11/12/13

NAVEGANDO A VAPOR POR EL CANTÁBRICO

EL VAPOR DE RUEDAS ISABEL II

LUIS DELGADO BAÑÓN

Ed. Noray, 2013


En esta nueva novela, volumen número veinticuatro de la Saga Marinera Española, el autor reproduce un cambio histórico en la navegación: el paso de la vela al vapor como propulsión principal de los buques. Un paso titubeante, lento y con altibajos, precedido de ciertos balbuceos, como habían sido los vapores de ruedas usados en los ríos. Pero de navegar en corrientes más o menos contenidas, como eran las fluviales, a navegar en mar abierto, el paso es gigantesco, y las consecuencias, enormes. La importancia de no depender de los vientos, inestables y cambiantes, o de las corrientes; de poder dirigir la embarcación en cercanía de la costa y con vientos contrarios, etc., es enorme: implicaba un giro copernicano en los usos, la planificación y los tiempos de la navegación. Se comenzó combinando ambos sistemas, vela y vapor, aunque adaptando la vela a las ruedas y las chimeneas, cambiando la tradicional forma de los buques por otra quizás menos airosa, pero mucho más eficaz. Luis Delgado nos cuenta con bastante claridad todos esos cambios por boca de sus personajes.

El marco político en el que se desarrolla la acción es el de la primera guerra carlista. 1833: muerto Fernando VII, su hermano, el infante D. Carlos, apoyado por un sector de la población y del Ejército, es declarado rey por sus seguidores. Al representar no solo una opción no legitimada, sino la continuación de una política absolutista, los sectores liberales, amparados tras la reina gobernadora Mª Cristina, presentan batalla, y consiguen el apoyo de Francia e Inglaterra. Los carlistas, que –afortunadamente– no poseen Armada, necesitan avituallarse militarmente desde el exterior,...por mar. Por consiguiente, el Gobierno y la propia regente Mª Cristina se hacen cargo de la urgente necesidad de movilizar a la Real Armada para proteger las costas, sobre todo la costa cantábrica en su sector vasco, así como la mediterránea desde la frontera pirenaica hasta Valencia. Así, comienza a moverse el engranaje del Ministerio de la Marina, y comienzan a fluir los fondos económicos para poner al día las carencias de la Real Armada, que sobrevivía bajo mínimos.

Y aquí comienza la narración: reaparece en escena Santiago Leñanza, que tras años de exilio en Portugal, es ahora amnistiado por la Reina Gobernadora y puede finalmente regresar con su esposa Leonor a Madrid, al palacete de Montefrío, donde se reúne con el resto de la familia, salvo su hijo Francisco (a la sazón, teniente de navío, en misión con la fragata Lealtad) y su sobrino Beto, (alférez de navío, navegando por aguas del Estrecho).

 Santiago es requerido por el ministro de Marina Vázquez de Figueroa, para   –junto a un escogido grupo de especialistas– estudien la renovación de los buques existentes y la compra de nuevos, algunos de ellos, de vapor. En suma, que aprovechen la buena disposición del Gobierno y pongan al día la Armada. En las reuniones que Santiago va teniendo con el Ministro y el equipo colaborador, vamos conociendo los detalles del nuevo sistema de navegación, sus ventajas y las novedades respecto al sistema de vela. El primer buque a vapor que ha cruzado el Atlántico es el vapor de ruedas Royal William, construido en 1831, en Quebec y a la sazón en manos portuguesas, pero finalizando sus plazos de uso.  Pues bien, ese es el vapor que la Armada va a adquirir, y de cuyo proceso de alquiler con opción a compra y puesta al día ha de ocuparse Santiago Leñanza. Una vez resuelto el tema, y haciendo falta un oficial español, ya que la tripulación es británica en su conjunto, propone a su hijo Francisco. Así, Francisco, cuarto Leñanza de la saga, formará parte de la oficialidad del primer vapor de ruedas, antes Royal William y ahora Isabel II. Comandado por MacDougall y con el comodoro Frederick Henry a bordo, se lanzan hacia aguas cantábricas, con la emoción de la novedad y los ánimos bien altos. Meses más tarde irán a parar a Inglaterra, por necesidades de reparación, con lo que Francisco tiene ocasión de visitar Londres por una temporada.

