29/12/15

BATALLAS CON PINCELES

EL PINTOR DE BATALLAS
ARTURO PÉREZ-REVERTE

ALFAGUARA, 2013


“Ya no hay bárbaros, Faulques. Están todos dentro”



Excelente y dramático viaje al interior de uno mismo, incluyendo la propia biografía del escritor cartagenero. Los años en que el autor trabajó como reportero de guerra debieron marcarle profundamente. Heridas que probablemente nunca sanarán, porque cada vez que vea la foto o el reportaje de cualquiera de los continuos conflictos actuales, tendrá que hacer un esfuerzo para no recordar. Creo que, excluyendo Territorio Comanche, primera aproximación al tema de la guerra, es en esta obra de madurez donde Pérez-Reverte mejor reflexiona sobre la condición humana, el fotógrafo como “ojo público”, contrapuesto a los propios combatientes y  aquellos que están al margen, o mejor dicho, aquellos que no están directamente presentes en el conflicto bélico. Los que no miran o miran a otro lado…Pero no sólo es eso.
La lectura remite a imágenes de alto contenido simbólico: la partida de ajedrez del Caballero con la Muerte en el filme “El séptimo sello”, de Bergman, podría equipararse a la larga conversación discontinua de Faulques con Markovic; del mismo modo, el grabado de Durero “El caballero, la muerte y el Diablo”, donde la Muerte esgrime el reloj de arena, recordando el poco tiempo que le queda, y al fondo se aprecia un lejano torreón en lo alto de una montaña... resulta muy relevante en esta novela. Encontramos en ella muchos simbolismos: el de la propia pintura, descrita con gran detalle por sus referencias (Durero, Paolo Ucello, Piero della Francesca, Brueghel, Goya, …), que marcarán una geometría especial, una geometría cósmica;  y también el del dolor físico, interno, la enfermedad a la que solo se alude pero que el pintor de batallas siente crecer en su interior, manifestándose con ineludible periodicidad. La enfermedad como símbolo del Mal que afecta a la condición humana.

Solo tres personajes se mueven por estas páginas, aunque se podría decir que en realidad es uno solo,  el ex fotógrafo bélico Andrés Faulques, que en sus años de madurez, tras abandonar la fotografía se refugia en la pintura, pintura de guerras, a modo de exorcismo de sus propios demonios. Que el autor haya elegido el apellido Faulques no parece casual: probablemente aluda a un ex legionario francés, paracaidista y mercenario experto en lucha contrarrevolucionaria, que recorrió muchos escenarios de guerra: la II Guerra Mundial, Indochina, Argelia, Congo, Yemen… y que fue testigo de los horrores en todos esos conflictos.
Los otros dos personajes, que podrían ser un desdoblamiento de la mente de Faulques, son, en primer lugar, el croata Ivo Markovic, cuya fotografía hizo ganar fama y premios al ex reportero. El croata le ha estado buscando durante diez años, haciéndole responsable indirecto de la muerte de su esposa e hijos, precisamente a causa de la fotografía. Y finalmente le encuentra en su refugio pictórico.
Y por último, Olvido Ferrara, o mejor dicho, su recuerdo, que gravita sobre toda la obra. Olvido (¡qué acertado nombre!) conoció al fotógrafo en México y juntos vivieron una intensa historia de amor durante tres años, hasta la muerte de ella. Una relación en la que la belleza pugna frente a lo sublime: el horror. Empeñada ella misma en olvidar su pasado, en borrarlo de su memoria, manchándose del lodo de los escenarios guerreros: sangre, sudor y lágrimas. Su evocación será el pivote sobre el que bascula la relación entre Faulques y Markovic,  Olvido siempre presente en la memoria de ambos, siempre recordada.

Las conversaciones entre el pintor y el croata, una vez se encuentran en el viejo torreón conforman el cuerpo principal de la narración, desplegando una panoplia de reflexiones sobre la vida y la muerte, y la incidencia del arte en ellas.
“-¿Ya sabe por qué el ser humano tortura y mata a los de su especie?... En esos treinta años de fotografías, ¿obtuvo una respuesta?.
-No hacen falta treinta años. Cualquiera puede comprobarlo, a poco que se fije... El hombre tortura y mata porque es lo suyo. Le gusta.
-¿Lobo para el hombre, como dicen los filósofos?
-No insulte a los lobos. Son asesinos honrados: matan para vivir..”

