20/12/13

VELADA ANTÁRTICA Y LLUVIOSA DESPIDIENDO EL OTOÑO VALENCIANO

 PRESENTACIÓN DE "SHACKLETON EL INDOMABLE"

JAVIER CACHO Y  MANUEL TOHARIA EN LIBRERÍA PATAGONIA

A pesar de que ayer por fin el cielo comenzó a llorar un poco, lágrimas que nos hubieran hecho falta un tanto antes,  pero que de un modo u otro son bienvenidas en estas tierras resecas y sedientas, y a pesar de la hora (20,30), un tanto tardía para el público valenciano, a pesar de todo, digo, la librería Patagonia, (especializada en libros de viajes, aventuras y exploraciones) estaba llena hasta rebosar de amantes de la aventura y de las exploraciones y expectantes ante la capacidad verbal de ambos ponentes, sobre todo Javier Cacho.

Tras una breve salutación del librero, Angel Saez, dando la bienvenida a los ponentes y al público, intervino Manuel Toharia, de todos conocido, que estuvo jovial y dicharachero, recordando la antigua amistad que le une a Javier, y destacando que, a pesar de que las personas que son polifacéticas no suelen hacerlo todo bien, en el caso de Cacho, resulta que es un excelente científico e investigador, pero a la hora de escribir estos últimos libros sobre las expediciones antárticas ha resultado un excelente escritor. Y a la hora de disertar sobre ellos, está resultando un excelente comunicador. Doy fe de todo ello: he leído sus libros (y los he reseñado oportunamente) y le he escuchado en persona, y realmente es así. En cuanto a la capacidad para juzgar sus logros como investigador ya excede mi preparación, que es literaria, pero cuando fue elegido para participar en las misiones antárticas españolas creo que debía merecerlo.
Toharia destacó cómo Shackleton, cuyas expediciones siempre acabaron sin conseguir el éxito en cuanto a  cumplir los objetivos planeados, sin embargo era de un material humano increíble, de la madera del héroe, que intentaba retos sin olvidar, a la vez, que tenía hombres a los que proteger y salvar. Su deseo por llegar más allá siempre nunca impidió recordar que las vidas humanas son más importantes que los records.
Javier Cacho comenzó su intervención –de pie, paseando y mostrando fotografías- hablándonos de la infancia de Shackleton, de cómo en la infancia de una persona se prefigura su carácter de adulto. Este era un chico que tenia madera de líder, verbalmente incontinente y ansioso por destacar. Enrolado a los 16 años en la marina mercante, consiguió aprender en tres meses lo que no había aprendido en todos sus años de colegio, ante la fuerte motivación de su próxima vida en la mar.
Recorrió mundo y en una época en la que las comunicaciones y la información circulaba muy lentamente, adquirió una solida formación, teórica y práctica.

El siguiente reto lo presentó el amor: se enamoró de Emily, una mujer de un nivel social y económico muy superior,  y para conseguir situarse en un nivel semejante, no dudó en alistarse en la primera expedición antártica de Scott. Y de ahí en adelante, toda su vida persiguiendo retos, logrando algunos y perdiendo otros. Pero siempre animoso, amigo de sus subordinados, sin dejar nunca a nadie en la estacada, querido por todos y admirado por una gran cantidad de público. Nos mostró el famoso anuncio de prensa en donde se reclutaban voluntarios para la expedición del Endurance, así como el barco atrapado entre los hielos, los expedicionarios jugando al futbol en la nieve, cortándose el pelo o navegando con las lanchas en su desesperada búsqueda de tierra habitada, tras el famoso grito de “¡Muchachos, nos vamos a casa!” que hizo levantarse a sus hombres y remar. La suerte no le acompañó en la conquista del Polo Sur, que ejercía sobre él una tremenda atracción  como el magnetismo a la aguja de la brújula. Los hielos fueron su vida y su muerte. Una vida de película, una vida para ser contada y esto es lo que hace Javier Cacho en su libro: contárnosla con gracia, gancho y una enorme atracción en su escritura.



Una charla distendida, divertida, plena de humor y de anécdotas, que animan a leer el libro a aquellos que aún no lo ha hecho y a esperar el siguiente a los que ya le  hemos leído.




