7/9/12

BUSCANDO A B. TRAVEN



B. TRAVEN. RETRATO DE UN ANÓNIMO CÉLEBRE

Historia y dibujos: GOLO (GUY NADEAU)

Ed. Sexto Piso, 2012


En El barco de la muerte, el autor cuya biografía desarrolla este comic, escribió: «¿Dónde está mi patria? Allí donde nadie me moleste, donde nadie quiera saber quién soy, lo que hago o de dónde vengo».
B. Traven murió en ciudad de México el 26 de marzo de 1969, quizá a los ochenta y siete años, y sus cenizas, como había pedido, fueron esparcidas sobre el río Jataté en la selva de Chiapas. Esto es, al parecer, lo único seguro que sabemos de este oscuro personaje. Con esa inicial y ese apellido firmó una gran parte de de sus libros, de los que se llevan vendidos más de 35 millones de ejemplares en 36 lenguas. El Tesoro de Sierra Madre, que dio origen a la famosa película de Huston, era la lectura favorita de Einstein, según afirmó el ilustre científico. De hecho, es a raíz de la película de Huston como muchos hemos tenido noticia de la existencia de este hombre cuyo nombre se sospecha que no es el que dice ser. La leyenda brota, y los buscadores de misterios se disparan.
Barry Gifford, en un interesante artículo sobre este misterioso autor, dice: «El hombre llamado B. Traven declaró una y otra vez que lo único que importa de veras es la obra, no el autor, conclusión con la que tiendo a estar de acuerdo. Como señala el estudioso de Traven, Michael Baumann, en realidad no se sabe nada sobre Shakespeare ni sobre Homero, pero la obra de ambos es objeto de reverencia y estudio infinitos. No, no importa quién fuera B. Traven. Lo que importa —me importa a mí, por lo menos— es por qué.» Efectivamente, lo que importa es la obra de un autor. Pero los humanos somos un tarro lleno de deseos de saber, y cuanto más misteriosa o más oculta se halle la vida de alguien, más parece atraernos la investigación acerca de ella. B. Traven es todo un reto para la curiosidad del lector de sus libros, puesto que la personalidad que nos llega a través de ellos está plena de interés.
En opinión de Gifford, los libros firmados como Traven (o Ret Marut, Torvsan, Croves, no tenía seguridad sobre sus orígenes) fueron escritos por el mismo autor ―un exiliado alemán asentado en México―, traducidos del alemán original al inglés por él mismo para probar al público un  supuesto origen anglosajón. Bernard Smith, editor de la casa Alfred A. Knopf, que publicó El barco de la muerte ―nos cuenta Gifford―, reconoció haber sometido esta novela a una profunda revisión para hacer aceptable su inglés, que era  deleznable, al parecer. Gifford había conocido a Rosa Elena Luján, la viuda de Traven, buscando un libro descatalogado de su marido.  En 2004 contactó con su hija, Malú Montes, la cual le contó que su padrastro utilizaba el nombre Hal Croves en público y para firmar sus guiones, con el propósito de separar esos trabajos de sus novelas, muchas de ellas escritas en alemán. Malú le enseñó las máquinas de escribir de Traven, de las cuales una vieja Underwood portátil era la que utilizaba en la selva de Chiapas. En familia le llamaban Skipper (¡por si le faltaran nombres!) También Gifford visitó «el puente», como llamaban al estudio donde Traven escribía, su biblioteca personal. Había algunos libros en alemán, aunque casi todos en inglés: Conrad, Conan Doyle, Wells, además de algunos títulos de Mencken y libros sobre el oro y la minería.
El comic utiliza como tema las distintas etapas de la supuesta vida del personaje partiendo de lo único seguro: su muerte;  los recuerdos de las personas que le pudieron conocer, las mujeres que lo amaron o que amó… Luego comienza la historia: los años de Alemania cuando  firmaba como Ret Marut, la crisis de entreguerras, la revolución de los espartaquistas (esto es para ambientar, imagino, puesto que en esas páginas no figura rastro del personaje); la huida de Alemania, representado como una sombra, hasta conseguir un barco donde resulta más prisionero que si le hubieran metido en la cárcel: trabaja de carbonero y vive situaciones dramáticas y angustiosas, reproducidas en su novela La nave de los muertos. La detención en Inglaterra, la estancia en la cárcel de Brixton, donde aprovecha para seguir escribiendo, el paso a Estados Unidos, y finalmente, México, desde donde envía sus manuscritos que van publicándose en América y en Europa. Todo un acúmulo de experiencias dramáticas y a veces terroríficas: cambios continuos de nombre, la casa en medio de la jungla, la vida en los trópicos y entre los indios lancandones,…la relación con Diego Rivera y otros personajes de la cultura mexicana, el contacto con el cine haciéndose pasar por otro al conocer a Huston,…  Esperanza López Mateos, con la que mantiene una fuerte unión hasta la muerte de ella;  su casamiento en 1957  con Rosa Elena Luján, su traductora, con la que forma una familia. Y por último, volvemos al principio: la muerte.
Respecto a los dibujos, el estilo de Golo es de trazo tosco y fuertes contrastes,  a una tinta en las páginas de la etapa europea, intercalando páginas enteras con  dibujos de una página entera a todo color, de carácter onírico, muy inspirado en Otto Dix o George Grosz, con homenajes a las pinturas populares aztecas y mayas, a modo de sueños que darán al escritor trasfondo para las narraciones, y finalmente introduciendo el color en todas páginas de la estancia mexicana. Los textos se entresacan de las propias obras de Traven, en general, con breves enlaces de situación. Al final hay referencias bibliográficas: un listado de estudios sobre Traven, y una bibliografía en castellano y en otros idiomas. En suma, una obra atractiva con un tema interesante y novelesco.
Guy Nadeau, Golo nació en Bayona, Francia, en 1948. Su trabajo más reciente se adhiere a la nueva ola del cómic de no ficción. De hecho, actualmente vive en El Cairo donde prepara un reportaje ilustrado sobre las revueltas en Egipto.




