UN PASEO POR LAS LETRAS Y POR LAS ARTES: AZUL EN LA MIRADA Y TIERRA BAJO MIS PIES.

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18/12/14

BLASCO APASIONADO

LA MAJA DESNUDA


VICENTE BLASCO IBÁÑEZ

PROMETEO, 1906

Esta novela abre una serie de novelas “artísticas”, pasada ya la etapa de las novelas “valencianas” y las de lucha social. Vierte Blasco en esta narración dos obsesiones: la pasión amorosa, desbordante, arrebatadora…y las ideas sobre el arte, los artistas y la emoción estética. Si bien se inspira, para conformarlo, en sus dos amigos Benlliure y Sorolla, en esta novela el autor narra la vida imaginaria de Mariano Renovales, pintor renombrado, del que cuenta sus orígenes y la lenta ascensión hacia la fama, la posición holgada y reconocida internacionalmente. Un pintor que se debate entre pintar “de encargo” para sobrevivir, siguiendo el gusto del cliente, y pintar lo que desea, lo que lleva en mente, lo que ambiciona o sueña, lo que le entusiasma o atrae poderosamente. Sin embargo, lo que más le seduce, que es el desnudo femenino, o mejor, la búsqueda ideal del cuerpo femenino por antonomasia, que él denomina su Friné , es algo que no llegará a alcanzar más que con la imaginación. Entre líneas podemos ver en estas reflexiones estéticas algunas pinceladas de La obra maestra desconocida, de su admirado Balzac.

La trayectoria artística de Renovales se desarrolla paralelamente a la vital, a la cotidiana: su matrimonio con Josefina, una mujer sencilla que le ama con locura, y la única hija, Emilia. A poco de matrimoniar, se instalan en Italia (Roma, Venecia, Florencia…), donde el joven artista puede sumergirse en todo tipo de arte, respirar arte por todos sus poros.
Pero si hay una cosa que no consigue de su recién desposada Josefina, es que pose desnuda para él, salvo en una sola ocasión, que posteriormente le obligará a destruir, en un ataque de pudibundez. Hasta el parto, Josefina enloquece físicamente a Romerales, con su belleza virginal y joven; pero tras el embarazo pierde lozanía, su cuerpo no volverá a ser el mismo y Josefina se da cuenta del alejamiento paulatino del pintor.
Pasan los años y el pintor llega a su madurez física y artística, cumpliendo siempre como un buen esposo, manteniéndose fiel, dedicando toda su atención al trabajo…y su mente a los deseos no satisfechos.

Josefina, a pesar de su simpleza es muy consciente de que su marido ya no le pertenece;  una vez crecida su hija y encontrado un marido para ella, la ausencia de un papel en la vida la lleva a desear la muerte: su cuerpo, carente de todo aliento vital, languidece a pasos agigantados. Para agudizar más esta deriva, Josefina advierte una pasión creciente de su marido por una dama, Concha, esposa del conde de la Alberca y antigua amiga de Josefina. Concha atrae y a la vez frena a Renovales, jugando con él hasta el punto de enloquecerle, deseando en su fuero interno la muerte de su esposa, férrea barrera moral entre Concha y él . Y Josefina también desea morir.
Muerta la esposa, el artista vivirá un tiempo ebrio de libertad, lanzándose vertiginosamente a la locura de vivir, viajar, ver mundo, incluso olvidándose un poco de Concha, con la que ha gozado de su libertad recién estrenada pero ahora ya le cansa. Sin embargo, llega la hora de retornar y retomar los pinceles, abandonados en su vértigo viajero. Y al volver, tras una larga ausencia, insospechadamente, encuentra la presencia de Josefina por doquier: las pinturas con que la retrató en su juventud, sus vestidos aun colgados en los armarios, sus joyas, …su olor. Y la recuerda en sus mejores momentos, olvidando los últimos y penosos.

