23/8/13

UN INFORME PROBLEMÁTICO

EL INFORME DE BRODECK
PHILIPPE CLAUDEL
Salamandra, 2008

Tremenda narración esta. Claudel pone un espejo delante el alma histórica europea, si es que podemos hablar de ello. O más bien, lo pone delante del alma humana. Especialista en almas (Almas grises, Ed. Salamandra, 2005), el escritor francés abre la caja de los truenos, muestra crudísimamente el interior del alma humana  y trata de reproducirla  a pecho descubierto. «La muchedumbre en sí es un monstruo…Detrás de las sonrisas, las risas, las músicas y los eslóganes hay sangre que se calienta, sangre que se agita, sangre que gira y enloquece al verse revuelta y removida en su propio torbellino.» Lo que se nos cuenta es esa vieja historia de la maldad humana, la maldad que anida en el interior de las gentes que aparentemente son honradas, cumplidoras y trabajadoras. Pero ¡ay!, «en cuanto surge un peligro y la integridad y la supervivencia del grupo está en juego, no dudan en sacrificar a quienes no son de los suyos» como bien afirma el capitán Adolf Buller en la novela.

Claudel no salva a nadie –quizás a Emélia, a Fedorine…y a la pequeña e inocente Poupchette. Pero el propio Brodeck es capaz de comportarse como un animal cuando la supervivencia está en juego, aunque luego le abrume. Todos tienen un rincón oculto del que mejor no informarse. Sin embargo, Brodeck ha sido requerido para escribir un informa sobre «lo ocurrido»…y lo que ocurre es que hay un linchamiento, un asesinato en grupo, asesinato de un inocente, de alguien al que lo único que puede achacársele es su silencio y el hecho de ser un extranjero, un «Anderer», un Otro. Es esa «otredad» lo que no soportan las gentes de este pueblo sin nombre, que Claudel se cuida muy mucho de localizar en parte alguna, aunque podría estar en la frontera checa, austriaca o suiza.

 «Quienes llegaban a nuestro pueblo, armados, protegidos con cascos y enardecidos por sus aplastantes victorias sobre todos los ejércitos que se habían cruzado en su camino, eran mucho más parecidos a los habitantes de nuestra región que la mayoría de la población de nuestro propio país.–cuenta Brodeck, y, más adelante:– […] Los soldados hablaban una lengua tan parecida a la nuestra que bastaba un pequeño esfuerzo para entenderla y emplearla. Teníamos en común leyendas, canciones, poetas, refranes, formas de aderezar la carne y preparar las sopas, […] En el fondo, las fronteras no son más que trazos de lápiz sobre el mapa. Dividen mundos, pero no los separan. A veces, se olvidan con la misma rapidez con que se trazaron.»

En el informe requerido cuenta cómo llegó al pueblo ese hombre diferente, sin nombre, «el Otro», que apenas habla, que observa, escribe o dibuja. El silencio… «Se teme a quien calla. A quien no dice nada. A quien mira y no habla. ¿Cómo saber qué piensa quien permanece mudo?» El miedo al diferente, al que puede revelar y mostrar la estulticia generalizada, hace que la masa reaccione de modo agresivo  y ataque al que «no es de los nuestros», no es como ellos. En ningún momento Claudel escribe la palabra «nazi» ni la palabra «judío», que no son necesarias porque el lector lo advierte inmediatamente. Pero es que el escritor francés no desea, entiendo, más que ilustrar un sentimiento, una reacción general de la naturaleza humana, no solo de los nazis o los judíos. Es una carga de profundidad la que lanza en aguas de apariencia tranquila.
Así, Brodeck va alternando la narración de recuerdos de su infancia, de su juventud universitaria truncada, del surgimiento del horror, el retorno al pueblo, acompañado de su amada Emélia, recuerdos del campo de concentración al que es enviado por sus amables conciudadanos…los días metido como ganado en un vagón, terribles imágenes  se agolpan ante sus ojos, sensaciones humillantes, odiosas, todo emergiendo del recuerdo profundamente guardado. Todo ello lo alterna con el informe oficial, en el que ha de contar escuetamente cómo suceden las cosas. Cómo la Hermandad del Despertar, grupo de ciudadanos eméritos que se arrogan el poder de decidir sobre la vida de los demás, toman dramáticas decisiones y luego desean borrar cualquier huella o pista de lo sucedido. Y a pesar de recibir ese encargo, Brodeck nota que su informe no es deseado. De hecho, él mismo no es persona grata a los ojos de sus conciudadanos. Porque él también es diferente, es un extraño, alguien que no ha nacido en el pueblo, que viene de lejos, que hablaba otra lengua, alguien «cuya piel, ojos y pelo son más oscuros, cuyo pasado es borroso y cuya historia es trágica, errante y secular».
Novela que ganó el Goncourt des Lycéens 2007, continúa mostrando un altísimo nivel literario y humano. Impactante y emotiva, resulta difícil dejar de leer de un tirón, y después el lector queda inmerso en ese mundo que nos ha mostrado, profundamente tocado por la lectura.