Mirar es tomar partido, piensa el pintor. ¿Es compatible matar y pensar? Le pregunta el croata, ¿se puede torturar y pensar al mismo tiempo? ¿se puede pensar mientras toma fotografías? Olvido Ferrara prefería no mirar, o mirar en otra dirección; sus fotografías eran siempre de objetos, nunca de personas. La terrorífica visión que se le ofrecía era tan impactante que prefería mirar las ruinas, los restos de la catástrofe, nunca el rostro humano doliente. El recuerdo de las conversaciones con su amante, tras una noche de amor o de espera ante la inminente batalla puebla otra gran parte de la narración.
No hay acción en la novela, salvo la de pintar, pues el ex fotógrafo, atrincherado en los agrietados muros de una vieja torre junto al mar que le sirve de taller y de retiro, se ha propuesto plasmar en aquellos viejos muros toda su experiencia de treinta años mirando la guerra a través de su visor fotográfico, experiencia que, tras la muerte de su amada, no puede sino rememorar en cada minuto de su vida, y está convencido de que no es con la fotografía, sino con la pintura con lo que puede extraer de su interior la esencia malvada de la naturaleza humana. Exorcizar los demonios.
Así pues, tanto el pintor como el croata, como el Caballero y la Muerte en su larga partida de ajedrez, rememoran sus tangenciales vidas desde el punto en que confluyen y se separan. Markovic le cuenta su experiencia como soldado, como prisionero, como torturado y como torturador, evocando momentos tremendos.
Faulques no cuenta apenas, pero recuerda. Rememora los tres años pasados junto a Olvido,  la mujer de su vida, una mujer que, huyendo de la ficción de la fotografía artística, de un mundo que ella entiende como irreal y frívolo, se une a Faulques en su continuo recorrer las guerras, en su continuo mirar el horror a través de la cámara, amándose en las más desoladoras situaciones, internándose cada vez más en el trágico drama bélico que hace surgir lo peor de la humanidad, su lado más oscuro y tenebroso.
Reverte sabe entrar no solo en el mundo del reportero bélico, puesto que lo ha vivido durante años, sino también en el alma del artista, y hace creíble sus movimientos con el pincel, mezclando los colores, dibujando las líneas en una dramática geometría, mostrando sus dudas y certezas, haciendo que el lector vea esa pintura, que es la pintura del alma del ex fotógrafo cuyos actos le pasan factura, no solo en su memoria, sino en la propia persona de Markovic, encarnación del ángel exterminador…o de su propia conciencia.  Asimismo repasa la historia de la pintura de guerras, tomando de aquí y de allá personajes, rostros, gestos, líneas y colores, aprovechando las grietas de la propia pared, que, como ríos recorren el paisaje desolado. Ríos del olvido, Leteo en la memoria…
Novela desgarradora, escrita con el corazón en la mano, adentrándose en la naturaleza humana, de modo sumamente lúcido y realista, usando en un estilo mezcla de flujo de pensamientos con diálogos y recuerdos. Recorrido por el horror y el dolor, por el amor imposible. Rememorando la vida humana, que desgraciadamente, parece no poder desprenderse de esa lacra, ese corazón tenebroso.



Fuensanta Niñirola

Dic.2015

22/12/15

EVANGELISTAS EN ACCIÓN

QUE SE LEVANTEN LOS MUERTOS
Debout les morts, 1995
FRED VARGAS
PUNTO DE LECTURA, 2008
ISBN 9788466321396
320 págs.


Publicada en 1995, tras El hombre de los círculos azules, en esta nueva novela de la escritora francesa Fred Vargas, inicia una nueva “tropa” detectivesca: ahora los investigadores protagonistas de esta narración son tres jóvenes historiadores, antiguos compañeros de Facultad, ya licenciados y sin un euro, que tratan de sobrevivir agrupados en un viejo caserón de la parisina Rue Chasle. Los chicos se llaman Marc, Mathias, y Lucien, y ya en estas mismas páginas son calificados de “tres evangelistas” (San Marcos, San Mateo y San Lucas). Sin embargo, como elemento de unión o catalizador, aparece el padrino de Marc, Armand Vandoosler, ex policía.

