UN PASEO POR LAS LETRAS Y POR LAS ARTES: AZUL EN LA MIRADA Y TIERRA BAJO MIS PIES.

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17/10/14

BLASCO IBÁÑEZ: LOS PAPAS VALENCIANOS

EN TORNO A BLASCO Y LAS NOVELAS DEL RENACIMIENTO Y LOS PAPAS BORGIA.



Una introducción a El papa del mar y A los pies de Venus.

«Yo, recientemente, he hablado en Madrid de tres novelas que voy a hacer; novelas que se refieren primeramente a la vida mediterránea y que en cierto modo son novelas valencianas o novelas aragonesas, novelas de evocación de lo que fuimos nosotros cuando se iniciaba el Renacimiento para toda Eu­ropa, lo que serán después los que evocaron la gran epopeya de la conquista de América y su colonización. Y debo confesaros que estas novelas laten en mi imaginación, como late en la imaginación del escultor, del pintor, el bosquejo de la obra que se propone realizar. Estas novelas encuentran forma ensalzando las obras de autores que me escuchan, que pertenecen al Centro de Cultura Valenciana, que servirán para dar el último toque a esta misma novela que yo llevo en mi imaginación como simple boceto.
[…]Nosotros, Valencia y la Corona de Aragón, hemos producido grandísi­mas personalidades eminentes, que por el mero hecho de haber sido españo­les, son calumniados por la Historia. A ese vulgo, vulgo universal, que tiene ilustración primaria, que acepta una serie de mentiras que han tomado carácter tradicional, se le habla de los Borgia y todos se estremecen y ven venenos y puñales, y tienen una ilustración de ópera; y ven a Lucrecia Borgia asesinando gente, y ven al  Papa Borgia que se entretiene en envenenar a alguien, como el mayor de los monstruos. Y, sin embargo, señores, abundando en las mismas ideas que el Director señor Martínez, que me escucha, Alejandro Borgia, el Papa Alejandro VI, es la figura más eminente para mí, que tiene el Renacimiento de aquella época. Y lo mismo el Papa Pedro de Luna, que Calixto III, todas las grandes figuras que produjo Valencia y la Corona de Aragón, tuvieron una influencia universal.
 […] Hace dos meses yo viajaba por la Provenza, preocupado por el Papa Luna, en una visita que hice a Aviñón, y tuve ocasión de ver algo de lo que he visto en Provenza y que debemos hacer los valencianos. Y digo debemos hacerlo porque el primero que va a preocuparse de esto soy yo, que además de valenciano soy hijo de padres aragoneses, y soy algo tozudo, que es lo que me ha valido en la vida. Cuando me he propuesto una cosa la he hecho con el entusiasmo y la gallardía del valenciano y la tozudez del aragonés.» (Discurso pronunciado por Blasco en Valencia el 16 de mayo de 1921, al agradecer el nombramiento de director “honoris causa” del Centro de Cultura Valenciana)