Renovales comienza a revivir el pasado, enamorándose de su recuerdo, tratando de hacerla revivir y volverla a pintar, olvidando a Concha por completo, que ya le parece un pasado perdido. Toda esta parte final recuerda el tema de la película Vértigo, cuando en su segunda parte, el personaje que protagoniza James Stewart se lanza a reconstruir la imagen de la mujer amada y perdida, haciéndola resurgir “de entre los muertos”.
Lo que a Blasco le preocupa y quiere destacar es la necesidad de libertad del artista, su independencia como condición imprescindible para ejercer su actividad creadora. Mientras Josefina vive, Renovales se queja continuamente por su falta de libertad, despotrica de las ataduras de la familia, teoriza sobre el trabajo del artista (aquí habla el propio Blasco, obviamente), que ha de ser libre para pintar lo que quiera, y segundo…para amar a quien quiera.
La ligazón con una familia o incluso una amante ya le trastornan y le impiden trabajar con exclusividad, perturbándole con injerencias que él considera perniciosas. Todo es secundario salvo el arte. Esta idea la destaca el crítico Andrés González Blanco cuando dice que esta novela es “un noble alegato en pro de la independencia social del artista y de la sana libertad del arte. […] Para Blasco el matrimonio suele ser una cadena que de tal modo les constriñe y sujeta que les corta los vuelos del espíritu y les hace pasar de la independencia de un arte noble y libre, sin ligaduras, a la sujeción de fórmulas anquilosadas.”

Sin embargo, hay otro tema que impregna toda la novela, un tema que se repite en muchas de las obras de Blasco, casi diría que en su gran mayoría, pero sobre todo, en las obras que escribirá a partir de 1905-6, cuando conoce a Elena Ortúzar, la que fue su amor durante años  y segunda esposa, al final de su vida.
Se trata de la pasión amorosa: el amor vivido como turbulenta y perturbadora pasión. Esta concepción está muy ligada a la propia naturaleza del escritor, que siempre vivió entre erupciones pasionales, unas amorosas y otras políticas. En la biografía de León Roca, este afirma que “hasta esta obra, (con la excepción de Entre naranjos, quizá) el amor no había sido descrito jamás por Blasco como personaje principal y agente determinante de la fábula novelesca.”
El deseo, como siempre, resulta más violento cuanto más lejana está la posibilidad de realizarlo, mientras que acaban por apagarse los fuegos pasionales cuando ya se ha conseguido lo deseado. Es por ello que la pasión en la que se sumerge Renovales es la más profunda y fuerte de todas, porque el objeto ansiado es imposible de conseguir: la muerte ha trazado una línea intraspasable: Josefina, muerta, triunfará sobre Concha viva.



Ariodante



14/12/14

PASANDO POR ALLÍ

DONDE NUNCA PASA NADA

ELENA CASERO

Ed Talentura, 2014



Para los lectores que disfrutaron con “Tribulaciones de un sicario” (Policarbonados, 2009), será una buena noticia saber que el protagonista, Anselmo de la Rua, vuelve de nuevo a la palestra, unos años más mayor, para protagonizar, junto a Doña Celia, su pareja de hecho, una historia de intrigas y melodramas rurales, en un imaginario pueblito, Losantes, donde nunca pasaba nada…hasta “La Dama Verde” se instaló allí.
La narración recrea el ambiente de un pueblo muy pequeño, donde casi todos son parientes en algún grado, y donde las rencillas y enemistades se acumulan durante años, los rumores y los cotilleos circulan con rapidez y el aburrimiento es el caldo de cultivo de sórdidos rencores. Ante la doble novedad del regreso de un miembro de la comunidad y la apertura de un lugar de esparcimiento nocturno de dudosa moralidad (“La Dama Verde”), regentado por el hijo pródigo del pueblo, se crea un revuelo general, tanto entre los miembros masculinos como –aunque por razones opuestas-  los femeninos.
El desfile de personajes es notoriamente hilarante, presentados con la mirada socarrona y divertida de Elena Casero. La elección de nombres está muy cuidada: Elpidio, doña Presencia, Katia, Boris, Don Abundio, Prudencio, Leoncio, “la puta ilustrada”… Una estancia veraniega en un pueblo supuestamente aburrido, que resulta ser de lo más entretenido. El personaje de doña Presencia, la tía de doña Celia, es delirante: una ancianita nonagenaria que parece revivir, recargando pilas con la llegada de los problemas,…  sobre todo, por el café con leche tomado en “La Dama Verde”. El desfile carnavalesco de las fiestas del pueblo es uno de los momentos más notables del carácter esperpéntico de la narración.