Cada uno de los jóvenes ocupa una planta del edificio y el padrino se reserva el ático. Vandoosler ha sido “retirado” del cuerpo policial por unos sucesos turbios, calificados como corrupción, aunque él asegura que todo fue un montaje. Guarda buena relación con algunos amigos en la policía, sin embargo. Y cuando uno ha sido policía, sigue siéndolo aunque ya no figure en nómina.
La especialidad de Mathias Delamarre es prehistoria, va saltando de trabajo en trabajo (ventas, mecánico, etc.); Marc Vandoosler es un medievalista (trabajaba de negro en una editorial de novelitas rosa, pero ahora está despedido) y, finalmente, Lucien Deverois es especialista en la I Guerra Mundial. Además, cada uno tiene unas costumbres peculiares y un carácter complicado, lo cual no parece que augure una buena convivencia. Lo resuelven ocupando plantas distintas en el viejo edificio.
Así como en la anterior novela, comienzan a aparecer círculos azules en las calles de París -lo cual no es constitutivo de delito-, comienza ésta con la aparición de un árbol –un haya- misteriosamente plantado en el jardín de los Relivaux, Pierre y Sophia, casualmente vecinos de los “evangelistas”. Ella es una conocida soprano de origen griego, Sophia Simeonides, , ya retirada, y con un pasado. Mientras que a la dama le inquieta la misteriosa aparición de el pequeño árbol en una esquina de su jardín, su marido no parece darle la menor importancia.
Juliette Gosselin y su hermano son otros vecinos de la calle, dueños de un restaurante, Le Tonneau. Juliette es muy amiga de Sophia, y acogerá a los tres “evangelistas” para sus comidas en el restaurante, incluso Mathias trabajará para ella como camarero.
 
Llegado un punto de la narración, y una vez presentados a los personajes principales,  se produce la desaparición de Sophia y se disparan los interrogantes. Para embrollar aún más la historia, llega desde Lyon Alexandra Haufman, una sobrina de Sophia con su hijito, Cyrille, asegurando haber sido invitada por su desaparecida tía. Aquí comienzan a tejerse suposiciones, sospechas, investigaciones. Los tres “evangelistas”, más o menos dirigidos por el viejo Vandoosler, (digo “más o menos”, porque a veces alguno que otro de los jóvenes toma decisiones por su cuenta y se desmadra) y de modo indirecto en colaboración con la policía, inician investigaciones por distintas líneas.

Finalmente, aparece un cadáver calcinado, y la policía empieza a tomarse en serio el tema: el inspector Leguennec entra en acción: hay una maraña de pistas que no llevan a ninguna parte o que conducen a callejones sin salida. El pasado de Sophia empieza a ser investigado, surgen nuevas líneas de investigación, y los jóvenes historiadores se mueven en todas direcciones, puesto que se han implicado por completo (alguno de ellos, emocionalmente) en el caso. Y el árbol sigue allí plantado, creciendo…

En toda la novela, como es habitual ya en la escritora francesa, hay continuos recursos al humor, sobre todo jugando con los caracteres y costumbres de los “evangelistas”,  y sus respectivas especialidades históricas, que influyen en su modo de investigar, generando conversaciones divertidas y desenfadadas, que relajan la tensión que por otra parte pueda generarse. El ritmo es siempre ralentizado por estos interludios de los inquilinos del viejo caserón, aunque conforme se acerca al final la narración va subiendo la tensión hasta alcanzar un punto álgido.
Una novela entretenida, peculiar, muy en la línea de Vargas, tan personal, donde interesa tanto las rarezas de los personajes como la propia investigación.

Fred Vargas (seudónimo de Frédérique Audoin-Rouzeau, París, 1957), arqueóloga de formación, es mundialmente conocida como autora de novelas policiacas; hasta el momento ha escrito doce (todas ellas publicadas por Siruela). Ha ganado los más importantes galardones, incluido el prestigioso International Dagger, que le ha sido concedido en tres ocasiones consecutivas. También ha recibido, entre otros, el Prix mystère de la critique (1996 y 2000), el Gran premio de novela negra del Festival de Cognac (1999), el Trofeo 813 o el Giallo Grinzane (2006). Sus novelas han sido traducidas a múltiples idiomas con un gran éxito de ventas, alguna de ellas incluso se ha llevado al cine.


