UN PASEO POR LAS LETRAS Y POR LAS ARTES: AZUL EN LA MIRADA Y TIERRA BAJO MIS PIES.

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24/4/15

NOVELA DEL ALFABETO: R

"R DE REBELDE"
SUE GRAFTON
Tusquets, 2005




Novela inscrita en la serie “novelas del alfabeto” colección de novelas de misterio cronológicas, que siguen el orden alfabético en sus títulos, cuya novedad es que el detective que las protagoniza no es un hombre, como suele ser habitual, sino una mujer, una investigadora privada, Kinsey Millhone, cuyas aventuras tienen por base la ciudad ficticia de Santa Teresa. Grafton eligió ese nombre como homenaje a las ciudad imaginaria de Ross Macdonald, un simulacro de Santa Bárbara, California.
La autora comienza a escribir y publicar la serie en 1982, año en el que coincide la acción del primer libro, y se extiende hasta 2013 en el que publica el correspondiente a "W". Sin embargo, tiempo de la serie transcurre más lentamente que el real, por ejemplo, el correspondiente a la "Q" tiene lugar en 1987, y su publicación es de 2002.
Suponen estos años una época de expansión del fenómeno inmobiliario y de los grandes negocios (no del todo legales) financieros donde grandes ganancias procedentes de origen delictivo se blanquean en negocios legales. También son los años en los que los ordenadores están en sus inicios, lo cual implica que solo se usan en las empresas, aun no se ha extendido el fenómeno del PC. Tampoco existen los teléfonos móviles, que tanto cambiarán las comunicaciones, y por supuesto, no existe internet. Todo esto nos transporta ya a una situación muy diferente a la actual, pese a que haga relativamente pocos años de estos fenómenos.
Lo novedoso, insisto, de las obras de Grafton es, en principio, que su protagonista es femenino, cosa que actualmente ya se ha generalizado en casi todas las novelas, incluidas las históricas, y se ve como habitual. Pero cuando Grafton comenzó la serie, esto no era lo usual en el género policiaco. Su protagonista, Kinsey, es una treintañera, no especialmente guapa ni llamativa, con tendencia al desorden en su vida privada, lo que la lleva por sucesivos divorcios y conflictos amorosos, y que se dedica a la investigación privada como si hiciera la comida. Es decir, es un personaje muy natural, muy fácil de atrapar al lector y sobre todo, a la lectora femenina, ya que Kinsey ha de hacer la compra, resolver qué hace con la ropa, cómo organizar su apartamento, y tratar de sobrellevar sus desastres emocionales como cualquier hijo de vecino.
Kinsey corre todos los días para mantenerse en forma y quemar el exceso de calorías que consume en el restaurante de su amiga Rosie y en el McDonald's. Viste informal: la ropa no le interesa especialmente. Vive en un pequeño estudio de dos plantas en el garaje de su vecino, un jubilado octogenario, Henry. Conduce un Volkswagen Escarabajo, que últimamente cambiará por un Mustang Grabber azul.

En "R de rebelde" el protagonismo lo comparte con Reba, una ex presidiaria, hija de un potentado,  que parece haber nacido para meterse en problemas. Por alguna razón, la investigadora Kinsey crea cierta complicidad con la persona a quien ha de vigilar, o sea, con Reba Rafferty. Y a lo largo de la historia hay un mano a mano en el que la propia Reba, que se nos presenta como inestable y autodestructiva,  resulta de una lucidez mayor que la propia Kinsey.
Paralelamente a su investigación, la autora muestra la deplorable vida social de Kinsey en su barrio, vida social que se limita al octogenario Harry, y a las habituales visitas alimenticias y de ocio al bar de Rosie, y de vez en cuando una relación esporádica que no suele acabar bien. Pero en esta ocasión se introduce otro personaje, un policía que Kinsey conoce ya hace algunos años pero con el que apenas ha tenido contacto antes. Ahora lo tendrá. Hay toda una serie de personajes secundarios que dan color y tinte local a la historia.