El “puticlub” y sobre todo, su dueño y director, Ernesto, despiertan odios y pasiones ancestrales en distintos niveles de la sociedad losantesca. Anselmo y su nuevo amigo, el jubilado Elpidio, intentarán investigar algo sobre los sucesos que van a ir jalonándose a lo largo del caluroso verano: un asesinato, dos intentos de homicidio, personajes que no son lo que parecen y personas que quieren ser distintas a lo que han sido hasta ahora, celos, amores, odios fraternos y deseos irrefrenables. Todo ello tiene al lector entretenidísimo, procurando adivinar quién es el asesino, y a la vez, tratando de entender el galimatías de las relaciones del pueblo.
Elena Casero cuenta con prosa fluida y muy realista, en narración directa y  desde el punto de vista de Anselmo, todo un anecdotario popular, en clave de humor pero lanzando de vez en cuando dardos contra las lacras sociales que sufrimos, aunque no vivamos en su imaginario pueblito. Renacerán antiguos amores, surgirán nuevos, y la pareja formada por Anselmo y Celia vivirán días que no olvidarán, en el calor de ese largo y atribulado verano. En suma, un relato divertido, agridulce en algunos tramos, muy divertido y lleno de retranca en otros, entretenido en su totalidad.




Ariodante





8/12/14

ALICIA Y JOSEF K

LEWIS CARROLL Y FRANZ KAFKA.
Dos poéticas de la sinrazón

VENTURA GALIANO
Ed. Evohé, 2014


El libro es un ensayo filosófico, un interesante ejercicio de comparación entre la obra de esos dos escritores que, desde otros puntos de vista, son tan disímiles. Porque, a primera vista, “Alicia en el país de las Maravillas” no parece tener muchos puntos comunes con “El Proceso”. Y sin embargo, Ventura Galiano analiza, compara, busca otras opiniones, y va extrayendo a través de cartas, memorias, textos ajenos, y el análisis detallado de la obra de cada uno de los dos autores, consiguiendo poner en claro algunas ideas, conceptos que quizá no habían sido mirados desde ese ángulo, lo cual le da un toque personal y un mérito propio, en un autor que, si bien no procede del contexto filosófico, nos ofrece la prueba de que ha leído a los filósofos. 
Mientras Lewis Carroll usa un seudónimo tras el que se esconde Charles Ludwitge Dodgson desarrollando una doble actividad literaria y científica, Kafka no lo necesita: "mi novela soy yo", afirma, a modo flaubertiano.  También Kafka lleva una doble vida: su trabajo como oscuro oficinista y la actividad literaria. Sin embargo, mientras la vida de Kafka es amarga y atormentada, no parece serlo la de Carroll, que introduce el humor y juega más con las palabras.

Así, partimos de una detallada mirada sobre las vidas de ambos, que ocupa la primera mitad del libro, mientras que la segunda se sumerge de lleno en el proceloso mar de los conceptos filosóficos: sinsentido y absurdo, los sueños versus la realidad, los laberintos, la identidad, el nominalismo, los juegos y el poder del lenguaje, la distorsión de la realidad, las relaciones de poder y la rebeldía, la justicia… Punto por punto, Ventura Galiano mirará con lente de aumento cada concepto y buscará la manera de relacionarlo con la obra de estos autores. Sabremos de los antecesores y de las obras que les han precedido, donde podremos rastrear el origen de estas ideas y su utilización en la literatura. Cuidado: no es que hayamos de considerar a Carroll y Kafka como filósofos. Son escritores y hacen literatura, ficción. Pero de sus respectivos textos podemos, en opinión del autor,  extraer conclusiones filosóficas, que están contenidas dentro de sus obras literarias.

