6/3/10

CONFERENCIA EN VALENCIA

CONFERENCIA DE CLAUSURA DEL SIMPOSIO SOBRE NOVELA HISTÓRICA
CARLOS GARCÍA GUAL

Carlos García Gual
(Palma de Mallorca, 1943), es escritor, filólogo, crítico y traductor español, catedrático de filología griega de la Universidad Complutense de Madrid, y autor de una amplísima obra ensayística sobre novela histórica y sobre temas mitológicos.
La conferencia con la que clausuró el I Simposio sobre Novela Histórica en Valencia, trató, fundamentalmente, de analizar y elegir algunas de las novelas históricas del XIX y el XX, marcando las diferencias entre las características de estilo y temas de cada siglo, así como situar el origen de lo que se viene llamando novela histórica.
Propiamente, la primera novela histórica como la consideramos actualmente, sería la de Jean J. Barthelemy: Los viajes del joven Anacarsis (1790); pero prácticamente pasó desapercibida, y realmente, la primera suele ser considerada Los mártires del cristianismo de Chateaubriand, en 1809. Pero el verdadero publicitador del género fue sir Walter Scott, en 1815, aunque a Scott le gustaban más las brumas del medioevo que el mundo grecolatino. Sir E. Bulwer-Lytton disparó las ventas, si podemos hablar en estos términos, con su Ultimos días de Pompeya (1834), y la primera versión de Hipatia de Alejandría a cargo de Charles Kingsley en 1850. A partir de ahí, Salambó, Ben-Hur, Cleopatra, Thais, Quo Vadis? y otras muchas, que no vamos a citar aquí ya que en las publicaciones de García Gual se pueden encontrar.
El Romanticismo propició esa escapada literaria hacia el pasado, con unas características peculiares. La mayoría de los autores, empezando por el propio Chateaubriand, eran aristócratas y escribían para un selecto público que dominaba el latín y que había pasado por Oxford o cualquier otra prestigiosa universidad, que había viajado a Italia o a Grecia y visto sobre el terreno las ruinas romanas y griegas. ¿Qué les interesaba? Pues fundamentalmente el conflicto religioso de paganismo y cristianismo de la época romana, o las cruzadas en la Edad media, ya que al menos en Europa (Francia, y algo menos en Alemania) la polémica religiosa llevaba mucho tiempo en candelero. Los amores dramáticos con finales felices, la recreación de personajes clásicos, y en fin, las descripciones detalladísimas de los escenarios del pasado, ya que, en esa época no todos habían podido viajar y no tenían otros medios de imaginarse los templos grecolatinos o egipcios.
La narrativa histórica del siglo XX introduce bastantes cambios en este panorama. A partir de los años treinta, en que Robert Graves comienza a publicar, van apareciendo una serie de grandes autores que tratan el tema histórico y mitológico: Thornton Wilder, M. Yourcenar, M. Renault, A. Koestler y H. Fast, H. Broch, G. Vidal, Crhista Wolf, Gisbert Haefs...todos ellos conforman un paisaje literario en el que ya no importa tanto el tema del cristianismo primitivo, los mártires ni las controversias religiosas, aumentan los temas mitológicos, y los grandes personajes de la Antigüedad: Alejandro, César, Adriano; también cambia el modo de escribir: del único narrador en tercera persona omnipresente y externo, se pasa a la polifonía narrativa, a los distintos puntos de vista, a las mezclas de primera persona y distintos personajes; se introduce la gente corriente, la vida cotidiana, aquello que no nos cuenta la Historia: los autores ya no son aristócratas, y se dirigen a un público medio, que ya tiene unas bases educacionales medias, y que, sobre todo, está ilustrado por las imágenes del cine, con lo que aproximadamente tiene una idea –aunque a veces no muy fiel o falseada- de lo que se le va a contar, y sobre todo, hace innecesarias las largas descripciones del diecinueve sobre arquitectura o paisaje, sobre ropas o detalles que ya todos han visto en las películas. Y la idea de que la historia no sólo la hacen los grandes personajes, sino todos y cada uno la sufrimos (o la disfrutamos), somos todos partícipes, en mayor o menor grado, lo cual puede hacer que el lector se identifique más fácilmente con la lectura que se le presenta. El siglo XX hace mucho hincapié en la psicología de los personajes, sean reales o ficticios, imagina sus sueños, sus deseos, sus sufrimientos, sus reacciones ante la vida.
También otra característica se da en el siglo XX: se mezclan los géneros: dentro de un género histórico, la acción puede tener un mayor matiz de aventuras, o de investigación detectivesca o policíaca, como las historias de Conan Doyle (Sir Nigel o La Compañía Blanca) y también surgen las series, donde el personaje creado por un autor repite protagonismo, como en Bernard Cornwell, Scarrow, o la misma Lidsay Davies con su famoso detective Didio Falco.
García Gual señaló en este punto que en estas mezclas existe un riesgo, que es el de considerar el momento histórico sólo como un decorado donde se desarrolla la acción, las aventuras o la investigación policíaca, siendo éstas lo más importante, por lo que ya si apuramos un poco la definición, se desvirtúa la noción de novela histórica propiamente, ya que ésta, aunque desarrolle aventuras y acción, el tema histórico debe tener tanta importancia y estar al mismo nivel que la narración que se nos cuenta.
Entre el publico surgieron algunas preguntas, entre ellas, acerca de la frontera entre mitología e historia, haciéndose ver la necesidad de un buen estudio sobre la novela mitológica. Las perspectivas de la novela, mirando hacia el futuro, fue otra de las cuestiones planteadas: García Gual respondió asegurando que el futuro es el de la novela, cualquier clase de novela. Y la novela está asegurada, el público sigue reclamando historias, narraciones, novelas, y lo que puede ir variando son las técnicas y los temas. Siempre que se consiga ese equilibrio de calidad literaria que hace que una obra sea una buena obra, da igual al género en que la clasifiquemos.