Fuensanta Niñirola


6/12/15

INDOCHINA, MON AMOUR

LA DAMA DE SAIGÓN


J.L. GIL SOTO
Ed. Kailas, 2015




Indochina, Reino de Annam, 1858. La virulenta persecución y masacre de conversos católicos, misioneros españoles y el obispo español J. M. Díaz Sanjurjo, fueron el pretexto que llevó a la declaración de guerra por parte de Francia y España, comenzando una campaña militar que se desarrolló entre 1858 y 1862 en la región meridional del actual Vietnam (llamada entonces Cochinchina) y que constituyó, curiosamente, el inicio de la colonización francesa en Indochina. Las tropas españolas acuarteladas en Filipinas fueron requeridas, en virtud del Tratado de la Cuádruple Alianza, para colaborar con las francesas, que desde el primer momento llevaron la iniciativa y el mando supremo. Reinando la indolente Isabel II y gobernada por O’Donnell, España se limitó a participar, muy honrosamente, pero sin la más mínima visión comercial ni política. Mil quinientos soldados españoles y tagalos, al mando de los coroneles Ruiz de Lanzarote y Carlos Palanca, se unieron, desde Filipinas, a las fuerzas francesas. Después de varias acciones de castigo, se dirigieron a Saigón, ciudad que fue tomada al asalto el 17 de febrero de 1859, al mando del coronel Palanca. Vidas y honor se dejaron los soldados españoles allí, sin que ello supusiera para España el más mínimo beneficio político ni económico, que quedó por completo en manos francesas. Eso sí, se consiguió que los misioneros católicos pudieran volver a ejercer sus actividades, y con ello la católica reina se quedó satisfecha.

Pues bien, este es el marco donde principalmente se sitúa la presente novela, tercera del autor extremeño. Los escenarios variarán según la acción, y Cádiz, Manila, Saigón, además de las largas navegaciones entre unos y otros lugares, serán el espacio donde los numerosos personajes viven las incidencias, a veces terribles, que el destino o el azar les depara. La mayoría se ve inmersos  –a veces, contra su voluntad- en una guerra terrible en la que solo los franceses sabrán sacar conclusiones positivas. Los españoles, y eso se refleja bien en la novela, solo fueron una comparsa, dejando vidas y truncando destinos para nada (políticamente hablando).
Esta es una novela de personajes, cuyas vidas y aventuras, alegrías y desgracias conocerá el lector de modo paralelo o mejor, convergente. Contada en tercera persona, por un narrador que se va situando alternativamente en el punto de vista de algunos personajes, dejando otros en una cierta penumbra, que nos mantendrá en la duda de su verdadera identidad. Poco las distintas trayectorias vitales, en principio muy dispares, se van aproximando hasta  implicarse unas con otras.  El eje argumental está centrado en la historia personal de Isabel Ripoll, con una complicada trama en la que la dama, joven y única hija de un naviero gaditano vivirá terribles y dramáticas situaciones que la colocarán al borde de la desesperación. Su tesón y juventud, además de la ayuda de benefactores que recibirá como caída del cielo, poco a poco la harán resurgir cual ave fénix. Sin embargo, pasarán varios años, y en el transcurso de ellos el lector, además de seguir las incidencias y pesquisas de Isabel en el intento de recuperar lo que es suyo,  descubrirá otras emotivas y dramáticas historias personales, que el autor presentará desde sus respectivos puntos de vista. Así, la bella pero peligrosamente atractiva Leslie/Ylang, el melancólico y apuesto teniente Queralt, los gemelos Ricart, el sufrido padre dominico Ocaña, por una parte. Otros personajes, más difusos, planos y cuya identidad se mantiene imprecisa, serían: la bella y elegante Marianne, el administrador Zuloaga, el periodista Lapuente, el malvado Artemio, el empresario francés Pierre y el misterioso británico Jerry, conjunto que compone un complicado rompecabezas en el que todo irá encajando conforme nos acerquemos al final de la novela.

