30/7/11

CON FORCELLINO POR EL RENACIMIENTO

1545. LOS ÚLTIMOS DÍAS DEL RENACIMIENTO.
ANTONIO  FORCELLINO
Alianza Ed., 2011

El presente trabajo es un ensayo sobre una época de cambio: el final de un tiempo y el principio de otro: el Renacimiento da paso al Barroco, a la Modernidad. El escritor, restaurador y ensayista experto en el Renacimiento Antonio Forcellino, (Vietri sul Mare, 1955),  gran conocedor del tema, nos lleva de la mano en un recorrido por los grandes artistas y sus obras, tomando como base el año 1545, y saltando algunos años atrás y algunos años hacia adelante. 
Asimismo, nos traza un panorama  para situarnos en el plano político y religioso del momento, para luego centrarse en el artístico. Pero en esa época, los tres aspectos citados están tan interrelacionados que es casi imposible tratar uno sin tocar el otro. El emperador Carlos V y el Papado, con sus sucesivos pontífices, mantienen una tensa relación; tensa por el tema de los dominios territoriales, las prebendas y los beneficios (rentas concedidas a particulares por sus méritos o, generalmente, por pertenecer a la familia dominante). Y por otra parte, la corrupción vaticana ha alcanzado tal volumen, que desborda los límites de Italia y salpica a Europa, lo que entre otras cosas, produce la temida reacción: Lutero y la Reforma. Contra ello, la Iglesia como organización institucional se revuelve y se produce la Contrarreforma, tras el Concilio de Trento. Todo este proceso, las luchas y polémicas que contiene dura años, y constituye el marco  del libro.
Los primeros capítulos del libro son dedicados a enmarcar la época y explayarse sobre los manejos del aparato ecclesial (cardenales y papas) así como las intervenciones imperiales; y desde el punto de vista del arte, nos cuenta el viaje de Tiziano a Roma, desde Venecia, que era su ciudad natal y ámbito de trabajo. Tiziano ya ha hecho un magnífico retrato de Carlos V, lo que le ha dado un inmenso empuje y fama; el papa Pablo III Farnese lo reclama en Roma. Y allá encontramos a Tiziano, que trabajará mientras un septuagenario pero aún vigoroso Miguel Ángel sigue pintando y esculpiendo, en otras salas vaticanas, así como continúa la construcción del complejo vaticano de San Pedro en manos de Sangallo y Vasari también comienza a moverse en el entorno.

Tiziano realiza a toda prisa un magnífico retrato de un envejecido Pablo III. El capítulo que Forcellino dedica a la realización técnica del cuadro es impagable. No sólo estudia al detalle la composición, las posibles dudas del artista, las decisiones finales, las razones de introducir a los dos nietos del papa (Alessandro y Ottavio), marcando por sus posiciones el papel que cumple cada uno en relación con el abuelo papal, y su posible futuro. No sólo eso, sino que estudia la manera de pintarlo, la imprimación, los colores, el grado de espesor, el por qué encontramos la obra inconclusa cuando en su momento  se consideró como terminada. Todo esto, que hasta un lego en arte puede atraer por la manera en que nos lo cuenta, a un estudioso o interesado en arte le producirá un verdadero placer. Porque Forcellino sabe muy bien de qué está hablando cuando escribe de arte, y de historia del arte. Y cita distintas interpretaciones y las razones por las cuales defiende una opinión diferente a las clásicas.

De Tiziano pasa a analizar las últimas obras de Miguel Ángel, el viejo artista que en la etapa final de su vida se escoró hacia ideas reformistas, agrupándose con los Espirituales de Vittoria Colonna, lo que, según Forcellino, determinó la dirección de sus últimas obras y el espíritu que las domina. El análisis que Forcellino nos expone de la obra del florentino en la capilla paulina, La conversión de S. Pablo y La crucifixión de S. Pedro es completísimo y mantiene la tesis de que con aquellas obras el Renacimiento se acaba. El espíritu de libertad en la creación artística da paso al manierismo, que es una versión acomodaticia y propagandística de los valores religiosos que se pretenden publicitar tras el Concilio de Trento y la Contrarreforma.
En el último tercio del ensayo, Forcellino centra su mirada en un nuevo personaje: Vasari. Con la irrupción de este nombre en la historia del arte, se produce un giro, una inflexión: la relación del arte con los mecenas y clientes ha cambiado: el artista debía dejar de lado el proceso creativo interior y personal para pasar a cumplir el encargo del cliente: repetir la tradición anterior, comunicando a un público numeroso los valores que el cliente (generalmente, la Iglesia).La experiencia y la habilidad técnica es lo que hacían valioso el producto artístico.

Así, el principal valor del Renacimiento, según el autor, radicaba en la libertad concedida a los artistas. Miguel Ángel, Rafael, Leonardo, Tiziano crearon libremente sus obras, lo que constituyó su grandeza y su genialidad. Cito textualmente: “Mientras es el artista quien idea un programa iconográfico, la creatividad le empuja de un modo natural a mirar con ojos nuevos, pero cuando el que imagina es el comitente o un delegado suyo, la posibilidad ideativa (sic) se reduce y el arte se vuelve rígido(…), tanto si ocurre a “la maniera” devota de la Contrarreforma, como si responde a la retórica “clasicista” de la Restauración francesa o al “realismo socialista” de la Rusia soviética.” (pp.162-164). Esto me parece un análisis muy lúcido. A partir de entonces surge la figura del crítico, el “vigilante del arte”, y las polémicas se desarrollan no entre artistas, como anteriormente, sino entre estos “intelectuales” como Benedetto Varchi, Paolo Giovio y Vincenzo  Borghini, hombres cuya formación teórica era mayor que los artistas del momento. Y así como los grandes del Renacimiento copiaban sus figuras del natural, de modelos vivos, la siguiente hornada de artistas copiará del propio arte. Fenómeno por otra parte propio de épocas de transición y muy contemporáneo, ya que desde los ochenta y noventa del siglo pasado se ha estado utilizando la iconografía anterior como modelo o como base para crear nuevas obras, pastiches de clásicos, al margen de la calidad resultante.

En resumen, una obra excelente, que analiza una época de transición, remarcando lo esencial de cada generación artística, sus cualidades y sus características, además de darnos una visión general altamente atractiva y clarificadora, con amplia documentación  localizada en el capítulo de notas, y acompañada en esa edición por muchas ilustraciones, en blanco y negro y en color de las obras  que se citan en el texto.

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