14/2/13

MANKELL EN SOLEDAD


PROFUNDIDADES
HENNING MANKELL
Ed, Tusquets/ Fabula


En esta novela, Mankell abandona por un tiempo al comisario y se adentra en un mundo más perturbador: cercano al más oscuro y tenebroso de Conrad, un poco más al norte. La búsqueda  interior, la desolación, la blanca inmensidad del Báltico y la inmensa soledad del protagonista, obsesionado con las mediciones de los espacios, de las distancias, de las profundidades marinas, obsesionado con la muerte, atrapado en un aislamiento emocional  que le destroza su matrimonio y destroza a todo aquel que intente sobrepasar esas distancias que continuamente mide entre él y el mundo circundante.
Ciertamente con un eco conradiano, pero a su vez con la marca indeleble del mundo nórdico, de las blancas soledades desérticas, del frío en el alma, de la interminable noche invernal. El protagonista, un oficial de la marina sueca experto en mediciones submarinas, es enviado a una misión en el Báltico, para localizar nuevas rutas seguras entre los archipiélagos, ante la posibilidad de que la guerra recién comenzada en Europa –estamos en 1914- afectase a Suecia, por el momento neutral. Ya por el comportamiento peculiar del capitán Lars Tobiasson-Svartman percibimos un halo perturbador e inquietante que le envuelve. Su obsesión por cambiarse el apellido, su necesidad de aislamiento, su absoluta incomunicación con su esposa, Kristina, su manifiesta repugnancia hacia la suciedad, la enfermedad, su terror a la muerte, y al mismo tiempo su atracción  inconsciente por todo aquello que le agobia; todo esto ya nos describe un carácter inseguro, débil, carente de identidad. Sin saber por qué, mientras con su esposa mantiene una relación fría y distante, se siente atraído irremisiblemente por una solitaria mujer, sucia y andrajosa, pero fuerte y valiente, que vive asilvestrada y aislada en un islote perdido en el mar.  Esa atracción le lleva a cambiar su vida en función de volver a verla, llegando a cometer delitos, acciones reprobables, en fin, pasando por encima de todo con tal de conseguir su objetivo. El que ambas tengan una hija de él, y que ambas lleven el mismo nombre tampoco es casualidad.  Pero ¿Cuál es su objetivo, realmente? Porque parece que vuelva a reproducir su vida, la vida que abandona, al convivir con esta mujer, Sara, que le atrae como una sirena, directamente hacia el abismo, ese abismo insondable cuya profundidad no consigue medir.
La novela es muy dura, es una inmensa parábola sobre el hombre actual, que ha perdido pie frente al papel tradicional, ante el cambio producido en las mujeres, ha perdido los papeles frente al mundo, agobiado por la fuerza del elemento femenino, que asienta firmemente sus raíces en la tierra, la Mujer  a quien desea pero teme, porque es más fuerte que él, y sus ataduras le aterrorizan: es una imagen del hombre desarraigado,  que reacciona violentamente contra todo aquello que le aterroriza, y lo que más le asusta, finalmente es él mismo, por lo que toda su trayectoria es una huida, una escapada hacia delante, pero el enemigo está dentro y no puede con él hasta que realmente lo reconoce y lo enfrenta.
La mujer es presentada como una fuerza de la naturaleza: Kristina, una desconocida en realidad, de la que no puede imaginar sus pensamientos ni lo que puede hacer en su ausencia,  pero que reacciona como una gata para recuperar a su hombre. Y Sara, es casi un animal, forma parte de la naturaleza, en simbiosis con la isla en la que vive como un ánade o una serpiente. Pero tanto una como otra saben lo que quieren y luchan por ello. Lars, el protagonista masculino no lo sabe: está absolutamente perdido. 
El tema de la novela es la búsqueda de la identidad, la contraposición de verdad y mentira, la afirmación del hombre solo, libre, pero a la vez acosado por un mundo que le exige que se defina, que mida la realidad: el leit motiv de toda la narración es la medición constante: su plomada, con la que duerme abrazado por las noches, su continua marca de distancias, reales o imaginarias, que acaba por confundirle realidad con ficción.
Su tono es calculadamente gélido, como el invierno báltico, hasta el punto de que al leerlo se siente un cierto malestar, una necesidad de arroparse o de acercarse al fuego.  Frases cortas, lanzadas como plomadas, capítulos cortos, que van creando un distanciamiento entre el lector y lo que se nos narra. Cada vez nos alejamos más del protagonista, cada vez nos sentimos como las dos mujeres entre las que oscila como un péndulo, sin cesar de acercarse y alejarse, sin solución de continuidad. La acción es lenta, salvo en algunos momentos en los que se precipita el horror.     
Las imágenes que me sugiere su lectura me remiten a aquellas viejas películas de Bergman, -suegro del autor- concretamente, La vergüenza (1968), donde la desolación imprecisa, el clima de  guerra, una guerra abstracta, dolosa pero incierta, esa atmósfera es la que en cierto modo me resuena como un eco.  También algunas imágenes de Edvard Munch, el pintor noruego cuya obra más conocida es El grito, pero que tiene otras de un asfixiante ambiente, un pintor que trata el tema de la muerte y el dolor, la soledad y la tristeza, y que podría recordarnos algunos momentos de la lectura.
Se lee casi de un tirón, y aunque deja un regusto amargo, considero que es una buena novela, de factura simple y concisa, que nos lleva de la mano hasta el final, un final que intuimos poco a poco pero no acabamos de creer hasta que lo leemos.
Henning Mankell (Estocolmo, 1948), escritor y dramaturgo sueco, especializado en novela negra y creador del personaje del inspector Wallander, reparte su vida entre Suecia y Mozambique, donde es director del Teatro Nacional; está casado con la hija del cineasta Ingmar Bergman; recibió en 1992 el premio Glassnokkelen para novela negra nórdica, y  en 2006 el premio español Pepe Carvalho.