La gran cantidad de personajes secundarios e historias confluyentes hace que en algunos casos nos quedemos solo con pocos trazos para construir ciertos caracteres, aunque la historia principal, la de Isabel, es la mejor desarrollada. En algunos momentos uno podría pensar que en esa época una joven de apenas veintipocos años no tendría el valor de arrostrar peligros indecibles y situaciones tan humillantes y dolorosas. Sin embargo, la figura de Isabel, educada en París y con una visión más amplia de la que acostumbraban las jóvenes gaditanas, unido a un carácter fuerte y testarudo, hace creíble que afronte la adversidad sin hundirse en el fango. Obviamente, Isabel recibirá ayuda por parte de determinados personajes masculinos que se comportan con ella de modo honesto y gentil, así como de amigas que la animan y la quieren bien, lo que compensa las humillaciones recibidas por unos desaprensivos estafadores que han aprovechado de su desgracia para medrar. Quizá la historia del dominico Ocaña sea la más floja, porque es la que tarda más tiempo en confluir con el resto de personajes y no llega a implicarse demasiado en el conjunto. Sus dudas y continuas inquietudes son difíciles de seguir, y en algunos momentos parecen un tanto forzadas. Pero es el modo en el que el autor elige para mostrar la situación de los católicos en ese país.
 Lo que es muy destacable es la recreación del clima de desvalimiento del ejército y la armada españoles en Filipinas, con respecto a los lejanos mandos de la metrópoli, la desazón ante la cortedad de miras del gobierno español y el abandono a sus propias fuerzas, valor y heroicidad, que nunca faltaron en los militares españoles. También es destacable la misión de las mujeres en esta guerra, como cantineras y enfermeras, apoyando con cariño y eficacia la lucha de los soldados. Y por último, se ve bien reflejado el clima de persecución y de penalidades sufrido por los creyentes laicos y misioneros católicos en el reino de Annam.
En suma, una novela donde no falta la acción,  intriga, pasión y el marco histórico de una guerra apenas conocida en la historia colonial española. Con un ritmo que paulatinamente va in crescendo, hasta momentos de máxima tensión que atrapan al lector y mantienen la atención hasta la última página.

José Luis Gil Soto (Oliva de la Frontera, 1972), es Ingeniero Agrónomo por la Universidad de León. Comenzó su carrera profesional en el campo de las energías renovables y luego pasó a formar parte de la Administración Pública. Es autor de múltiples guiones literarios y ha participado en diversas publicaciones de carácter científico y divulgativo. Su primera novela, La traición del rey  (2008) vio la luz con un notable éxito. Con la obra La colina de las piedras blancas (2010) ha sido finalista del II premio Caja Granada de novela histórica.



3/12/15

REINAS EN ESPAÑA

 
NACIDAS PARA REINAR
LOLA GAVARRÓN
Temas de hoy, 1997

Este es un ensayo biográfico centrado en las vidas de doce reinas españolas, reinas consortes, cuyo punto en común es doble: origen extranjero y matrimonio como asunto de Estado, que por otra parte era lo habitual. Procedentes de países con los que España deseaba una alianza, ésta se resolvía matrimoniando a príncipes o a reyes con princesas extranjeras. Así, portuguesas, austriacas, francesas e italianas, a partir del emperador Carlos, hasta Alfonso XIII, comparecen en cada capítulo de este libro, donde no sólo se nos cuenta, de modo ameno y elegante, las circunstancias que rodearon el enlace real, sino que también seremos informados del contexto histórico, y muchos detalles curiosos y domésticos que ponen color y cercanía a estas damas. Color y valor, porque ciertamente necesitaron de un temple muy especial para cumplir su función, principalmente reproductora, aunque en algunos casos su influencia e importancia aumentó por tener que realizar también el papel de regente o sustituir al rey en tareas de gobierno, por ausencia real. Pienso, por ejemplo, en el caso de Carlos V e Isabel de Portugal, o el la larga regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena.

Acompañado cada texto con una ilustración donde podemos apreciar las facciones y apariencia de cada una de las reinas citadas, los capítulos se van enlazando porque tanto los Austrias como los Borbones fueron dinastías endogámicas, y de nombres repetitivos, con lo que a veces resulta algo complicado entender  el parentesco. Varias Isabeles, Marianas, Mariacristinas, Marialuisas, transitan por estas páginas con sus complicados vestidos y peinados, mirándonos desde sus retratos donde permanecen inmortales, a veces con tristeza, a veces con tranquila complacencia, pero siempre con gran dignidad. Habían sido educadas para ese papel: eran moneda de cambio, tratados internacionales hechos carne, preparadas para proporcionar herederos a las monarquías reinantes.