La acción, pues, va a alternar dos narradores: uno es Francisco, que nos va informando de sus actividades navales (misión de vigilancia y control del tráfico de armamento con destino a las fuerzas carlistas vascas) y del proceso de la guerra, mientras el otro es su padre, Santiago, que permanece en Madrid, donde se suceden una serie de desgracias y en la familia se crea un desagradable clima de tensión, agobio y tristeza. Un peligro insospechado amenaza de pronto con acabar la felicidad familiar, y los tiene en un ay hasta el final de la novela.  Hay apresamientos, batalla, temporal, …en fin, todo aquello que puede aliñarse con sabor marino.
Volumen muy interesante por las novedades navales que presenta y al mismo tiempo muy impactante en su parte novelesca, puesto que se desarrolla con gran tensión, intriga y emoción a raudales. La edición incluye mapa de la zona, planos del barco y varias ilustraciones.

Ariodante


8/12/13

MUJERES CREADORAS

LAS OLVIDADAS
Una historia de mujeres creadoras



ANGELES CASO

Planeta booket, 2011


Es este un interesante ensayo de divulgación histórica. No sólo por su tema central, a saber, el rescate para el gran público de mujeres que a lo largo del tiempo han realizado una labor de creación artística, musical, literaria o erudita; mujeres que han caído en el más absoluto de los olvidos o cuya labor creadora ha sido vilipendiada, ocultada y su vida calumniada. No sólo eso, digo, sino que la autora muestra el contexto histórico en el que esas mujeres han realizado su obra, y la actitud que los destacados religiosos, filósofos, literatos, etc. del momento ante el hecho de la creación femenina. Añade un capítulo sobre las mujeres visionarias, el fenómeno del misticismo femenino, donde Teresa de Jesús destaca con luz propia.
Es, por tanto, un repaso de la historia desde el medioevo hasta los siglos XVII-XVIII, y a la vez un ensayo sobre las relaciones hombre-mujer a través del tiempo. Es en el medioevo donde la Iglesia detenta el poder sobre la cultura y es, por tanto, en gran parte responsable de la mirada masculina y patriarcal. Y es en el siglo XVIII, siglo llamado de las luces, donde cambia radicalmente la perspectiva, con el auge de los salones filosófico-literarios, conducidos principalmente por señoras (costumbre que comenzó a finales del XVII, como muy bien cita la autora) que además de fomentar la cultura a veces ellas mismas eran protagonistas. Mme. de Lafayette, Mme. de Sevigne, Mme.de Staël y otras son ejemplos de ello. El salto al siglo XIX, donde el movimiento romántico y los movimientos sociales feministas tienen su surgimiento y vida propia, merece ser tratado aparte.

Así pues, son ocho los capítulos que recorren diversas etapas históricas, y variopintas manifestaciones culturales: literarias, artísticas, musicales, además de las religioso-místicas. En cada capítulo van surgiendo nombres de mujeres que destacaron por sus textos literarios o religiosos, sus composiciones musicales, sus pinturas. Punto común de todas estas mujeres es que, por norma general, no eran aceptadas socialmente; eran miradas con verdadero odio por parte de sus «colegas» masculinos. Y no solo por ellos: de hecho, encontraban entre las propias mujeres un obstáculo a veces más cruel y obstinado. Muchas eran las que criticaban y calumniaban a sus congéneres por atreverse a lo que ellas no eran capaces de afrontar. Sin embargo, en cada época de las recorridas, las condiciones concretas van evolucionando, a la par que la sociedad que las engloba, por lo que encontraremos que algunas mujeres consiguieron triunfar o al menos, salir adelante a pesar de las dificultades.

Angeles Caso plantea repetidamente su argumento, que podría resumirse en que las mujeres (aquellas que podrían tener acceso a la cultura por su nivel social) han sido relegadas a la ignorancia más supina para estar mejor sometidas al mundo masculino. La vida pública cultural estaba reservada a los hombres, y por tanto una mujer que realizase una labor tal, aunque sea publicar un libro, y lo hiciese desde una reclusión monacal, era considerada sospechosa de prostitución, brujería o herejía. Dos eran los caminos permitidos en la vida de una mujer: el matrimonio y el convento. Ni se contemplaba una soltería libre para ellas. Sometidas, pues, a Dios o al marido (o al padre o a los hermanos, según el caso), vivían siempre bajo el control masculino. Así, las pocas que se atrevían a desafiarlo eran tratadas de modo inmisericorde. Muchas acababan por renunciar, otras se recluían en conventos para seguir su trabajo, y otras ...sufrían y sobrevivían como podían, para luego perderse en el pozo profundo del olvido.