Ariodante

10/2/13

TESEO, REY DE ATENAS


EL REY DEBE MORIR 

EL TORO DEl MAR

La vida de Teseo, rey de Atenas
MARY RENAULT
Edhasa


Mary Renault (Londres, 1905-Ciudad de El Cabo, 1983)  era hija de médico, en una familia acomodada. Estudió Lengua y Literatura en Oxford. En 1928 comenzó a estudiar enfermería en Radclifffe, donde conoció a la que sería la compañera de su vida, Julie Mullard.  Mary trabajó como enfermera en la II Guerra Mundial durante tres años. En esos tres años escribió su primera novela, Promise of Love. Las tres siguientes fueron escritas mientras servía en el cuerpo de enfermeras británico durante la Segunda Guerra Mundial. Después del conflicto, Mary y Julie, rechazadas por las convenciones sociales, se marcharon a vivir a Sudáfrica a mediados de los años cuarenta, y recorrieron África y Grecia. Fue durante este tiempo cuando Mary empezó a escribir sus brillantes reconstrucciones históricas de la Grecia antigua: El rey debe morir, El último vino, Juegos funerarios, Alejandro Magno, Teseo, rey de Atenas y El muchacho persa, entre otras. Murió en Sudáfrica a la edad de 79 años.

See full size imageNo es su obra la de una investigadora ni historiadora que nos abrume de datos. Es la de una imaginadora de historias, la de una mujer que amó Grecia profundamente y soñó con sus paisajes, con sus gentes y con sus mitos. No hay, por tanto, que mirar demasiado si todos los datos coinciden o si faltan o sobran. Nos cuenta una leyenda donde los dioses insuflan su hálito en los hombres, y donde los héroes son demasiado humanos, aunque sientan dentro de sí al dios al que oran. Y las pasiones que sienten podríamos sentirlas cualquiera de nosotros si tuviéramos la sensibilidad o viviéramos la situación adecuada. Porque el deseo de vivir, de triunfar, de poseer, de amar, y el temor a la muerte y al castigo divino, el sentimiento de culpa o la ira, son sentimientos muy comunes, aunque las explicaciones dadas sean diferentes según la época. En los mitos, que son narraciones sobre dioses y héroes, se nos transmiten, a través de generaciones y de forma oral, las primitivas ideas de una cultura, las explicaciones de lo inexplicable, por medio de simbolismos con forma humana o animal. Hay muchas y muy variadas versiones de los diferentes temas míticos, y cuando se han ido plasmando en su forma escrita se han fijado y se han transmitido ya así.