Ariodante / dic 2013

19/12/13

LA IMPOSIBILIDAD DE AMAR

EL AMOR IMPOSIBLE
BARBEY D'AUREVILLY
Ed. Funambulista, 2013
Traducción y postfacio: Enrique Trogal


Novela de corte aristocrático, mezcla de romanticismo y de espíritu libertino al modo ilustrado, incluso con algunos toques que nos hacen pensar en lo que Proust escribirá después, en ella toda la trama gira alrededor de un duelo de ingenios: la seductora Bérangère, marquesa de Gesvres, mano a mano con el señor de Maulévrier, siendo la joven condesa de Anglure el arma que se lanzan uno al otro. La novela tiene un aire de familia con «Las amistades peligrosas», de Chloderlos de Laclos; esa estructura triangular, en la que dos personajes se lanzan a un peligroso juego que acabará en desdicha para una tercera persona. Tanto uno como otra carecen de sentido de la moral, incluso llegan a ser insensibles a todo sentimiento o emoción.
La marquesa está aburrida, y el aburrimiento es la madre de muchas bajezas. Entre ella y su presunto amante, que no lo será de facto, tejen una trama en la que la atrapada resulta ser la joven e ingenua condesita, prendada de amor por Raimbaud de Maulèvrier.

Primera novela de D'Aurevilly, fue publicada en 1841 y al parecer refleja una experiencia desafortunada entre el propio autor y la marquesa Armance de Vallon. Elegantemente escrita, con un lenguaje barroco y muy complejo, que a veces resulta hasta difícil de seguir, por las múltiples alusiones, sugerencias, ironías y sarcasmos, el duelo lingüístico entre los dos protagonistas les hace mantener una relación amistosa de por vida, amistad que nunca pasará de ahí, por más que lo deseen, porque son incapaces de sentir realmente y todo se limita a un juego. Un juego que tendrá consecuencias penosas para la pobre condesita de Anglure.

La vida en los salones, las distracciones aristocráticas, las murmuraciones, la cortés hipocresía, la doble vida de las damas casadas por conveniencias cuyos maridos viven ignorándolas y empujándolas a buscar amantes, crea un ambiente en el que todo es ficticio, las conversaciones son competiciones de ingenio, las normas sociales son complicadas y la simpleza e inocencia se ven penalizadas. En sociedad no se puede sino fingir: las relaciones sociales del salón son puro fingimiento, nadie puede destapar sus sentimientos...hasta el punto de que los sentimientos reales acaban por desaparecer, y sólo cabe desarrollar un inmenso teatro en el que el juego erótico y amoroso se sigue sin fundamento, sin deseo verdadero. Y cuando el deseo existe, es machacado y destrozado por los celos, el desprecio y la crueldad. 

El caballero Maulèvrier parece estar loco de deseo por la marquesa; ella, a su vez, le incita y le frena. Toda la relación entre ambos es un intento de acercamiento y un alejamiento inmediato: un tira y afloja, una provocación y una frustración. Pero no nos quedemos en la superficie del proceso, porque el drama de la marquesa de Gesvres es que resulta incapaz de sentir una pasión, por más que lo intente en sus juegos con Raimbaud. Y este, que cree amar, acaba por perder el interés y sobre todo, cae en la trampa de la marquesa, siendo finalmente incapaz de amar, como ella.

Una novela que el propio autor califica de «tragedia de gabinete» en el prefacio a la segunda edición, (incluido en este libro) donde reconoce que es una opera prima, (de ficción) escrita cuando aun no había vivido demasiado, y afirma que «en esa época, si recordamos, las mujeres más jóvenes, las más bellas y, me atrevería a añadir, fisiológicamente as más perfectas, se vanagloriaban de su frialdad, igual que los viejos engreídos presumen de estar hastiados antes de ser viejos. Hipócritas singulares, ellas jugaban, unas al ángel, otras al demonio, pero todas, ángeles o demonios, pretendían sentir horror por la emoción, esa vulgaridad, y presentaban intrépidamente como prueba de su distinción personal social su inaptitud para el amor y la felicidad que este procura…»

La obra está editada con mimo, como suele hacer esta editorial, y se lee con ese regusto amargo y a la vez una pizca picante de las obras donde el propio lenguaje es el disfrute, mientras el deseo y el placer resbalan por las páginas como los pétalos de una rosa marchita.


