23/3/13

EN LA FRONTERA


UN TRONAR DE TAMBORES
Y  OTRAS HISTORIAS DE LA CABALLERÍA AMERICANA
JAMES WARNER BELLAH
Trad. Lorenzo Díaz
 Ed. Valdemar, 2012

Los amantes del western, y más concretamente, de la caballería americana, tienen en este libro una magnífica obra, centrada la atención en  la  caballería de la frontera, esa especie de centauros del desierto, como se tradujo al español el título de la famosa película de John Ford, The Searchers. El gran cineasta americano de origen irlandés no es ajeno a esta obra, puesto que los cinco relatos previos al más largo y que da título al libro, constituyeron la base para su trilogía de películas sobre la caballería: La legión invencible, Fort Apache y Rio Grande. De hecho, primero Ford compró los derechos del relato Masacre, y luego contrató a Bellah como guionista, pasando a sumarse al equipo fordiano, compuesto por otros importantes guionistas como Haycox, Halleran, etc. Tanto el trabajo de estos guionistas como las pinturas de Frederic Remington, Charles Russell y  Charles Schreyvogel, fueron las fuentes que, unidas a las memorias de Elizabeth Custer y el explorador Gatewood inspiraron la filmografía de Ford sobre la caballería. Todo esto lo comenta muy bien Alfredo Lara en un texto de introducción al libro.  En esa introducción, además de situarnos al autor y su mundo, Lara nos habla de esta relación entre Bellah y John Ford, principalmente unidos en su admiración por el pequeño mundo que constituyen los acuartelamientos, y sobre todo, los fuertes de la frontera, que eran comunidades muy cerradas en sí mismas, verdaderos universos con propia vida interior.

El mundo de J.W. Bellah (1899-1976) está compuesto de relatos coloristas y cargados de reflexiones, descripciones psicológicas y ambientales, entrelazadas con la narración que a veces deviene brutal, dura, como el mundo que describe. En Bellah no encontramos las canciones, los bailes y las escenas tiernas o humorísticas que entreveran las películas de Ford. Bellah puede ser terriblemente dramático, como lo era la vida de la frontera, no coloreada y dulzona como a veces la presentan, y no me refiero precisamente a Ford, que tampoco ahorra dramatismos, pero al menos el cineasta sabe muy bien combinar las situaciones más fuertes con momentos de humor y entrañables historias de amor, de lealtad y amistad, que es lo que hace al cine de Ford tan universal.
Los cinco relatos cortos que incluye el libro son: Comando, Masacre, Misión inexistente, La gran cacería y Partida de guerra. Los personajes de estos relatos tienen como eje común el imaginario Fort Starke, que funciona como un hito legendario, dando pie a una épica, la épica de la caballería. Estos personajes protagonizan en mayor o menor medida los cinco relatos, entrando y saliendo, cambiando su graduación, como medida del tiempo pasado y las hazañas vividas. Las fechas de la acción se podrían situar, como cita Lara en su introducción, entre 1867 y 1885. Misiones de patrulla, batallas,  vida cuartelaría en la frontera, paisajes polvorientos y sol inclemente.

El sexto, Un tronar de tambores, relato más largo que da título al libro, consiste en el guión novelado por el propio Bellah  para la película homónima de Joseph M. Newman, que en España se llamó Fort Comanche. Es este un gran relato, tenso, de gran hondura psicológica, donde la soledad del militar al mando del puesto fronterizo es absoluta. Una patrulla trae noticia de movimientos de indios en los alrededores, lo que crea una situación de tensión en el fuerte y los pobladores civiles que acoge. Una joven dama del Este llega –para casarse- a un puesto fronterizo, en este caso es Fort Canby, comandado por el maduro capitán Maddocks,  e inmediatamente se desata una pugna entre dos tenientes, el prometido de la dama y el antiguo novio, que casualmente está destinado allí, pero esto solo es una parte del drama. Se destacan patrullas para inspeccionar el terreno,  y ahí surgen los problemas. La lucha entre la estrategia india y la estrategia del hombre blanco, ese medirse las fuerzas y calcular las posibilidades, al mismo tiempo que luchar contra la dureza del terreno, la inclemencia del clima y la inmensa soledad y responsabilidad de los actos humanos. La crudeza con que Bellah trata los hechos, las descripciones de los métodos indios para acabar con sus enemigos, la terrible tensión que se crea entre los soldados y el mando, siempre responsable de sus vidas y con ese peso sobre sus hombros, confieren al relato un dramatismo y una atracción enormes.
Libro absolutamente recomendable no solo a los amantes del género, sino a cualquier lector que desee vivir por unas horas cabalgando por los espacios abiertos del Lejano Oeste norteamericano.