La investigación parte -como es habitual en el género- de un encargo: debe recoger a Reba Rafferty al salir de la prisión en libertad condicional y hacer de niñera por unos días hasta que su vida se vaya normalizando. Todo parece seguir su curso, pero una vez cumplido su papel, las cosas se tuercen. Reba sigue siendo conflictiva y tiene encuentros problemáticos, recurriendo a Kinsey. Por otra parte, al policía también está interesada en Reba por la información que les puede transmitir sobre terceras personas. Y a partir de ahí, la historia se complica, y el ritmo aumenta hasta un final inesperado y  que deja sin resuello al lector.
En suma, una novela muy entretenida, contada en un lenguaje muy cotidiano, llano y sencillo, y con unas situaciones bastante creíbles para la época y el lugar. Deja buen sabor de boca y ganas de leer más historias de la serie.

Sue Taylor Grafton (Louisville, Kentucky, 24 de abril de 1940) es una escritora estadounidense, autora de novelas de detectives. Hija del novelista C. W. Grafton, se graduó en la Universidad de Louisville, donde obtuvo su título en Literatura inglesa. Además de sus libros, ha escrito para la televisión y para el cine. Algunas de estas obras son en colaboración con su marido, Steven Humphrey. En 2004, Grafton recibió el Premio Literario Ross Macdonald.


ARIODANTE









3/4/15

DULCE REINADO

LA REINA DEL AZÚCAR



DOLORES GARCÍA

Editorial Versátil, 2015



En nuestras manos tenemos una novela cuya trama es una complicada malla, tejida e hilvanada con primor y dulzura. O mas bien, amasada y cocinada con amor. Como esos algodones de azúcar que venden en las ferias, donde el dulce y blanco elemento pasa a convertirse en una nube vaporosa que se enreda alrededor de un palillo y que degustamos con placer. Sin embargo, el título no debe inducirnos a error. No se trata de una acaramelada historia, si bien hay caramelos en ella. Es una narración dramática, terrible en algunos momentos, dulce en otros, pero de fuerte contextura y muy bien entrelazada. Novela coral, aunque girando sobre un eje: la vida de Inés Belmonte, una mujer de gran fuerza moral, que se ha de enfrentar a los embates de la vida y afrontarlos con pie firme y mano de hierro. Rodeada de un enjambre de personajes de todos los colores, unos ingenuos, otros mezquinos, otros claramente aprovechados y malvados, pero todos verosímiles. Unos dulces y otros amargos. Porque la vida está llena de contrastes y los momentos de felicidad, si existen, son siempre breves y acaban.
Inés Belmonte ha construido su propia vida, “su propia melodía” en palabras de la protagonista. “Una melodía que he ido enriqueciendo con cada anhelo, cada vivencia, con cada uno de mis pensamientos y emociones.” (pág. 474) Y para componer esa melodía, nota a nota, ha tenido que hacer de tripas corazón en muchas ocasiones. Me recuerda a personajes como Mildred Pierce, la heroína de la novela homónima de James M. Cain, también llevada a la televisión. Personajes femeninos que han sabido salir adelante en una vida llena de adversidades. Cierto que, como la misma protagonista reconoce en sus memorias,  el destino tiene un papel muy importante en la vida de las personas. Pero es la manera de adaptarnos a lo que nos va sucediendo, lo que no podemos evitar y nos cae de golpe, la manera de torearlo o de afrontarlo es lo que hace de nosotros los protagonistas o los cautivos de nuestra propia vida. Esta es una de las ideas centrales que subyacen en esta narración. Inés elige el amargo protagonismo; Mercedes y Encarna eligen el dulce cautiverio.
Hay muchas clases de amor en esta narración: algunos, sin esperanza, como Don Hipólito, como Delbrel, como Julián, incluso como el propio Eduardo, al principio. Otros apasionados como Humbert y Eduardo, después. Amores de madre, que ven en el hijo la reencarnación del padre desaparecido y le pasan por alto los desplantes; amores de circunstancia, como el de Mercedes y Cipriano; amor filial, como el que Daniel profesa a su madre Mercedes; amores desencantados…y odios desaforados, como el de Juana, el de Roberto, el de Matías, que parece ser el malvado más malo de esta historia.
Y toda esa maraña de amores y desamores está íntimamente trabada con la historia real, con la realidad de una época y de una ciudad, Melilla, cuyo protagonismo es de gran importancia. La autora rinde un sentido homenaje a su ciudad natal en estas páginas. Memorable es, asimismo, la narración de la guerra del Rif y el desastre de Annual. Porque no solo es la narración de los hechos sino también los orígenes de tal situación y la posición que ocupaba Melilla en los movimientos políticos y militares de la región norteafricana. Por medio de la participación indirecta en la historia, se nos revelan detalles terribles y otros que conoceremos al final del libro y que explican partes que quedaron en sombra.

