. Una zona abrupta, pantanosa, plagada de indios y de franceses, y con un clima demencial. A pesar de las dificultades, la misión es cumplida. La figura de Rogers destaca en esta parte como la de un verdadero héroe legendario, que crece ante la adversidad y sabe llevar adelante su objetivo contra viento y marea. La relación detallada de la expedición ocupa casi toda esta primera parte, que acaba con la marcha a Londres del protagonista y narrador, (tras un desengaño amoroso).
 
La segunda parte del libro discurre al principio en los años londinenses, donde coincidirá con Rogers y su secretario Potter, un desaprensivo personaje por medio del cual entrará en contacto con la dulce Ann, personaje femenino que ganará gran importancia. Después narra el retorno de Rogers y Towne a América, el primero con el propósito de descubrir el paso del Noroeste y el segundo, de pintar nuevas tribus indias. Rogers consigue del rey el cargo de gobernador de Michilimackinac, (cerca del actual Michigan), lo que le granjea la enemistad de todos los oficiales y cargos coloniales, empezando por Sir William Johnson, superintendente británico para los Asuntos de las Indias Occidentales, que discrepa de su manera de llevar las cosas, demasiado democrática, y por su relación amistosa y pacífica con los indios. Atado por sus obligaciones y por la ausencia de financiación, Rogers queda en su puesto, pero envía a varios oficiales de su confianza como Carver, Tute, Goddard, y con ellos a Towne, para que inicien la expedición al Noroeste.  A partir de aquí, surgirán toda una serie de complicaciones, historia de amor incluida,  algunas de ellas coincidentes con los hechos históricos, y otras pura ficción, desembocando en el accidentado retorno de Towne, un desesperante viaje que finaliza en Londres.

En suma, una novela muy variada en sus registros, que hilvana muy bien la ficción con la historia, trazando la situación de los años previos a la independencia, con muchas reflexiones sobre la naturaleza humana, sobre las diferencias entre los colonos y la metrópoli, contraponiendo los intereses de los nacidos en América frente a los de políticos y militares británicos. Las descripciones del paisaje son muy detalladas, creando a veces una sensación de estar inserto en la naturaleza más agresiva y salvaje. La mirada es la de un artista, aunque también la de alguien que ama los grandes espacios naturales. Sobre toda la narración, planea la interesante figura del mayor Rogers, el protagonista real. Una novela recomendable.La traducción de Carme Font, eso sí, muy mejorable.

Kenneth Lewis Roberts (Kennebunk, Maine,1885 –Kennebunkport, Maine,1957) fue un escritor americano, autor de novelas históricas. Estudió en la Cornwell University y se inició en el periodismo como reportero del Saturday Evening Post. Sirvió en la primera guerra mundial como oficial de Inteligencia Militar, y posteriormente emprendió una carrera literaria en la que alternó la novela histórica con el ensayo literario. En 1957 obtuvo el Premio Pulitzer por «su extraordinaria contribución al conocimiento de la historia».


Ariodante 2016

21/3/16

VIAJEROS CELESTIALES

EL VIAJE DE LOS CUERPOS CELESTES

JAVIER GONZÁLEZ
Ed. B, 2016



Este es el primer volumen de una trilogía que gira alrededor de las aventuras de Gayarre, el personaje central. La segunda entrega sería “La ciudad perdida”, aún en proceso de escritura,  y la última “Un día de gloria”, ya publicada en 2001.
En esta nueva novela de Javier González, viviremos unas aventuras muy peculiares. Sin recurrir al salto en el tiempo, tan grato al autor, en esta ocasión viajamos directamente al Renacimiento tardío, finales del siglo XVI, en plena efervescencia de la Reforma y la reacción católica romana. Se parte del descubrimiento casual de unas catacumbas paleocristianas, la llamadas Catacumbas Priscila, justamente bajo la llamada Vía Salaria, en cuyo interior, a lo largo de 13 km. fueron enterrados muchos mártires de Roma, tumbas de familia, galerías y sepulcros en lóculos tallados en las paredes, etc. Este hecho, que asombró a los representantes eclesiásticos y al vigente Papa, Gregorio XIII, generó todo un movimiento para popularizar el hallazgo y usar a  los mártires como filón propagandístico religioso.