Ariodante




20/3/13

RELOJES


EL RELOJERO DE REAL

BEL CARRASCO

Ediciones Atlantis, 2012

Estamos ante una opera prima, pero no ante una primeriza en el manejo del lenguaje. Bel Carrasco es veterana periodista y domina perfectamente el arte de juntar palabras, si bien hasta ahora esta es su primera novela, aunque ya había probado antes la ficción con algunos relatos. Novela  difícil de clasificar, cosa que precisamente le da un carácter más personal a la obra. Hay en ella una intriga, sí, pero no la llamaría novela de intriga. Está ambientada en el año 1929, pero no es histórica: nada hay apenas que nos sitúe en ese año en concreto, ya que podría ser cualquier otro de esa década. Casi podríamos pensar en ella como un cuento largo, por la estructura de la narración. Concentrada la acción en un pequeño pueblo valenciano, y la mirada puesta en dos personajes centrales: el relojero, Abel Pino, y el cura, Lorenzo Santacruz, ambos en la madurez de unas vidas solitarias. Esa soledad elegida es un punto que les une y hace surgir una fuerte amistad entre los dos, entre un creyente y un descreído.
 Tenemos, pues, una historia que habla de amistad, que habla de un pueblito de principios del siglo XX en la Valencia rural. Entrañables descripciones de montañas, riachuelos, paseos con olor a pino y a romero. La vida cotidiana y campestre de humanos y animales, el sabor de la tierra y sus frutos, todo armoniosamente dispuesto. Y en ese mundo cerrado, van surgiendo, como pinceladas añadidas aquí y allá por el pintor al revisar su obra, una serie de hechos inquietantes.  De entrada, se nos narra un luctuoso y terrible asesinato, ocurrido muchos años atrás en ese mismo pueblo. Esa historia sobrevuela la narración, en la que periódicamente van apareciendo restos humanos (mano, pie, oreja…) como si de un Twin Peaks valenciano se tratara.
Drama rural, intriga, drama personal tanto el de Abel como el de Lorenzo, que ni uno ni otro se rigen por estereotipos, sino que más bien son dos personajes fronterizos, limítrofes, que no encajan dentro de los parámetros habituales: ni el cura es lo que se podría esperar de un cura rural, reaccionario y devoto, ni el relojero es trigo limpio, sino que tiene un pasado que decide inconscientemente olvidar. Además, hay dos mujeres, tampoco dibujadas con el perfil habitual: Gertru, una huérfana medio salvaje y medio bruja, acogida en casa de Abel y que le sirve como asistenta, y Cristín, otra huérfana pero  elegante y educada, a la que rodea un misterio que solo se desvelará al final. Todos los ingredientes para una historia casi de David Lynch: un mundo doméstico y rural, aburrido en su cotidianeidad y rutina, donde de pronto surgen verdaderas chispas que están a punto de generar más de un incendio. Incendios físicos e incendios morales. Donde lo surrealista asoma por detrás de la cortina.

La narración discurre lineal, el lenguaje trata de acercarse al habitual en esa época, buscando términos en desuso, recetas campestres, costumbres ya olvidadas. No hay referencias a sucesos fuera del pueblo, salvo alguna que otra a Valencia, la capital. Pero ni por asomo sabemos nada de lo que ocurre en el resto del país, ni del mundo. Ni el crack  económico del 29, ni las tensiones previas a la República,…nada de eso interfiere. La autora prefiere correr un tupido velo y concentrar su mirada en ese pequeño microcosmos que entrelaza sus relaciones, por otra parte universales: amor, odio, envidia, venganza, ambición, pasiones connaturales al alma humana y que en el ambiente agreste y silvestre del paisaje rural parecen desatarse con más libertad. Por encima de todas ellas, la amistad y el amor, amor físico, carnal, deseo y pasión contenidos que estallan  a lo largo del relato. El otro aspecto que recorre toda la obra es el humorístico. La mirada, entre socarrona y divertida de la autora, impregna como una constante, dando el tono general de la narración. Todos estos ingredientes componen un potaje sabroso, nutritivo, que deja un buen sabor de boca, un guiso de cazador, unas gachas de pastor. Huele a monte a lo largo de toda la narración. Y tiene un final de cuento, por eso al principio sugerí que podría pensarse en un cuento largo, más que una novela.