Jules Amédée Barbey d'Aurevilly (Saint-Sauveur-le-Vicomte,1808–París,1889), escritor y periodista francés. Personaje imprescindible del mundo literario de su época, inspiró en gran medida a otros escritores, gracias a obras fascinantes como Las diabólicas, Le Chevalier Des Touches y Un prêtre marié. Amante de lo dandi, los duelos y los artículos feroces y novelas melodramáticas con tramas de lo demoníaco que eran, según él, el mejor camino hacia el conocimiento de Dios. Hijo de una familia monárquica normanda, creció en un ambiente inmerso en la nostalgia por el entorno realista y jansenista. Estudia Derecho en Universidad de Caen. En 1883, vuelve a París, donde trabaja como periodista. Miembro del Romanticismo tardío, después de una primera época en la que mezcla catolicismo, dandismo (es legendaria su indumentaria) e incluso satanismo, se reconvierte al catolicismo más férreo y funda la Sociedad católica.
Escribe relatos y colabora como crítico literario en el periódico Constitucionnel en 1845. Desde allí defenderá a Balzac y Baudelaire en 1857, sin embargo ataca Los miserables de Victor Hugo en 1862. En 1871, se alista a la Guardia nacional. Se le conoció como el «Condestable de las letras francesas».

Ariodante


15/12/13

LADY CHATTERLEY OTRA VEZ

LA SEGUNDA LADY CHATTERLEY
John Thomas and Lady Jane, 1927
D.H. LAWRENCE
Traducción de G. Gómez Montoro y Max Lacruz
Postfacio de G. Gómez Montoro


Ed. Funambulista, 2013



Escrita en una época en la que aún quedaban restos del victorianismo decimonónico, el mismo hecho de auto censurarse y reescribir la historia tres veces, ya dice mucho de los temores del autor y de la acogida del publico. Historia ampliamente conocida de una pasión amorosa que salta las convenciones y rompe moldes sociales, es esta una versión diferente de El amante de Lady Chatterley;  segunda de las tres versiones que escribió, fue publicada en italiano en 1954, antes incluso de su publicación en inglés, que no vio la luz hasta 1972. El autor escribió un primer intento, en 1926, un segundo en 1927, que es el que hoy nos ocupa, y un tercero, en 1928. Esta última versión es la que hemos conocido en España, pero que no pudo publicarse íntegra en Inglaterra hasta 1960.

La versión que se muestra al público en esta edición no solo es más larga, sino que cambia el enfoque, haciendo más fuerte el impacto moral/social en el lector. El tema es el amor físico y sensual entre una dama y un hombre rudo, tosco, que habla en un retorcido dialecto (cosa a la que los británicos dan una importancia enorme), que vive separado de su mujer y su hija, …pero que sexualmente está bien dotado. La Bella y la Bestia. La dama, por otra parte, tiene la desgracia de estar casada con un hombre que, a pesar de su educación y clase, es un lisiado: vuelve de la guerra con la mitad inferior de su cuerpo paralizada, y con una alta dosis de resentimiento, que vuelca en los que le rodean, principalmente en su joven esposa, que prácticamente no ha tenido ocasión de conocer el amor físico, y cuyos deseos de maternidad se ven truncados con el problema de su esposo. Este problema, que hoy en día probablemente se enfocaría de modo muy distinto, en la época que lo escribió Lawrence, era insalvable. El divorcio hubiera estado muy mal visto,  y la adopción ni se contemplaba. 

A pesar de que Lawrence envuelve toda la narración en un celofán filosófico-ideológico, (en mi opinión, excesivo y a veces aburrido) el tema era realmente explosivo en su momento. Y no solo por el sexo explícito, ya que no era el primero ni sería el último que lo hiciera, sino, y a mi entender lo más importante, por el brutal choque que supone que una mujer de la aristocracia copule con un hombre de la más baja extracción social: un ex minero, un guardabosques. Para la Inglaterra de la época, este hecho era mucho más grave que el mostrar el acto sexual, físico.
Por decirlo con un símil: para un británico, la relación física entre dos clases sociales antagónicas era equivalente, a esa misma relación entre una mujer blanca y un hombre negro para un norteamericano. Y remarco: en ambos casos, se trata de una mujer de la clase privilegiada y un hombre de clase baja , y no al revés. Los hombres, tanto blancos como aristócratas, podían relacionarse sexualmente con mujeres de clases inferiores o con mujeres negras. Esto estaba socialmente tolerado, aunque moralmente no se aceptase, pero si se llevaba con discreción, se toleraba. Pero una mujer no podía, bajo ningún concepto, relacionarse físicamente con alguien de distinto nivel social.
En esta segunda versión hay unas variaciones respecto a la tercera, como Gómez Montoro destaca en su postfacio: el personaje del guardabosques, que aquí se llama Oliver Parkin (en vez de Oliver Mellors),  es un ex minero, huraño, hastiado de la sociedad y abandonado por su esposa, que prefiere la vida en la naturaleza, lejos de la sociedad, una vida independiente y libre. Pero es un personaje mucho más bajo socialmente y vulgar, que habla una especie de jerga, a diferencia del Oliver Mellors de la siguiente versión, que es un ex oficial del ejército colonial y que supone un origen social superior.