Pues bien, basándose en estos sucesos, Javier González hilvana  una historia de aventuras, en la que coloca a unos personajes a los que dota de vida propia y además, retoma un par de personajes  de un anterior libro, “Un día de gloria”, que desarrolla su acción en la turbulenta Europa y el norte de África del siglo XVI. Sean O´Leary, patriota irlandés perseguido por la reina Isabel I, es reclutado por Felipe II  para cartografiar las costas de Inglaterra. Este libro cerraría, como hemos dicho, la trilogía.

“El viaje de los cuerpos celestes” se estructura en dos niveles temporales (finales del XVI y principios XVII) y de acción: en uno, situado en 1619, Gayarre, un anciano fraile del Monasterio de Leyre, (Navarra) es encargado de tutelar a un novicio murciano, recién llegado de Bullas. Las relaciones que se establecen entre el monje con el novicio son casi de abuelo a nieto. Gayarre cuenta una parte de su vida al novicio, a condición de que este la ponga por escrito, ya que hizo años atrás una solemne promesa que aun no ha podido cumplir y siente que la Muerte le ronda.

Así, el novicio murciano va escribiendo e ilustrando con preciosos dibujos la historia que le relata Gayarre, tan jugosa que le tiene embelesado.  Ese texto escrito compone el otro nivel, que empieza en la primavera de 1578, con el descubrimiento de las catacumbas antes citadas, pero va saltando en el tiempo y alternándose con la historia personal del fraile Gayarre, que antes de fraile, fue cocinero, y luego soldado;  el novicio murciano le bombardea a preguntas sobre su vida anterior, que va contestando a la vez que habla de la historia de las catacumbas.
De este modo, la historia personal de Gayarre resulta muy interesante: cómo conoce al capitán Moncada, cómo su pericia gastronómica  le une a los Tercios, donde va subiendo de importancia, y la posterior relación con la operación “Cuerpos Celestes”.  Todo ello, trufado de explicaciones gastronómicas e incluso, recetas para cocinar unos exquisitos platos.
Hay acción por doquier: la toma de Maastricht, la cacería del Rey Felipe II, las intrigas del Cardenal Granvela, la aventura que les lleva de Roma hasta Alemania cargando esqueletos de supuestos mártires y los peligros que les acechan constantemente, la tropa de cómicos teatrales que les ayuda, y su director Carlo, etc.

Encontrará el lector  personajes curiosos y muy especiales, como las monjas Wenke von Weizsäker y su joven acompañante, la hermana Gesine, el dottore Boldetti, que dirige las investigaciones de las catacumbas; por otra parte, los personajes de Moncada y de Chalbaud, el espía de Granvela; el inquietante Jhoannes Jhaeger y sus inventos demoníacos; el perfumado Hendrick Brouwer y sus dobleces; los guardias suizos hermanos Pfyffer; el viejo nevero Azcárate, …en suma, todo un plantel de caracteres y de historias que se van agregando, proporcionando color ¡y sabor! a toda la novela, cuyo ritmo se mantiene alternativo, con momentos más tensos y momentos calmos, a lo largo de toda la narración y con la inclusión de una sorpresa final, un rizado del rizo, o una vuelta de tuerca, como se quiera, pero que sorprende al lector y explica algunas dudas o posibles preguntas que éste se pueda hacer.
En suma, una novela entretenida, con interés, bien contada y que deja un buen sabor de boca, remitiendo a la lectura de “Un día de Gloria”, donde el lector podrá saber más de algunos de los personajes centrales.

Javier González Rodríguez (Madrid, 1958), escritor, publicista y abogado español. Estudió derecho en la Universidad Complutense de Madrid y ejerció la abogacía hasta el año 1986. A partir e ese momento deriva sus pasos hacia el sector publicitario, donde continúa en la actualidad como director general de una agencia de publicidad. Su producción literaria en la novela comienza en 2001, con “Un día de Gloria”.





Fuensanta Niñirola
2016



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