Pero estas reinas, eran, al fin y al cabo, mujeres. Y a pesar de que su educación las preparaba desde la más tierna infancia para afrontar dificultades, incomodidades, humillaciones y malquerencias, supieron salir adelante e incluso a veces enamorarse de sus consortes, que no siempre correspondieron a su amor ni valoraron el sacrificio que suponía para esas mujeres, en muchas ocasiones casi niñas, púberes o no, que se veían obligadas a compartir su cuerpo con hombres que podrían ser sus padres o incluso ¡sus abuelos! Y habían de abandonar ilusiones, emociones, deseos, para supeditarlos a la función principal, que era la gestación de un heredero al trono. Dramático papel, muchas veces, como en el caso de María Luisa de Orleans, esposa de Carlos II el hechizado. Quizá la más bonita historia de amor fuera la del emperador Carlos y su única y muy amada esposa, Isabel de Portugal. Porque si bien fue un matrimonio de Estado, nada más conocerse los cónyuges sintieron una inmensa pasión el uno por el otro, siendo los días más felices del emperador los pasado en Granada con Isabel, recién casados. Además de bella y apasionada, Isabel fue una magnífica administradora del reino, en las frecuentes ausencias europeas del beligerante Carlos. Y cumplió con creces su función reproductora: cinco hijos y dos abortos, el último de ellos la llevó a la muerte, dejando desolado a su regio esposo, que no volvió a desposarse…aunque tuviera sus desahogos, fruto de los cuales nació Don Juan de Austria.

Lola Gavarrón no sólo cuenta la vida de estas reinas, sino que entrelaza la narración con otros personajes contemporáneos a ellas, que tuvieron influencia o marcaron visiblemente el ambiente  de la corte española, la vida cultural y artística, las costumbres, las modas, además de las intrigas políticas. El cambio dinástico, de los Austrias a los Borbones, se muestra por nuevos usos y costumbres, además de las modas y el talante, como por ejemplo, algo tan importante como el embarazo y sobre todo el alumbramiento de nuevos vástagos cambia radicalmente al introducirse la figura del ginecólogo, ya que hasta el momento, no se permitían médicos en el alumbramiento, sólo las comadronas, que a veces habían de trabajar en la semioscuridad debido al pudor de las reinas parturientas. Porque, eso sí, siempre había algún hombre discretamente situado en el dormitorio real: testigos de que realmente ocurría un parto y el resultado de ello era tal que no se pudiera cambiar o enmascarar. Porque también se daban casos de fingimiento de embarazo, comprensiblemente en las desgraciadas esposas de Carlos II, María Luisa de Orleans y Mariana de Neoburgo.
La llegada de los Borbones implica otra novedad: la aparición de las princesas italianas, como la dulce María Luisa Gabriela de Saboya y la imponente Isabel de Farnesio, ambas esposas consecutivas de Felipe V. Y con las italianas llegan nuevas modas y modos, la austera corte española empieza lentamente a evolucionar, se acometen reformas estéticas de las ciudades, sobre todo Madrid, se importan artistas y músicos italianos, en suma, la anquilosada maquinaria comienza a funcionar.
En los últimos capítulos se produce el cambio hacia el Romanticismo, en el XIX, y también las costumbres introducen novedades en el interior de las mansiones reales.
En suma, un libro muy ameno y de gran interés, no tanto historiográfico como humano, ya que accedemos a la intimidad de unos personajes rodeados de gran protocolo y rígidas formalidades, a cuyos sentimientos llegamos a tener un cierto acceso con esta lectura.

Lola Gavarrón (Tetuán, 1951), es periodista y escritora. De su primera formación universitaria como geógrafa -materia en la que es doctora- descubrió que el cuerpo humano es un paisaje y que como tal puede ser transformado por la indumentaria y el maquillaje. Con esta perspectiva humanística de la Moda y la Belleza como otro lenguaje tanto más poderoso cuanto que mudo, afronta sus colaboraciones en medios españoles e internacionales. También para sus clases en diversos masters sobre periodismo de Moda y Belleza como el del ISEM de Madrid. Es autora de los libros Piel de ángel (1982), Mil caras tiene la moda (1983), La mística de la moda (finalista Premio Anagrama Ensayo 1989) y la presente Nacidas para reinar (1992). Ha escrito también una biografía sobre Ana de Pombo, por ahora inédita.



Fuensanta Niñirola 
Nov. 2015




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