Publicado en: http://www.la2revelacion.com/?p=3417

4/9/12

MARIPOSEANDO


EL COLECCIONISTA

JOHN FOWLES

Traducción de Andrés Barba
Ed. Sexto piso, 2012



Nos encontramos ante una novela que en su momento, 1964, representó todo un shock, y cuando fue llevada al cine al año siguiente ni más ni menos que por William Wyler, el impacto llegó a ser enorme, si bien ni es la primera ni la única en su momento. Escrita en los años sesenta, debemos enmarcarla junto a otras obras literarias ―casi todas ellas llevadas a la pantalla grande― en la misma línea: El sirviente (1963), novela de Robin Maugham, La naranja mecánica (1962), de Anthony Burgess, Extraños en un tren (1950), thriller psicológico de Patricia Highsmith; Psicosis (1959), de Robert Bloch, Sábado por la noche y domingo por la mañana (1959) de Allan Sillitoe, autor citado por Miranda, así como El guardián entre el centeno (1951), de J.D. Salinger. Todos ellos tratan problemas similares, la lucha por el poder y el ascenso de las clases medias, (cuyo poder adquisitivo les hace subir un escalón social, pero sin elevar el nivel cultural), la represión sexual en la sociedad del baby-boom (explosión demográfica de las dos décadas posteriores a la última guerra) los problemas juveniles que no encontraban su sitio en la sociedad de la guerra fría, etc.

La novela, que pertenece al tipo thriller psicológico, representa un tour de force entre dos personajes: Frederick y Miranda. Símbolos, a su vez, de dos clases en litigio. El autor divide el texto en dos partes: el punto de vista de Frederick  y el de Miranda, hombre/mujer, débil/ fuerte,  bajo/alto nivel cultural, cordura/locura, en suma, un explosivo conjunto de factores que resultan en una tensión letal.
Frederick es un joven psicótico, introvertido, de carácter débil, de clase social media-baja y con pocos recursos culturales, de físico no especialmente agraciado, en fin: alguien que podría calificarse como una medianía. Colecciona mariposas, le gusta pescar, y vive una vida solitaria, no se relaciona con mujeres (ni con hombres). Está obsesionado con una muchacha a la que sigue, vigila y desea en secreto durante años, hasta que llega un momento en que puede lanzar su red. Miranda, objeto del amor platónico y obsesivo de Frederick,  pertenece a un nivel social alto, es muy guapa, culta, interesada en el arte, los movimientos pacifistas y humanitarios; a su vez está enamorada de un pintor que podría ser su padre, pero no acaba de decidirse. Plena de alegría de vivir y de ilusiones, estudia en una escuela de arte en Londres, hasta el fatal encuentro con Frederick.