Combina la novela dos tramas: una contemporánea, contada por un narrador omnisciente, comprende una intriga política y judicial que finalmente confluirá en la reconstrucción familiar del pasado común donde el comandante Fonseca y el juez Prieto, buscando un documento cuya ausencia puede generar un grave conflicto territorial, van descubriendo distintos indicios que les llevan a la protagonista principal, cuyas memorias ocupan la parte central de la narración, dando un salto en el tiempo y retrotrayéndonos al comienzo del siglo hasta su mitad. La otra trama, contada en primera persona, la constituyen, por un lado, los recuerdos de Mercedes, y por otro, las propias memorias de Inés, su tía.  Y en menor medida, lo que Encarna le cuenta a su hijo Jorge Prieto, una vez que este ha leído las memorias.
La parte central de la novela recrea la guerra del Rif y considero que es la parte más atractiva, y con más fuerza por la tensión y emoción contenida en ella, además de la recreación de aquellos terribles días que acabaron en la matanza de Annual. El ritmo de la novela en general tiene ciertos altibajos, aunque conforme se avanza en la lectura el tempo se hace más rápido. Si hubiera que encontrarle puntos negativos, uno de ellos sería la excesiva cantidad de personajes, que en algunos momentos resulta algo confusa (aunque para soslayarlo, la autora ha incluido un índice de personajes) y  otro, que el nexo de unión dentro del conjunto, pudiera tomarse en ciertos personajes como excesivamente forzado. En esta narración todo concuerda, mientras que en la vida hay siempre cosas que uno es incapaz de comprender o no se encuentra la explicación. No obstante, estamos ante una ficción. Y en conjunto, es una ficción interesante, apasionada, entretenida y que cumple con sus objetivos más generales: contar una historia ambientada en Melilla, recreando lugares reales y hechos históricos que componen un fresco muy especial. Y desarrollar unos personajes centrales muy fuertes, atractivos, combinando la dulzura del azúcar y el amargor de la hiel.


Dolores García Ruiz nació en Melilla (España) en 1964, donde pasó su primera infancia. A los nueve años se trasladó a Valencia, donde actualmente reside. Nacer en África y haber entrado en contacto directo con diferentes culturas y religiones ha marcado su evolución personal y espiritual hacia la búsqueda de lo más genuino que encierra todo ser humano. Cursó estudios de Derecho por la UNED, es Correctora Profesional de Edición y Profesora de español para extranjeros. Actualmente, combina su actividad literaria con su puesto en la Administración de Justicia. Es autora de novelas, ensayos y relatos cortos. Ha colaborado en diversos programas de radio y televisión y ha publicado artículos en revistas culturales de prestigio. Asimismo, ha impartido charlas y conferencias sobre Leonardo Da Vinci en las principales capitales españolas.