Finalmente acabó el acto con un parlamento del representante de la Universidad informando de una segunda edición del simposio para el año próximo, y anunciando la convocatoria del premio Valentia de novela histórica, reto para muchos autores noveles o no, y que tendrán un año para presentar sus trabajos. Esperamos con verdadero interés los resultados, que imaginamos acabarán por crear un ambiente muy favorable hacia la novela histórica, cosa que los amantes del género y de la literatura apreciaremos con placer.

5/3/10

PRESENTACIÓN LITERARIA EN VALENCIA

PRESENTACIÓN DEL LIBRO
CINCO MIRADAS SOBRE LA NOVELA HISTÓRICA
P. Godoy/J.Negrete/A. Penadés/G. Haefs/C.García Gual
Ed. Evohé




Anoche tuvo lugar, en el marco laberíntico y monumental de origen gótico, del palacio de Malferit, sede del original Museo L’Iber, en Valencia, el acto de presentación del libro de la Editorial Evohé, Cinco Miradas sobre la novela histórica, una colección de artículos que reflexionan sobre un tema que está hoy constantemente en el candelero.
La Ciudad del Turia, en olor a pólvora, y plena efervescencia sonora, preparatoria de las fiestas falleras, celebra estos días en la Universidad el Simposio sobre la Novela Histórica, al que entre otros, asisten tres de los autores que rubrican el libro, el autor germano Gisbert Haefs y los hispanos Antonio Penadés, y Carlos García Gual. Anoche no pudimos disfrutar de la presencia de este último, pero sí de los dos primeros, Haefs y Penadés, que ese día participaban en las sesiones del Simposio. En la mesa de los conferenciantes presidía Alejandro Noguera, director y alma del Museo L’Iber, investigador histórico, traductor, lector empedernido y otras muchas cosas, pero sobre todo, amante de la Historia.
La sala se llenó de acalorado -por la amistad y la calefacción- público: amantes de la historia, autores como Isabel Barceló, Gabriel Castelló, Antonio Garrido, Santiago Posteguillo, Josep Asensi, participantes en el Simposio, asistentes a diversos talleres literarios, y amigos en general; y allí, bajo un inmenso tapiz sobre Alejandro Magno, y otras antiguas pinturas que cubren los viejos muros góticos del Museo, tuvo lugar el acto.
Alejando Noguera, como anfitrión, comenzó presentando a los dos autores, Haefs y Penadés, aunque por ser menos conocido entre el público se explayó con Haefs, hablando de su obra, la publicada en España y la publicada en Alemania, mucho más extensa. Haefs es un autor versátil, y con un peculiar sentido del humor, que no sólo se ocupa de novela histórica, sino también de novela policíaca, y en general, de acción. Penadés, por su parte, ha publicado la novela histórica El hombre de Esparta, y ahora tiene en preparación su segunda obra, esta vez un ensayo sobre Heródoto.
Presentados ambos, interviniendo los tres alternativamente, se aludió al editor e inspirador del libro, Javier Baonza, bajo cuyos auspicios surgió este proyecto, enmarcado en una editorial emergente, Evohé, con grandes aspiraciones y un futuro muy prometedor; asimismo, se comentaron los distintos artículos que componen el libro, resumiendo las ideas más importantes que se barajan en él: la polémica relación entre historiadores y literatos, la difícil línea de demarcación entre novela e historia, entre tecnicismo y disfrute estético, entre investigación y evasión, en su sentido lúdico.