Primeramente, Ventura Galiano quiere desmarcar el concepto de sinsentido del concepto de absurdo, aunque ambos comparten cierto carácter onírico, de naturaleza laberíntica, en un entorno cambiante y arbitrario. En cuanto a semejanzas entre ambas obras encontramos los sueños: en unas la narración comienza con un sueño, en la otra, saliendo de un sueño, pero la realidad funciona como si lo continuase. Los sueños se caracterizan por la evanescencia y la fragmentación de las escenas, alterando el espacio/tiempo y deshaciendo límites y fronteras. En cuanto a las arquitecturas laberínticas de ambos relatos, también coinciden, si bien en “Alicia” la estructura es circular, y en “El Proceso”, todos los caminos conducen al mismo sitio: al inquietante Tribunal.
Analiza luego el tema de la identidad, relacionándolo con la memoria personal y con la percepción que otros tienen de nosotros. En este punto, Carroll juega con una identidad cambiante, mientras que Kafka mantiene una identidad ligada al marco laboral, a la profesión, fuera de la cual la identidad individual se funde en la masa. La distorsión de la realidad es otro punto común, (propiciado por el carácter onírico de ambos) si bien el lenguaje usado por los personajes de “Alicia” es aparentemente real, carece por completo de significado.  También se juega con los sonidos, las distorsiones sonoras, la diversidad de intensidades, las repetidas  transformaciones entre humanos y animales y viceversa, en Carroll, y las sugerencias a la “animalidad humana” en Kafka. En cuanto a las noción de justicia, mientras Carroll la presenta como arbitraria e incomprensible, Kafka añade su inaccesibilidad. La voluntad en Alicia se dirige hacia cumplir sus objetivos, mientras que en Kafka se caracteriza por la sumisión, el acatamiento del poder.

En suma, Ventura Galiano propone, con bastante acierto, una serie de ideas a estudiar y comparar entre la obra de ambos escritores, a la vez que reflexiona sobre esas ideas aportando las sugerencias y opiniones de otros autores, como María Zambrano, Camus, Canetti, Deleuze y Guattari. Quizás se echa en falta alguna referencia a Freud, contemporáneo de Kafka, aunque perteneciente a una generación anterior, pero del que Kafka conocería sus obras y cuyas teorías debieron influirle.
En la medida en que el libro presenta dos partes claramente diferenciadas, la primera, destinada a un público más amplio, al que puede interesar las vidas de los dos escritores, describe con muchos jugosos detalles y con una prosa cuidada, lo cual hace que la lectura sea muy amena y a la vez, divulgue aspectos no muy conocidos de estos autores.  La segunda, sin embargo, está más indicada a un sector del público restringido a aquellos que hayan leído tanto las dos obras de Carroll sobre Alicia, como “El proceso” de Kafka. Porque en caso contrario, el lector, si bien puede sentir un fuerte impulso para leerlas,  no extraerá todo el jugo de este detallado análisis, a pesar de estar muy bien razonado, apoyando con ejemplos de cada texto  las afirmaciones y juicios que se lanzan.
Es, en conjunto un libro que puede cubrir un cierto vacío en cuanto al conocimiento de los dos autores que analiza, y lanzar interesantes sugerencias sobre las obras comparadas, sugerencias que merecen una reflexión ponderada.

Rafa Ventura Galiano (Valencia, 1976) estudió ingeniería en la Universidad Politécnica de Valencia (UPV). Escribió y publicó relatos durante su etapa universitaria, siendo algunos publicados en la Revista de la UPV. En el marco de un certamen de narrativa le publicaron una novela corta, Versus (1996).En 2000, recién acabada la carrera estuvo tres años trabajando como ingeniero y viviendo en Madrid. Ahora vive en Valencia. Forma parte de una tertulia literaria en el café En Babia, de Benimaclet.
Ha sido finalista de algunos concursos literarios: Certamen de Cuentos del Agua (2008, Zaragoza) y Certamen de Cuentos Cosecha EÑE (2011).




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