El rey debe morir y El toro del mar nos cuentan entre ambas la leyenda mítica de Teseo, el gran rey de Atenas. Fueron escritas en la década de los cuarenta, años en los que Mary Renault recorrió Grecia. Ante la diversidad de interpretaciones, Renault opta por una narración historicista, dando explicaciones bastante realistas a la narración, aunque dejando algunas partes brumosas, tratadas de modo más poético, presentando el misterio de los dioses, a los que introduce en el corazón de los hombres. No nos abruma con demasiados tecnicismos históricos, sino que nos sumerge en el mundo mítico, relacionando esta leyenda con las otras, y hace que Teseo hable con Edipo, luche contra Creonte, cite a Jasón, se enfrente a Medea, y ame a la reina amazona Hipólita (a la que en otras versiones se la llama Antíope). Asistimos a una especie de pugna entre la vieja religión matriarcal y el patriarcado; entre la ley de la Diosa, tradición de los Pueblos del Mar o Pelasgos,  y la de los Dioses Olímpicos, de los helenos. Los reyes personifican ese poder patriarcal, pero las sacerdotisas siguen realizando el culto a la Madre Tierra, la madre fecunda. Pero si hay algo que se mantiene vivo en unos y otros, y es la idea de Anagké o la Necesidad, ante cuyos dictados obedecen incluso los dioses y su cumplimiento es inevitable. Lo personifican las Moiras o las Erinias, femeninas todas ellas. Según Parménides, el propio ser está rodeado de unos vínculos de cuerda de la poderosa Anagké. Es como una red, como un abrazo letal. Nadie dudaba en Grecia de esa red que cubría a todos, incluso los que dudaban de los dioses. Los olímpicos sabían que la ley de Cronos no había sido derogada ni lo sería jamás.

Teseo es un personaje puente, diría yo, entre una y otra tradición. Respeta el antiguo culto pero instaura el nuevo; ama a todas las mujeres, pero se mantiene en su lugar como rey; su fidelidad impregna sus relaciones de amistad; tiene una especial relación con el que considera su otro padre, Poseidón, y por tanto, con el mar. Y su atracción por el mar le lleva a Creta, y a realizar diversas expediciones, terrestres pero sobre todo marinas, junto a su gran amigo Pirítoos, rey de los lapitas, con el que, desde que se conocen, le une una profunda amistad. Es un héroe amable, atractivo, cuya vida  equilibra  lo dramático y lo gozoso: la vida y la muerte.
La autora escribe ambos libros en primera persona, es Teseo quien nos cuenta su vida, sus sueños, sus oraciones y los mensajes que recibe de los dioses. Miramos a los demás personajes con sus ojos, con lo que no llegan a destacar demasiado. La única a la que es descrita más detalladamente es Hipólita, que es su amor más profundo. El amor de Ariadna es una pasión juvenil, olvidada relativamente pronto. El amor de la amazona nunca consigue olvidarlo y con Fedra no hay pasión, simplemente una relación formal con vistas a conseguir un heredero legítimo. Los personajes secundarios apenas si están esbozados, salvo en la etapa de Creta, cuando forman un equipo de danzarines.

En El rey debe morir se narra la infancia y juventud de Teseo, en Trecén, junto a su madre, Etra, sacerdotisa de la Diosa Madre, y su abuelo, el rey Piteo. Llegado el momento le es revelado su origen secreto. Entonces Teseo se dirige a Atenas para presentarse ante su padre, el rey Egeo. Pero ha de pasar por Eleusis, donde rige la ley matriarcal, el culto a la Diosa, donde cada año el rey debe morir a manos de un nuevo rey-zángano, mientras la reina gobierna. Teseo cumple los ritos del país y mata al rey, desposando a la reina. Pero aquella colmena no es de su agrado, y finalmente consigue cambiar las tornas y hacerse con el poder, deshaciéndose de la pérfida reina. Y una vez dominado el país, se dirige a Atenas, para darse a conocer a su padre. Pero se presentan las negras naves cretenses buscando el tributo de jóvenes para el Rey Minos, para las danzas del toro. Aunque Egeo se opone, Teseo se presenta voluntario. Y parten, por el vinoso mar.