Emilio Gascó Contell, en Genio y Figura de Blasco Ibáñez, (Madrid, 1957) cuenta que «Aquel ciclo de novelas históricas, concebidas sin otra unidad que la de su contribución común a honrar el espíritu hispánico, comenzó con El Papa del mar, primera obra de la serie. Es la novela del Papa Luna y de su tiempo.  Todos los personajes y episodios del gran cisma del siglo XIV se en­cuentran descritos en esa novela con una potencia pictórica extraordinaria y con el sugestivo interés de constituir un trozo de historia movida como la más frondosa de las novelas de aventuras. Así como en otras novelas de Blasco Ibáñez lo “novelesco” e “interesante” es la acción moderna, dando la parte histórica una impresión de hojarasca literaria, a veces demasiado densa como en «La catedral», aquí es la parte histórica la que concentra la atención del lector, y la acción contemporánea sólo sirve de pretexto para enfocar novelescamente los hechos del pasado. En torno a Pedro de Luna, descrito con todo el vigor que corresponde a tan recia figura aragonesa, pululan los altos magnates eclesiásticos de la época, los teólogos Gerson y Pedro de Ailly; el Petrarca, con una evocación soberbia de la vieja Vaucluse; Cola de Rienzo; Juana de Nápoles; Juan Huss; un “Maestro Vicente” que iba a ser, andando el tiempo, San Vicente Ferrer, y, dando un fondo palpitante a esas figuras atormentadas, Roma, Aviñón, Marsella, la roca de Peñíscola, descritas a doble lienzo, en su pasado y en su presente, resultando la visión moderna como una réplica a la fisonomía histórica de aquellos pueblos donde se representaron tantos actos famosos de la Cristiandad. La acción contemporánea de El Papa del mar no es muy complicada y sus personajes, trazados a grandes brochazos, destacan con acusado relieve.
A esta obra, fechada en Menton en agosto-octubre de 1925, siguió con un intervalo aproximado de un año (junio-septiembre de 1926) A los pies de Venus, novela de los Borgia, aquellos “terribles y siniestros” personajes a quienes la leyenda universal presenta –tal vez por ser de origen español– como verdaderos monstruos de maldad; pero que Blasco Ibáñez, conside­rándolos con relación a su época, trató de reivindicar con generosidad de artista y de compatriota. Su Lucrecia no es la melodramática envenenadora de Víctor Hugo, sino, como afirma la documentación histórica, una dama culta, elegante, delicada (ahí está el bellísimo retrato que dejó el Pinturic­cio), que se rodea de una corte de trovadores y de artistas entre los que con­taron al Ariosto y el Tiziano. Los que admiran en Vicente Blasco Ibáñez la facultad de reanimar un vasto lienzo de historia con la palpitación y el colorido de la vida real, ten­drán A los pies de Venus como una de sus más fascinadoras creaciones.»

Azorín dice que Blasco Ibáñez es un escritor «que cuenta»: porque cuentos largos son esas narraciones del escritor valenciano, que no excluyen profundidad psicológica en sus personajes ni color en los paisajes. «Espiritualmente, –dice Azorín– representa el esfuerzo de fundir en molde de arte nacional un espíritu europeo.» El crítico de ABC Manuel Bueno, en un artículo de El Liberal (1905) comenta su técnica: «Su prosa tiene un ritmo regular, robusto, impetuoso, marcial. Es un escritor sin precursores en nuestra literatura. Para buscarle afines, semejantes o parentescos, hay que retroceder a Chateaubriand, Víctor Hugo, y Zola, pues, aunque menos retórico y pintoresco que los dos primeros, tiene su vuelo su generosa ampulosidad, su imponente y avasalladora gallardía. (…) Blasco es un sincero, un indomable, un combatiente que ha dado la cara muchas veces defendiendo lo que predicó, un soldado de la noble y gran causa popular. Blasco se va despegando lentamente de la política, en la que tanto ha sufrido, para refugiarse en el arte.»

Eduardo Gómez de Baquero Andrenio, (1866-1929), otro famoso crítico literario de El Imparcial, comenta sobre el caso Blasco: «es el caso de un escritor que, al alcanzar la fama universal, pierde fama en su patria, pérdida no cuantitativa, (…) pero sí cualitativa, ya que entre algunos críticos y literatos de los más modernos no se reconoce a la obra de Blasco Ibáñez aquella valoración artística que se le otorgó generalmente desde el triunfo de las novelas valencianas hasta las primeras novelas cosmopolitas.» Andrenio, en El Renacimiento de la novela en el siglo XIX, aparecida en 1924, establece cuatro apartados en las obras de Blasco: las novelas valencianas –y en esta primera etapa y las obras que la constituyen hay una significativa unanimidad entre los críticos e historiadores–, las novelas de las profesiones artísticas, las novelas de las ciudades y de los medios sociales, y las novelas cosmopolitas, de viaje, de la emigración y de la guerra (Gómez de Baquero, 1924: cap. X).
En el prólogo «Al lector» de Los muertos mandan, Blasco no puede reconocer de forma más explícita este corte: «Esta fue la última obra del primer período de mi vida literaria. Apenas publicada me marché a dar conferencias en la República Argentina y Chile. El conferenciante se convirtió, sin saber cómo, en colonizador del desierto, en jinete de la llanura patagónica. Olvidé la pluma [...] Pasé seis años sin escribir novelas. Quise crearlas en la realidad. Y entonces fui novelista de hechos y no de palabras»