Quizá si la autora hubiera optado por una narración más realista o más dramática, echaríamos en falta algunos datos del contexto, o pensaríamos que las relaciones de estos cuatro personajes (Abel, Lorenzo, Gertru y Crsitín) son absolutamente atípicas e inverosímiles en un pueblito de la España del primer tercio del siglo XX. Que una joven conviva con un hombre sin ser siquiera parientes, sería impensable en 1929, ni siquiera en una ciudad, y menos en una aldea, por poner un ejemplo. Pero la autora ha creado un clima en su historia que nos hace saltar por encima de esos detalles y fijarnos en lo principal, en lo que ella quiere destacar: los lazos de la amistad, el amor a la naturaleza y el amor entre un hombre y una mujer. Por eso el final es de cuento, porque en el fondo lo es: un cuento adulto que nos atrapa, mantiene el interés y nos hace leerlo de un tirón.

Bel Carrasco (Valencia, 1952) es Ingeniero t. Agrícola y licenciada en Ciencias de la Información. Ha trabajado en varios periódicos de Madrid y Barcelona y después en diferentes medios valencianos, en temas de cultura. Apasionada de la literatura, de la naturaleza y los animales.


Ariodante


17/3/13

EL GRAN AMOR DE CARLOS V


LA EMPERATRIZ  
 ALFREDO ALVAR
La esfera de los libros, 2012

Nos encontramos ante un libro muy particular. Escrito por un historiador, Alfredo Alvar Ezquerra, no es un tratado de historia; tampoco es propiamente una biografía de Isabel de Portugal, emperatriz por su matrimonio con Carlos V; no es, de ningún modo, una novelación de la vida de la primera y única esposa del monarca. Pues, entonces, ¿qué es? Es un ensayo biográfico, desde luego, pero en realidad, aunque el título y toda la obra gire alrededor de la figura de Isabel, trata tanto de ella como del emperador, de la vida española de la época, de los usos y costumbres, en fin, es un compendio de la época; un mural hecho de múltiples piezas como un enorme rompecabezas, con gran prolijidad de datos. Y en cierto modo, presentado así, con las piezas por colocar, al menos, en parte.
Alfredo Alvar ha buceado en archivos y bibliotecas, llevando a cabo una investigación sistemática: estudia toda la documentación personal de la vida política de Isabel: cartas, (sobre todo la prolija correspondencia entre Isabel y Carlos) testamentos, codicilos, informes, capitulaciones, tasación de sus bienes, pagos a proveedores, y demás escritos; en fin, todo tipo de documentos a los que ha accedido con sus propias manos: tocado, olido y sopesado. Porque Alvar prefiere ese contacto más cálido con la Historia: apreciar los trazos de la letra de un personaje histórico, las dudas en la escritura, las rúbricas, tachaduras o anotaciones al margen en un documento. Respirar el paso del tiempo a través de un manuscrito, no mirando una pantalla donde está escaneado. Sin desestimar la facilidad de encontrar documentos en la red, de sitios a los que sería muy difícil acceder, prefiere llegar a ellos en persona.
Por otra parte, Alvar ha compuesto el libro pensando en el lector común, no el académico. El tono es, pues,  informal, irregular; para él ha sido un experimento en el estilo ―según afirma en diversas entrevistas―, sin notas a pie de página, sin aparato crítico, pero dando su opinión, haciendo comentarios ―irónicos, a veces, emotivos, incluso humorísticos― y avanzando hipótesis, presentando los hechos para que hablen por sí mismos. Sin embargo, y a pesar de todo, no puede evitar que el historiador asome y nos lanza una cantidad de cifras, fechas, detalles que ralentizan la lectura y al lector común pueden abrumarle. Al final del texto, ampliará con un apartado de notas sobre cada capítulo, aportando una serie de referencias, procedencias y fuentes.
Son siete capítulos cronológicamente organizados: al comienzo de cada uno, el autor introduce un breve texto modo literario, para sumergir al lector, para atraerle y hacerle entrar mejor al tema. Alvar expone, principalmente, hechos: y muchos, a veces incluso se hace un poco agotador conocer los listados de proveedores y los precios de cada una de las provisiones; o los listados de pedigüeños, nobles que piden mercedes, solicitan prebendas, traslados, etc., y otros listados semejantes. Quiere con ello llevarnos a que saquemos nuestras propias conclusiones, aunque luego él mismo las destaque. Y de vez en cuando hace un comentario de tú a tú, al lector. Una comparación con la actualidad, o una ironía, un comentario jocoso o admirativo. Y avanza sus hipótesis sobre unos y otros aspectos.
¿Cuáles son, pues, las ideas que Alvar destaca? El amor y la cordial relación entre Isabel y Carlos, lo primero. Porque no era lo normal, en un casamiento regio, ni siquiera en uno nobiliario: los casamientos reales eran cuestiones de Estado, y podían casar a un niño con una dama madura o viceversa. Podían odiarse o despreciarse pero tenían que cumplir y  engendrar herederos. Y sin embargo, Isabel y Carlos caen rendidos de amor nada más verse. Y les dura toda la vida. Una vida dura, la de un gobernante imperial que dominaba media Europa, y una reina que también gobierna en ausencia del real esposo, ausencias continuas. De once años de casados, casi la mitad los pasan separados, si bien en constante comunicación, dentro de lo que permitían las circunstancias.  Por eso nos deja admirados ese amor, que se desprende de las cartas, de los comentarios en otros documentos, y de los hechos: las horas que pasaban en el lecho en su luna de miel granadina, por ejemplo, los comentarios personales de algunas de sus cartas, al final de la información política. El documento donde se narra la muerte de la reina comenta que el emperador, dolido y trastornado, no se quería separar del cadáver, abrazado a ella, que le tuvieron que separar a la fuerza. Quedó hundido moralmente tras su muerte, de la que nunca se repuso y no volvió a desposarse.