A partir de aquí, se nos cuentan sus aventuras en la corte de Knosos, y la autora reinterpreta el mito del Minotauro y del laberinto de un modo absolutamente realista. Los cautivos son educados como danzarines del toro, y así sobreviven. Minos, el rey, vive escondido en sus aposentos: Renault nos da una curiosa interpretación sobre su ocultamiento. También nos ofrece una peculiar resolución del tema del Minotauro: el bastardo de Minos, el bestial Asterión, que espera, entre intrigas, que muera el rey para sustituirle. Sucede el apasionado encuentro entre Ariadna y Teseo (por medio de un hilo, efectivamente), ocultos a los ojos del resto del palacio. Mata al rey (el rey debe morir) y al Minotauro, y finalmente un cataclismo -Poseidón enfurecido- destruye Knossos y permite la huida de Teseo y los cautivos. Ariadna, que les acompaña para desposarse con Teseo, finalmente es abandonada en Naxos, tras unas celebraciones dionisíacas, en las que Ariadna sucumbe a los terribles ritos de las ménades y Teseo teme por su futuro. Al llegar a Atenas, se cumple el destino tejido por las Moiras o divinas hilanderas: Egeo espera una vela blanca y la que llega es negra. Sin comprobar su error, muere en el mar que llevará su nombre: el rey debe morir para que el nuevo rey reine. 
 
En este punto es donde comienza El toro del mar. Teseo comienza su reinado ateniense llevando a cabo una serie de hazañas, como la de la captura del toro cretense, y reformas políticas y religiosas. Unifica Eleusis y Atenas, cambia los ritos religiosos, amplía a Megara su área de influencia política. Legisla y se ocupa de sus reinos. En uno de sus viajes a Kolonos encuentra a Edipo, que muere ante sus ojos compungidos. En otra expedición guerrera se lanza contra Tebas, donde, después de sus luchas fratricidas, el tirano Creonte ostenta el poder. Lucha después contra los escitas que sitian Atenas, venciéndoles, aunque pagando un precio altísimo.
De vez en cuando necesita escapar –aún es joven- y lanzarse a las aventuras, para lo que encuentra un compañero ideal: Pirítoos, hijo del rey de los lapitas, aficionado a la piratería y a las expediciones guerreras. Con él va a su reino, y conoce a los centauros, presentados como pequeños jinetes peludos de piernas arqueadas y aspecto asilvestrado.

Viajan ambos por el Ponto Euxino, en busca de la Cólquide, que ya había sido visitada por Jasón y los Argonautas. En esta expedición se enfrentan a las Amazonas y  Teseo, que es un mujeriego recalcitrante, cae prendado de amor por su reina, Hipólita, a la que vence en singular combate y la lleva consigo a Atenas, viviendo con ella un tiempo y de la que nace su hijo Hipólito. Tras la muerte de Hipólita, trae a Atenas su esposa legal, Fedra, hija menor de Minos, y a su hijo Akamas, después que su hijo Hipólito decide consagrarse a Artemisa y Esculapio y mantenerse virgen. La pasión letal de Fedra por Hipólito acaba dramáticamente. Teseo, ya maduro, va soportando la decadencia y las desgracias. Desaparecidos Fedra e Hipólito, Teseo, desesperado, vuelve al mar. Y vaga por el líquido elemento hasta que se siente enfermo y  pasa unos años en dique seco, en una isla cercana a Creta. Recuperado, intenta volver a Atenas pero todo ha cambiado, él ya es un viejo y las cosas no son como antes. Recala en Skyros, y el rey Licomedes le hospeda. Allí finalmente es donde Teseo se arroja, como su padre, en brazos de Poseidón para descansar en su seno. Su destino se cumple, y la cuerda de su vida cierra el nudo.


Ariodante.


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