A partir de 1917 Blasco se traslada a Menton, en la Costa Azul, donde ha comprado una villa, La Fontana Rosa. Allí comienza a trabajar en El papa del mar («el primer español que preocupa a Europa después de los tiempos de la antigua Roma») y A los pies de Venus. Según afirmó el propio escritor, «hace más de quince años que estudio y preparo estas novelas españolas “evocativas” que empiezan con El papa del mar. Para poder documentarlas he hecho viajes por casi todos los mares y continentes de la tierra y he leído numerosos libros y manuscritos antiguos.» Vemos, pues, que Blasco lleva en mente escribir sobre estos personajes desde años atrás.  Finalmente, en octubre de 1925 (el mes en que se desposa con Elena Ortúzar) se publica El papa del mar, y en septiembre de 1926, A los pies de Venus, publicada por la editorial Prometeo.
«Serán novelas modernas –sigue precisando Blasco–; su acción transcurre en nuestros días, y al mismo tiempo resucita otra acción paralela, desarrollada algunos siglos antes. He buscado durante varios años una forma completamente nueva de expresión novelesca en la que se juntan la antigua novela histórica y la novela contemporánea.» Sin embargo, para Juan Luis Alborg, en su Historia de la Literatura Española, la conjunción entre la historia contemporánea de Rosaura y Claudio y la del papa Luna, es difícilmente aceptable, fallida. No obstante, «la importancia de las historias referidas aquí por Blasco tienen el interés de la más apasionante novela; pero –importa insistir– no porque las baraje con novelerías, sino por el andante vivísimo que comunica a todo lo que cuenta. (…) Blasco consigue dar vida directa e inmediata a los hechos, reconstruyendo circunstancias, describiendo lugares que el novelista ha visitado; los que son fríos datos en las fuentes, cobran en estas páginas presencia y realidad. Lo único irreal es el recurso técnico: el pretendido ensamblaje de los dos planos, que Blasco no logra en absoluto. (…) Es como tenerse que asomar a dos ventanas de una casa que dan a calles diferentes, y solo podemos ver a trozos lo que sucede en cada una.»


Lo cierto es que tanto si se sigue la narración contemporánea como la otra, Blasco nos atrapa con su escritura. La historia de amor entre Rosaura y Claudio tiene capítulos excelentes como por ejemplo el final de El papa del mar; sin embargo, la ligazón con la parte del papa Luna resulta engarzada de un modo algo forzado. No es demasiado plausible el interés de una dama tan mundana por tanto detalle histórico.  En A los pies de Venus, el plano novelesco prácticamente desaparece, y el peso de la narración histórica lo llevan entre el diplomático Enciso de las Casas, junto al propio Claudio y el canónigo Baltasar Figueras, personaje, por cierto, extraído (según cita J.L. León Roca en su biografía) de José Sanchis Sivera, canónigo-archivero de la catedral de Valencia y contemporáneo del escritor.  «Blasco construye su alegato, –continúa Alborg– el del papa Alejandro sobre todo, por comparación; trazando sin escrúpulos el panorama de su tiempo y haciendo ver cómo sus faltas no fueron casos aislados, sino común  conducta de otros papas, reyes y políticos, jerarcas de todo nivel y condición, y levantando la grandeza de su figura por encima de todo aquel dédalo de culpas y miserias. Blasco describe, efectivamente, todo este mundo de escándalos que fue del siglo de los Borgias españoles con la objetividad, la claridad y la limpieza del más concienzudo historiador –al fin y al cabo no hace otra cosa que seguir la historia– , y sin complacerse en las liviandades que hubieran sido fáciles y útiles para una pluma hostil.»

15/10/14

EVENTO LITERARIO VALENCIANO

PRESENTACIÓN DEL LIBRO COLECTIVO DE RELATOS 

POR AMOR AL ARTE

DEL GRUPO GENERACIÓN BIBLIOCAFÉ.

En una agradable y templada tarde valenciana, mientras negros nubarrones que cruzaban sobre la ciudad, pero sin soltar el agua que contenían, tuvo lugar ayer un esperado evento literario. Gran cantidad de público se concentró en el Centro del Carmen, donde se presentó el libro colectivo de relatos "Por amor al arte", escrito, editado y publicado por la llamada Generación Bibliocafé, o más bien, por una parte de ella. En la sala se apiñaban autores, parientes y amigos, muchos miembros del grupo que no han participado en este libro, pero sí en los anteriores, …o preparan ya el siguiente, que ya está en proyecto.