Ariodante



19/8/13

THE SEARCHERS

CENTAUROS DEL DESIERTO
(The Searchers/Los Buscadores)
ALAN LE MAY
Ed. Valdemar, 2013

Magnífica novela que cumple perfectamente con el título de la colección. Es una novela fronteriza, toda la acción es un movimiento continuo traspasando fronteras, en esos años en los que el Oeste norteamericano aún no había definido sus territorios y se hallaba en continua lucha contra indios hostiles, además de luchar entre sí: la guerra civil y las luchas entre clanes ganaderos o agrícolas, las luchas contra los forajidos, etc. La vida en la frontera, como la vida de los pioneros americanos, era una constante lucha de supervivencia, contra los elementos, la aridez del paisaje, las alimañas, y todo lo anteriormente citado.

En la época en que LeMay sitúa la novela, el gobierno de Washington defendía una política de paz con los indios, tratando de llegar a acuerdos con ellos, y evitando intervenir  en represalias cuando partidas de indios atacaban a los colonos, al margen de toda ley o acuerdo con los blancos. Las consecuencias de esta «política de paz» fueron obvias: los colonos de esta parte de la frontera hicieron resurgir a los Rangers,  que tras la guerra civil se habían disuelto. Los Rangers eran una suerte de milicia popular, de larga tradición en los nacientes estados americanos. Pero no solo los Rangers defendían a los colonos frente a las incursiones indias: los propios colonos estaban acostumbrados a estar armados y a defenderse por sí mismos (actitud que pervive en un país de distancias inmensas entre unas poblaciones y otras).

Volviendo a la novela, conviene destacar que fue llevada al cine magistralmente por John Ford, que mantuvo el título original, The Searchers, (Los buscadores). Ford fue el director que mejor supo captar el espíritu pionero americano; la difusión de esta película ha sido enorme, con lo que en España conocemos más la historia por el filme más que por la novela. Ford sigue bastante de cerca el texto de LeMay, pero inevitablemente lo impregna de su toque personal, lo cual hace que introduzca una serie de cambios que le dan otro sesgo, un matiz algo diferente. En suma, es aconsejable leer la novela, se haya visto la película o no. Porque son dos cosas distintas.

En la novela el protagonismo paulatinamente pasa de Amos (Ethan, en el filme, protagonizado por John Wayne) a Martin (en el filme es Jeffrey Hunter quien lo protagoniza, convertido por Ford en mestizo). Martin comienza en la novela como un joven torpe e inexperto, pero con una idea fija: recuperar a Lucy y a Debbie, raptadas por los comanches, los restos de lo que podría parecer su familia. Fue adoptado por la familia Edwards tras sucumbir la suya propia en una masacre de los comanches. Amos es el tío de las chicas, un personaje solitario y duro que siempre acaba por volver a casa de su hermano Henry Edwards…y de Martha, su cuñada.
La novela comienza cuando ambos, Amos y Martin se encuentran en una partida buscando a unos ladrones de ganado, mientras la granja de los Edwards es atacada, masacrada la familia y raptadas las dos niñas por una partida de comanches liderada por el jefe Cicatriz. A partir de ahí tiene lugar la larga travesía de los buscadores.

La búsqueda en sí, en realidad, es la protagonista de la novela. Esa búsqueda continua, implacable, obsesiva, que Amos y Martin mantienen durante años hasta conseguir su objetivo. Viajan solos, vagan por amplísimas zonas  a veces desérticas o de climas agrestes y duros, entran en México, donde pasan varios años buscando, aprenden español, comanche y el lenguaje de signos, fingiendo ser comerciantes para poder ir de un sitio a otro mientras tratan de averiguar pistas de una joven cautiva blanca, la única que, tras descubrir el cadáver de Lucy, puede seguir viva. Siguen adelante con esta esperanza y a la vez rumian la idea de la venganza, idea latente en Martin pero explícita en Amos.
Durante el largo vagabundeo han de sufrir hambre y sed, frío y calor, soledad y aislamiento, así como persecuciones no solo por parte de los indios, sino también de los blancos. Martin y Amos continuarán, con breves momentos de descanso en la granja de sus vecinos y amigos, los Mathison, donde la joven Laurie espera y desespera el regreso de Martin, del que está enamorada.

Pero no solo seguirá el lector las andanzas de los dos protagonistas, sino que en esta búsqueda conocerá muchas cosas de la vida de los indios, de las diversas tribus, sobre todo, de los comanches, cuyas costumbres y lenguaje se ven obligados a aprender los buscadores, para seguir las pistas que le llevarán a su objetivo. Y cuando realmente lo encuentran,  ya no es exactamente lo mismo: Debbie, la niña de diez años, ya es una jovencita, una mujer india, una squaw, que viste, habla y piensa como comanche…y que considera a sus parientes como «blancos asesinos».
A pesar de ser ficción, la historia podría ser real. Es una parte de la historia norteamericana. La dura lucha de los viajeros errabundos, personalizada aquí en Amos y Martin, de raíces casi olvidadas e inexistentes, unidos a sus monturas y a la hierba de las praderas, que es su hogar durante años. Excelente novela, dura y terrible; y excelente edición y traducción. Altamente recomendable.

Ariodante




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