La parte primera y el epílogo final, consiste en la narración de Frederick, su versión de los hechos. La suerte le depara una cantidad importante de dinero, envía a Australia a su tía y prima (con las que ha vivido hasta el momento), y abandona su oscuro trabajo de oficinista en el ayuntamiento de un pueblo del sur de Inglaterra. Ahora puede hacer realidad su sueño. Y ¿en qué consiste este sueño? Tener a Miranda. Poseerla, pero no en el sentido sexual, (triunfa la represión) sino que necesita tenerla como un objeto más de su colección. Una delicada mariposa viva, bellísima y frágil, pero reclusa. Y efectivamente, Frederick planea minuciosamente el secuestro y la mantiene oculta en un sótano de una casa perdida en la campiña inglesa, acondicionada para tal fin. Se establece entre ambos una tensa relación que va oscilando, desde la reacción violenta, pasando por un tanteo de posiciones, a todo tipo de intentos de huida incluyendo la seducción. Hay momentos de fortísimo dramatismo. 

Miranda no acaba de comprender qué quiere de ella ese Calibán, como le llama en su diario, parafraseando a Shakespeare en La Tempestad. No en balde el autor ha elegido el nombre de Miranda. Frederick no es monstruoso, como Calibán, ni esclavo ―salvo de su pasión― sino que es él quien esclaviza a su objeto de deseo.  Miranda no entiende ese deseo que no es físico, incluso hay un cierto repudio: Fred solo quiere mirar, saberla allí, saberla propia, poseer un objeto precioso que vive, respira, y que, en teoría, debería corresponderle amorosamente. Pero ella no es una muñeca sino una persona real, física, inteligente, que no soporta la falta de libertad y sobre todo, no soporta la ausencia de una razón que explique las cosas.
Miranda y Calibán… ¿Dónde estará Próspero? En realidad Fred juega a ser Próspero, incluso se auto nombra como Ferdinando; sin embargo, las reglas del juego van cambiando porque no ha contado con la voluntad de su oponente. La narración desarrolla, pues, toda una serie de situaciones claustrofóbicas, que  mantienen en vilo  al lector hasta el último momento.

La segunda parte muestra el mundo interior de Miranda, su historia personal, en la que se refugia tras el aislamiento y forzada reclusión, así como la versión opuesta a la mirada de Fred. La mirada aterrorizada de Miranda, ante alguien que no se rige por las mismas normas que ella, incluso probablemente ni siquiera tenga normas. La contraposición razón/sinrazón, cordura /locura crean un clímax de difícil solución.
La edición que nos presenta Sexto Piso con traducción de A. Barba es correcta y atractiva.
John Fowles ( Leigh-on-sea, 1926-Dorset, 2005) escritor inglés, ejerció la docencia en países como Francia o Grecia gracias a su formación como lingüista antes de poder dedicarse por completo a la escritura gracias al éxito de su primera novela, El Coleccionista (1963). Varias de sus obras fueron llevadas al cine, como El mago y también La mujer del teniente francés. En cuanto al ensayo, habría que destacar Aristos, obra de carácter personal y filosófico.




Publicada en http://www.elplacerdelalectura.com/2012/08/el-coleccionista-john-fowles.html

3/9/12

ANDRÓMEDA Y EL MAR

ANDRÓMEDA
del Poemario La Tristeza de Orfeo (1986) de Fernando de Villena



El mar te iba ofreciendo guirnaldas de jazmines
argentinas bandejas de violetas
y rosas de oro breve.

Te envidiaba la tarde.
Entre cisnes fugaces, nadadora la luna
aprendía alabastros en tu fiebre de estatua.
Por rielar en tus ojos se adentraba la noche.


No podían las horas -animal del profundo-
devorar tus latidos.
Yo que tuve en mis manos el poder de Medusa,
piedra soy a tu vista.

Fernando de Villena

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