En la mesa estaban, por orden de intervención: Mauro Guillén, editor y alma del grupo; Susi Bonilla, una de las autoras incluidas en el libro y miembro del grupo desde el primer día; Horacio Silva, artista plástico y autor de las cubiertas e imagen interior del libro; Javier Lacomba, copartícipe del libro, y finalmente, Dolores García, que, además de colaborar con un relato en el libro, nos regaló una interesantísima charla sobre Leonardo da Vinci y la Gioconda.



La intervención de Mauro trató de la constitución del grupo, haciendo un poco de historia de las siete (ocho, con la presente) publicaciones hechas hasta el momento, habló de la influencia del antiguo local de Bibliocafé, la separación tras el cierre, la presentación del grupo en Librería Lé de Madrid,  la reorganización para seguir escribiendo y publicando como grupo, incluso incorporando nuevos autores.
Pasó después a saludar el espacio que nos recibía y contenía: esta antigua Iglesia y Convento del Carmen, fue posteriormente la sede de la Facultad de Bellas Artes San Carlos, donde muchos grandes pintores valencianos estudiaron e impartieron sus clases. Actualmente el edificio aloja el Museo del Siglo XIX y varias salas de Exposiciones temporales. Espacio, por tanto, ideal para un libro cuyo tema es el arte y los museos. Agradeció, pues, a los directivos del Centro que nos hayan posibilitado presentar en él.
Se explayó más adelante Mauro constatando que de un comienzo con nueve personas (entre las que me incluyo), hemos pasado a casi cincuenta. Y del marco exclusivamente valenciano nos hemos expandido por la geografía española: Madrid, Málaga, Tenerife… sumándose autores de ya reconocida calidad que nos han espoleado y han hecho subir el nivel paulatinamente. También destacó a los nuevos colaboradores que aparecen ya en este libro: la autora valenciana Rosa Pastor, el madrileño Víctor San Juan, autor con una larga lista de publicaciones de tema naval, y la sorprendente y jovencísima novel Ana, hija de Josep Asensi, miembro del grupo.
Citó  la honda impresión que le había causado Horacio Silva y agradeció su entusiasmo y su colaboración; citó también a Rafa Sastre, que sugirió el título del libro. Y encomió la colaboración de la correctora Ángeles Pavía, que con este libro se estrena con nosotros. Finalmente nombró, uno  por uno, a todos los que hemos participado en el libro con nuestros relatos.
(Aplausos)
Pasó a intervenir Susi, centrando su atención en el título del libro, que calificó de juguetón y metafórico, aunando a los que se dedican a algo que les gusta, como es escribir, ofreciendo su disfrute a los lectores, y el desinterés con que se hace, cuando lo que se busca no es tanto ganar dinero como ganar lectores. Hacer algo por amor, por altruismo,  siempre resulta un placer.  Agradeció a Horacio Silva su desinteresada y magnífica aportación, recordando con emoción el momento en que el artista les abrió la puerta de su estudio y el estupendo rato que pasaron en su compañía.
(aplausos)
Intervino Horacio, emocionado de estar en un espacio entrañable para él,  donde estudió y comenzó a impartir sus clases. Nos explicó que, a pesar de no ser habitual en él la ilustración, había acogido el proyecto con mucha ilusión. El título le llevó directo al corazón, sede literaria de los sentimientos amorosos: corazón que palpita por amor. Muchas cosas se pueden decir del corazón, pero el artista prefiere mostrarlo, con su estilo habitual. Y elige dos corazones con dos fondos fuertemente llamativos, por ser el contraste rojo/verde, colores complementarios. Y no contento con elegir un cuadro ya realizado, se embarcó en diseñar otro corazón, un corazón (que podemos ver en el interior del libro), exudando colores en su palpitar.