Carlos V e Isabel de Portugal, por Tiziano
Otra idea que destaca: la gestión del poder de la reina consorte Isabel, la sensata política que consolidará la Casa de Austria, españolizando poco a poco el aparato del Estado, en manos extranjeras  al acceder al poder el Emperador, que ni siquiera sabía español ni había nacido en España.  La homónima nieta de Isabel la Católica (Carlos e Isabel eran primos) gobierna el reino en tres ocasiones, mientras su regio esposo desplaza tropas y séquito, firma tratados, libra batallas, convoca Dietas, discute con el Papa y recorre Italia, Francia, Alemania, Flandes... Ayudada, desde luego,  por diversos consejeros y unas Instrucciones y Restricciones que su esposo le deja, paulatinamente la reina va dominando la situación, aprendiendo a llevar las riendas y necesitando cada vez menos consejeros…porque lo hace muy bien,  lo cual el propio Carlos resalta en cartas y documentos públicos. Y mientras tanto, pariendo hijos, (y viéndolos morir, en varias ocasiones) y redactando testamentos, porque cada parto era una posibilidad de morir para una mujer, (reina o plebeya) como de hecho le ocurrió en su quinto alumbramiento.

Tras llevarnos en un recorrido por la vida de la reina y de su reino, su niñez y juventud, el encuentro con el esposo, boda y feliz luna de miel granadina, los partos, la sentida ausencia del emperador, el comienzo como gobernadora, los problemas con que se fue enfrentando y solucionando, la constante preocupación por la política internacional del imperio, las sugerencias y peticiones que hace a su esposo, los informes de su gobierno, la última etapa, cayendo en la melancolía por las prolongadas ausencias del esposo,… todo ello nos traza un paisaje con figura especial.
Aunque el último capítulo está, según el autor, dedicado a las lectoras, puede interesar también a los lectores, desde luego: detalles como los libros de la emperatriz (es la biblioteca de una mujer recatada, nos dice Alvar); la ropa que se confeccionaba y cómo la reutilizaba; las joyas que usaba y lo que le habían costado; detalles de los partos, las sucesivas muertes de sus hijos y las enfermedades de los que vivieron; cómo se servía la mesa, cuántos platos, quien la asistía, etc. lo cual lleva a la vida cotidiana ―nobiliaria, claro― de la época moderna. El apartado referente a las pinturas y retratos de la reina y la familia real, es interesantísimo por sus jugosos comentarios. Quizás para el lector no demasiado habituado al ensayo histórico le abrume un poco alguna sección del libro, aquellas en la que muestra datos (con superabundancia de números ¡y fechas!) de cédulas, cartas, documentos, de modo harto extenso y detallado. Pero creo que se ve compensado por el modo como en general transmite las ideas básicas que señala a lo largo del texto.


Ariodante

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