Ariodante

 2015

17/3/15

MEJÍAS EN ACCIÓN


LA CIUDAD DE LA MEMORIA
SANTIAGO ALVAREZ
Ed. Almuzara/ Tapa Negra, 2015



Con esta novela de título memorable se estrena el escritor murciano Santiago Álvarez, si bien ya había hecho anteriormente otras incursiones literarias en forma de relatos. Polifacético, este autor también se mueve en el mundo informático, el musical y en el de lo fantástico (concretamente, Tolkien), y su afición al cine/novela negra es ostensible. De todo ello hallaremos huellas y ecos en la lectura de esta narración. Narración que se inscribe en la estructura de lo que se ha venido en llamar novela negra o policíaca, respetando los clásicos esquemas básicos: detective recibe encargo, investiga y comienzan los problemas, salen los trapos sucios y la acción se dispara.
Todo un personaje, Mejías es un policía devenido en detective, maduro, experimentado y quemado, lleno de filias y fobias, mitómano empedernido, siempre al filo de la navaja y sin un euro. Hubo un socio, que murió, hubo una crisis y un hundimiento. Mejías es un hombre contradictorio, aferrado al pasado y a la memoria, que sobrevive a base de scotch, vinilos, y películas de los años cuarenta (por este orden). Vive en otra onda, al margen de ordenadores, móviles e internet. Onda en la que, justamente, su flamante secretaria se mueve.
Como en toda novela policíaca que se precie, la secretaria/ayudante sirve de contrapunto al personaje central. En este caso es Berta, una joven estudiante de periodismo con las inevitables estrecheces económicas, muchas ilusiones y ganas de aprender. Ella es la que introduce la modernidad en el mundo arcaico y cerrado de Mejías.
Del mismo modo, como prescribe el género, se va desvelando una intrincada trama que oculta secretos inconfesables, corrupciones y negocios a cuál más pringado. Malvados, mujeres despampanantes, desaprensivos, ingenuos, amigos que ayudan en los momentos insospechados,  un gatito, todos desfilan por estas páginas...incluso un loro, (en realidad, un yaco, variante de pájaro parlanchín) con el que  comienza la acción. El macguffin, que diría Hitchcock. El autor sigue, pues, el esquema tradicional de este género, trufado, eso sí, de su impronta personal:  flashes de películas, letras de canciones, recuerdos del cine clásico y la mejor música del jazz.
En cuanto a la ambientación, en vez de pasearse por la Sexta Avenida de Nueva York, Brooklyn o el Bronx, Mejías tiene su despacho en el mismo centro de Valencia, y la acción se desarrolla en la ciudad levantina y alrededores. Sin embargo, la ciudad es  marco, no  protagonista de la novela. La historia es humana, en la que conviven  luchas por el poder,  rencillas familiares, un viejo secreto y el temor a su revelación, así como una venganza aplazada durante generaciones.



La estructura narrativa tiene varias líneas de lectura: la investigación que le es encargada a Mejías por un potentado valenciano (que recuerda al viejo general de El sueño eterno) paralelamente a la  incorporación de Berta –un soplo de aire fresco, un rayo de luz- a la desastrada agencia del detective; una serie de conversaciones telefónicas anónimas, que mueven los hilos en la sombra; una doble subtrama histórica, (apareciendo paulatinamente en la novela y desvelándose casi al final) que se remonta por una parte al siglo XVIII en Andalucía y al siglo XIX en Argentina, atándose al nudo principal, situado en los años 30 en Valencia.  Hacia la mitad del libro hay una recapitulación, muy bien hilvanada, para que el lector no se pierda con las distintas tramas. Hasta ese momento, la acción se desarrolla a muy buen ritmo, dosificada convenientemente, mezclando la investigación de Mejías y la relación con su secretaria Berta, una chica que, pese a su juventud, tiene el carácter vivo y la inteligencia despierta y no aguanta que la dejen de lado. Después hay otro momento de receso, antes de lanzarse a los capítulos  finales donde la acción llega a su clímax.