Algunas se destacan por una cierta aceptación, como la longeva pintora Sofonisba Anguissola, que fue dama de honor de la reina Isabel de Valois, en la corte de Felipe II, pero si recibía emolumentos no era por su trabajo como pintora (aunque esa era realmente su ocupación) sino por ser dama de la corte. Recibir un sueldo por pintar, para una dama noble, suponía una humillación y una rebaja de su estatus social. Pero pintora lo fue hasta los noventa años, en que murió.
Brilla sobre todas las demás Artemisia Gentileschi, por su talento como artista, viviendo de su trabajo, y por su talante como persona y como mujer que la hizo dirigir la trayectoria de su vida. Del mismo modo como excepcional fue Luisa Roldán, la Roldana, probablemente la primera escultora de cámara. Y la polifacética escritora y viajera británica Aphra Behn, que además practicó el activismo político, el espionaje, y llevó una vida bastante libre en la Inglaterra de la Restauración.

Hay que aclarar que estas mujeres que realizan una obra de creación pertenecen en su casi total mayoría a la nobleza o al clero, que son las únicas con acceso a un cierto grado cultural. Impensable que una lavandera, una labradora o una tendera tuvieran este problema -tenían otros-, puesto que las posibilidades de que supieran leer y escribir o tuvieran acceso a algún nivel cultural eran cero…al igual que los hombres de su misma clase social. A ese nivel, las mujeres de clases inferiores, si bien también estaban sometidas a sus esposos o a sus amos, eran capaces de desarrollar muchas labores al mismo nivel que los hombres, en la agricultura, en el comercio, etc. labores que no necesitasen de una instrucción intelectual. Solo en el caso de las pintoras o escultoras, actividades manuales y por tanto contempladas como artesanales, cabe encontrar procedencias no aristocráticas.

Todos estos casos que se citan en el libro pueden parecer descabellados, pero así era la realidad cotidiana en Europa, o más bien, así ha sido la realidad hasta el siglo XIX, en que la mujer como persona portadora de derechos empezó a levantar cabeza. Por eso al estudiar la historia del arte y la literatura nos cuesta trabajo encontrar algún nombre femenino en los listados de autores, pintores o músicos. La propuesta de Virginia Woolf acerca de disponer de un espacio propio, la «habitación propia» no tuvo posibilidades de realizarse hasta muy avanzado el siglo XIX. De ahí la pertinencia de este ensayo, que además de ser muy elocuente sobre este tema, nos brinda la oportunidad de conocer los nombres y las vidas (o lo que sabemos de ellas) de una serie de mujeres cuyo empeño en aportar su granito de arena a la cultura merece ser recordado. La parte referida a las mujeres artistas es la que me parece más lograda, o al menos, la que me ha resultado más atrayente, mientras que otros capítulos, como el de las visionarias, me han parecido algo lentos y repetitivos. Sin embargo, en su conjunto, el libro es altamente atractivo y sugerente, proporcionando un acúmulo de información y de datos históricos relevantes sobre este tema.

Ángeles Caso (Gijón,1959) es escritora y periodista española. Tras cursar estudios de Historia del Arte, comenzó su carrera periodística en TVE Asturias, para pasar en 1985 a presentar los informativos nacionales de TVE, consiguiendo una importante popularidad que se reflejó en su programa La tarde. En 1994 decide centrarse en su carrera literaria, que había iniciado en 1988 con Asturias desde la noche, tras ser finalista del Premio Planeta con El peso de las sombras, aunque sigue colaborando con distintos medios de comunicación de manera puntual, como con TVE o la Cadena Ser. Un largo silencio supuso su siguiente gran éxito al conseguir el Premio Fernando Lara de novela en el 2000. En 2009 alcanzó el galardón mejor dotado en español al conseguir el Planeta de Novela por su obra Contra el viento.

Ariodante

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