Otra diferencia destacable en esta versión: hay más acción que en la anterior, donde se teoriza demasiado, probablemente tratando de justificar la acción. No es que en esta no se teorice, que también, pero hay más acción directa, y la naturaleza interviene como un personaje más, impregnándolo todo de un bucolismo sensual. Los enfrentamientos de clase están a flor de piel, vibrantes. La decadencia de la aristocracia y la emergencia de las clases bajas es patente y continuamente aludida. El personaje de la enfermera, asimismo, pasa de ser una mujer malvada y rencorosa a ser asimilada poco a poco a la clase con la que va a convivir. Su relación con Sir Clifford no se muestra como retorcida, sino paulatinamente amable. En cuanto al esposo, en esta versión Sir Clifford está más dominado por su deseo de poder y de levantar su propiedad que por perversiones y vicios. No le importa lo que haga su esposa, con tal de que no perjudique su posición y patrimonio, con tal de que siempre esté  allí, cumpliendo su papel de consorte.
En todo este juego de relaciones, se trasluce la propia vida y cosmovisión de Lawrence;  sus orígenes, la relación dispar entre sus padres y entre él mismo con Frieda; además, la idea que contantemente se deja caer en la narración,  la de un sueño bucólico, la vida en una granja aislada y lejos de la sociedad, cosa que Lawrence también intentó en Nuevo México.

La edición y traducción, impecables; los traductores han plasmado las expresiones dialectales en otras equivalentes en español, más o menos, y puestas en cursiva. Queda así destacado el contraste entre los dos discursos, tema que era muy caro a los lectores británicos, que marcan mucho las diferencias de clase por las diferencias de dicción. Aún así, el texto sigue pleno de digresiones teórico-filosóficas que se hacen un poco repetitivas y quizás esas partes sean las que hayan soportado peor el paso del tiempo.  Las escenas de sexo, sin embargo, están totalmente integradas en la narración, siendo tiernas y en absoluto vulgares o agresivas, vistas desde una óptica actual.
En suma: es una buena idea mostrarnos esta obra en una versión que probablemente sea más cercana a la idea original del autor.


David Herbert Lawrence (Eastwood, Inglaterra,1885-Vence, Francia, 1930) fue un escritor británico. Cuarto hijo de un minero casi analfabeto y aficionado a la bebida, y de una  antigua maestra, amante de la cultura, la diferencia cultural entre sus padres fue un elemento clave en la psicología de Lawrence, quien sufrió en su niñez el enfrentamiento habitual entre sus progenitores.
Tras un tiempo trabajando en la mina, se graduó con beca en la Universidad de Nottingham en 1908, tres años más tarde publicó su primera novela, El pavo blanco. En 1912 apareció El merodeador, que causó un gran escándalo por la minuciosa descripción de escenas de sexo, aspecto que caracterizaría sus obras y que le supondría numerosos problemas con la censura y la moral de la época. Durante unos años se dedicó a la enseñanza en la escuela Davidson Road. En 1912 inició una relación sentimental con Frieda von Richtofen, casada con profesor E. Weekley y pariente del famoso piloto conocido como el Barón Rojo. Frieda abandonó a su esposo e hijos para convivir con el joven escritor en Bavaria y casarse después, en 1914. Residiendo aún en Inglaterra, Lawrence publicó El arco iris (1915), su primer libro en ser censurado por obscenidad sexual. Lawrence se trasladó a Taormina, Italia, lugar en donde escribió La niña perdida (1920), texto que vuelve a incidir en los vínculos amorosos entre personas de distinta índole social.  En la década de los veinte viajó por Australia, Asia, Estados Unidos y Europa. Asentado de nuevo en Italia, cerca de Florencia, escribió las distintas versiones de El amante de Lady Chatterley.  Lawrence falleció a causa de la tuberculosis en 1930 con 44 años.

Ariodante



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