También se trató de la sobreabundancia de novela seudo-histórica, o novela que busca un amplio público no muy exigente, frente a la novela más rigurosa que cuida no sólo emocionar con su narración, sino que en ella no haya disonancias, anacronismos, ni alteraciones del marco histórico comprobado como real. Estos últimos temas, muy acertadamente tratados en el artículo de Pedro Godoy, así como en múltiples debates y tertulias organizados por la página web Hislibris, que desde hace años se está especializando en estos temas y todo lo relacionado con libros sobre Historia.
Penadés destacó que más grave que un anacronismo de detalle, es el desarrollar ideas o actitudes impensables en la época donde se ubican, es decir, llevar a tiempos pasados ideas actuales o planteamientos ideológicos completamente contemporáneos o al menos extemporáneos.
Haefs comentó acerca de la enseñanza de la historia, al menos en Alemania, como problemática, y también surgió entre el público la cuestión del ninguneo o el desprecio con que, en algunos casos, la parte académica de la sociedad ha castigado a autores de novela histórica, por considerárseles “divulgativos” o “menores”, “poco importantes” y “acientíficos”. Parece común el comentario de que sólo la llamada “alta literatura” es válida, aunque disfrutada sólo por élites, mientras que la llamada novela de aventuras, de acción (donde se incluyen muchos subgéneros: policíaca, ciencia-ficción, mitológica, histórica, etc) parece devaluada al ser disfrutada por un amplio público. Santiago Posteguillo, desde el público, sugirió como falsa la diferenciación entre Alta Literatura para lo que no es novela histórica, marginando grandes obras históricas como Baja Literatura, o llevándonos a considerar como Literatura no histórica obras como Guerra y Paz, por ejemplo.

Se habló, igualmente, de que el siglo XX, el siglo de los experimentos artísticos y literarios, de las vanguardias, ya hay que considerarlo como pasado y volver a retomar la novela como un medio de expresión deseable y deseado por el público, que añora que le cuenten historias. Noguera citó El nombre de la Rosa como un hito a partir del cual vuelve la revalorización de la novela histórica y su despegue contemporáneo, en parte, como puntualizó el propio Haefs, debido más a la posición intelectual y académico-universitaria de Umberto Eco, que a la propia novela.
También planteó Haefs la cuestión de la relación de los escritores de novela histórica o de acción con los escritores consagrados con lo que se ha llamado alta literatura o literatura experimental. Al parecer, en Alemania estas relaciones o no existen o no son precisamente exitosas. En España, en general, se era de la opinión de que las relaciones entre unos y otros escritores son buenas; siempre con excepciones, pero no se da un abismo entre ellos, hay un cierto espíritu gremial que les une. En mi opinión personal, quizás también porque en la literatura contemporánea española (que no en español) tampoco disponemos de pesos pesados literarios. Galdós y Blasco Ibáñez, para bien o para mal, ya no viven. Y en las generaciones literarias de los años posteriores a la guerra civil no han prosperado monstruos literarios que puedan crear rupturas entre el conjunto de los autores.

Se trató el tema del papel de las editoriales, de sus asesores o la ausencia de ellos, para encauzar la marea literaria histórica, tratando de corregir errores muy frecuentes y ayudar a los propios autores a evitar fallos garrafales. Pero este punto no quedó muy claro, ya que muchas editoriales priman las ventas y el marketing sobre otros asuntos, lo que complica el tema. Haefs apostilló contra el cambio de títulos, a veces contradiciendo los deseos del autor, por cuestión de publicidad, así como la clasificación de obras a veces inclasificables, la creación de géneros y subgéneros más enfocada a las publicaciones y a su colocación en las estanterías de las librerías.








Finalmente el público se refrescó en el zaguán del edificio, donde se nos ofreció un refrigerio y ya, libres de movernos y animados por los vinos y las deliciosas empanadillas y el aire fresco y agradable de la tarde-noche valenciana, nos entremezclamos y charlamos unos y otros hasta que cada uno fue desfilando hasta próximos encuentros.