El lector se verá inmerso en persecuciones automovilísticas, peleas, tiroteos, discusiones, algunas tranquilas charlas, y también ¿por qué no? unas gotas de pasión amorosa -solo unas gotas, y con cloro- envuelto todo en un celofán de fino humor que se destila lentamente, como el mejor whisky escocés, al fondo la música de Coltrane, y las imágenes de Bogie en la pared y en las pilas de películas que consume nuestro detective en sus ratos de ocio. El autor ha dejado diseminados en el texto diversos guiños a todo ello, como también una mención a un cuaderno rojo, (doble homenaje a Auster y al grupo literario del autor, ECR).

Un capítulo cercano al final del libro explica las claves de la historia. Quizás no hubiera sido necesaria una explicación tan larga, que pisa el freno de la acción. En realidad una novela de este género no necesita aclarar totalmente un caso, como en las policiacas clásicas de Conan Doyle, Simenon o Christie, que se busca al asesino. El sueño eterno, Adiós Muñeca o el mismo Halcón Maltés, son narraciones que dejan muchas partes en penumbra, porque lo que más interesa es mostrar un clima moral, unas relaciones, una acción y una tensión más que una historia con un principio y un final definidos. Es el proceso lo que interesa, más que el desenlace, que a veces queda desenfocado o difuso. En el caso que nos ocupa, el proceso que desarrolla la novela es, por un lado, una historia familiar, -la de los Dugo-Escrich- llena de conflictos y de luchas por el poder, con un terrible secreto al que se quiere impedir acceso a toda costa. Por otro, la trayectoria personal del detective, llena también de conflictos, de luces y sombras. Y finalmente, la relación con la secretaria, que ya se sale un poco del esquema clásico, en la medida en que se plantea más como una relación paterno/filial, un contraste de generaciones.
Cada capítulo de los veintitrés que componen la novela, se inicia con una cita cinematográfica, que tiene relación con lo que vamos a leer después. A lo largo de las páginas encontramos continuas referencias a películas y más concretamente a Bogart, que parece ser el alter ego del mitómano Mejías. Quizás no hubiera sido necesario explicitarlo tanto, por obvio. Cualquier buen cinéfilo y lector de novela negra percibe las continuas alusiones a momentos de las grandes novelas o películas del género, y no necesita que le nombren a Bogart para reconocerlo en muchos diálogos y fragmentos de la presente novela. Diálogos que, por cierto, resultan francamente ingeniosos y cuidados. El autor no abusa de ellos, y los usa con prudencia y sobre todo con tino, lo cual es muy de agradecer. Cuando no hay necesidad, los resuelve con estilo indirecto, muy elegantemente. Santiago Álvarez sortea muy bien este error en el que muchos autores noveles (y no tan noveles) suelen caer.
En suma, la novela resulta bastante verosímil, de ritmo bien medido, creciente interés, con la información dosificada y manteniendo la atención del lector en todo momento. Una buena novela del género, que revela a un buen escritor al que le queda abierta una -auguramos larga- carrera literaria. Esperamos que la recorra cada vez superándose a sí mismo y mantenga  al lector pendiente de sus nuevos logros.

Santiago Álvarez (Murcia, 1973). Es director de contenidos del festival de género Valencia Negra, que se realiza en la capital del Turia desde 2013 y camina hacia su tercera edición.
Se inició en la literatura escribiendo relatos, (con el grupo literario El Cuaderno Rojo) muchos de los cuales han sido premiados en diversos certámenes. Ha escrito, protagonizado y dirigido musicales y obras dramáticas, y ha grabado varios discos con distintas formaciones. Asimismo es el primer profesor en España del software para escritores Scrivener, del cual realiza regularmente talleres presenciales. La Ciudad de la Memoria es su primera novela, aunque ya prepara nuevas aventuras para sus protagonistas, Berta y Mejías.


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