1/3/10

RELATOS / EDITH WHARTON

Reseña anteriormente publicada en:
http://libros2.ciberanika.com/desktopdefault.aspx?pagina=%7E/letras/w/P05229.ascx

Edith Wharton, (Nueva York, 1862, St.Brice-sous-Fôret, 1937), fue una escritora y diseñadora estadounidense, de origen social acomodado, a los 23 años se casó con E.R. Wharton, doce años mayor que ella. Se divorciaron en 1913, por infidelidades mutuas. Ella misma mantuvo idilios bisexuales: con el periodista W.M. Fullerton, (que la alternaba con el rajá de Sarawak, Lord Coger; y con la cantante de ópera Camilla Chabbert, además de esporádicas relaciones con la guionista Mercedes de Acosta. Viajó mucho a Europa, estableciéndose definitivamente en Francia en 1907; hablaba francés (en la época, el idioma de la aristocracia) y como buena seguidora de Henry James, del que se considera discípula, sus personajes poseen gran hondura psicológica y sus retratos de la clase alta neoyorquina son muy verídicos, por ser su propia clase social y conocerla perfectamente; utiliza la ironía en muchos casos para conseguir una crítica a las costumbres encorsetadas de la época. Su producción literaria, tanto novela como relato, es abundante y variada.
Tenemos aquí una selección de un cuento y diez relatos titulados Relatos de Fantasmas. El cuento con que comienza el libro, La campanilla de la doncella, es una triste historia, no de miedo ni agobio, sino de zozobra, inquietud difusa y sobre todo, una profunda tristeza. En general, podríamos decir que los relatos tienen un punto en común con esta narración. Hay una cierta inquietud que más que producirnos temor, es desasosiego, melancolía, lo que nos sugiere. Los fantasmas que vamos viendo, los vamos sintiendo como presencias que están ahí, volátiles y con una vaga figura inestable que intenta decirnos algo o transmitirnos una sensación o un mensaje. Así, la doncella alerta en el primer cuento, el misterioso viajero de Después, la profunda e inquisitiva mirada en Los ojos, los lastimeros perritos en Kerfol, la abandonada señorita nocturna Mary Pask...o el terrible silencio de la casa vacía en El día de difuntos, que cierra el conjunto de relatos; en fin, son textos para leer sosegadamente antes de dormir, y podemos hacerlo con tranquilidad de que no nos quitarán el sueño, aunque, eso sí, quizás tengamos algún ensueño extraño.
La propia autora, en el prefacio nos habla de nuestras relaciones con los fantasmas. O lo que ella cree que son o pueden ser los fantasmas. Y, sobre todo, el espacio donde podemos encontrarlos: lo que el fantasma necesita en realidad- nos dice Wharton- no son pasadizos resonantes y puertas ocultas detrás de tapices, sino continuidad y silencio. El mundo ultrainformado, lleno de ruido, de movimiento, de prisa, que nos impide unos momentos de tranquilidad, de penumbra silenciosa, es el enemigo más poderoso contra lo que la autora llama nuestro instinto espectral. Más frágil que el fantasma es la varita de su evocador, y está más expuesta a romperse en la insensible trituradora de la prisa moderna.
Otro aspecto que la autora desea destacar es el de alejar de nosotros el juicio moral para introducirnos, lo más libremente posible, en un relato de fantasmas. Su cualidad termométrica es la que ha de servirnos como baremo para saber si entramos o no en la historia. Si nos recorre por la espalda un cierto aire helado, o si notamos el aleteo de las famosas mariposas en el estómago, entonces un fantasma –o un ángel- ha pasado por nuestro lado. Destaca Wharton a Stevenson ya James como sus autores de referencia en temas fantasmagóricos. Y también en una postdata autobiográfica nos cuenta de sus terrores infantiles, de su hipersensibilidad y su esfuerzo por sobrellevarlo y superarlo, quizás al plasmar en la literatura su mundo interior consigue la autora exorcizar sus miedos, no precisamente trasladándolos a los lectores, porque cada uno sentimos el miedo a nuestros propios fantasmas particulares y no son generalizables, más bien el hecho de sacarlos fuera de sí, de darlos a la luz hace que ya ella se sienta libre de sus hechizos.
Los relatos se leen bien, tienen una longitud media, no excesivamente corta, y permiten que paulatinamente vayamos entrando en lo que se nos quiere contar. La edición en bolsillo tiene el inconveniente de que hay que machacar el libro para poder leer la parte interior de cada página. Pero lo hacemos gustosos e interesados, ¡qué remedio! ya que las historias merecen la pena.

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