(aplausos)
Javier, conocido por sus escritos de misterio y terror, nos hizo removernos en el asiento al recordar que la sala donde estábamos reunidos, en tiempos fue cripta y más tarde sobre ella se estableció una sala capitular, donde los monjes del convento se reunían a deliberar y celebrar con sus cánticos las fiestas religiosas. Posteriormente la sala ha acogido todo tipo de manifestaciones artísticas, musicales, etc.,  constatando que había muchos escritores en la sala y percibía buenas vibraciones. Después se explayó con el tema de la creatividad como algo consustancial a la humanidad que, sintiéndose mortal, necesita perpetuarse haciendo realidad sus sueños, por medio de la creación. Y de ello pasó a la noción de pertenencia, de cómo se forma un grupo como este, que tiene en común el placer de contar historias y ofrecerlas, con amor, de todo corazón, a los demás.
(aplausos)
Cerró el acto Dolores, aclarando que aquello era más una celebración que una presentación. Y nos deleitó con una charla, acompañada de imágenes proyectadas en pantalla, sobre una pintura que se realizó, según vino a demostrarnos después, por amor al arte. Hizo una breve semblanza de Leonardo, virtuoso renacentista que frecuentaba muchos campos por puro interés de saber, de investigar, por lo que destacó en diversos aspectos, no solo el pictórico que le conocemos mayoritariamente, sino en aspectos científicos, ingeniería, biología, gestión de eventos festivos para los grandes señores que le reclamaban. Pero cuando vino a pintar la Gioconda, el cuadro nunca fue entregado (y por ende, cobrado) conservándolo Leonardo hasta su muerte.  El desarrollo de estas teorías y otras más sobre la vida de Leonardo y los secretos que encierra esta pintura está contenido en dos libros escritos y publicados por Dolores, una novela y un ensayo con aceptación internacional.
(Aplausos y fin de fiesta)
Una vez finalizadas las intervenciones, el público se mezcló con los ponentes, con los autores, se hicieron las fotos de rigor, y Jose Luis Rodríguez, nuestro librero, estuvo al frente de su pequeña tienda en la entrada, llenas de nuestros libros con corazón. Nos reencontramos con los amigos, a los que quizás no habíamos visto desde antes del verano…y se dio por comenzada la temporada.



 Fuensanta Niñirola/ Ariodante

13/10/14

BALZAC, SIEMPRE BALZAC

EUGENIA GRANDET
Eugénie Grandet, histoire de province



HONORÉ DE BALZAC
Prólogo: Mario Vargas Llosa
Trad. y notas: Mauro Armiño
Ed. Siruela, 2010
En esta novela Balzac nos muestra su grandeza literaria y moral. En ella, situada en la época de la Restauración, al mismo tiempo que muestra la vida provinciana, por contraste con la de la capital, hace una breve historia de la ascensión social de Félix Grandet en un pueblito francés de provincias, Saumur. Ascensión que podría ser el arquetipo de cómo otras muchas fortunas se crearon a la sombra de la revolución y de Napoleón.  De tonelero, Grandet pasa a ser un hábil negociante, rico terrateniente y millonario… pero tiene un grave defecto: la avaricia. Lo que podría considerarse beneficioso como hombre emprendedor, lo mancilla con esa obsesión por el refulgir del oro, puesto que no solo él, sino toda la familia (esposa, hija y Nanon, la criada) ha de sufrir las inconveniencias de ese carácter insano. El personaje de Nanon es el contrapunto: es, por así decirlo, la asistente, la “todoterreno” personal de Grandet, la que le soluciona asuntos por la puerta de servicio. Fiel al jefe, pero también a la esposa y sobre todo a la hija de la familia, ayudará a unos y a otros, manteniendo el frágil equilibrio de la casa. Mientras Eugenia y su madre viven en un mundo ficticio, envueltas en el celofán de la ignorancia y la ingenuidad, Nanon representa la realidad, los pies en tierra, el Sancho  de la historia.

A la sombra del avaro, su esposa es una santa mujer que no solo ha aportado su fortuna personal sino que le aguanta el endemoniado carácter a un hombre que, nadando en dinero, le regatea la lumbre de su chimenea o de su vela nocturna, la harina del pan o los contados terrones de azúcar. La única hija (hasta en eso ha sido avaro), Eugenia, alma cándida, inocente y amorosa que respeta a su padre y le obedece en todo, será la imagen central de la historia, eje sobre el que gira la narración. Ignorante de la fortuna de su padre y de sus manejos, insensible al dinero, Eugenia solo reaccionará  cuando se encuentre ante el amor.
Dos familias de Saumur se disputan los favores de Eugenia, o mejor dicho, de la futura herencia de Eugenia: Des Grassins, banquero de Grandet, que quiere casarla con su hijo Adolphe; Cruchot, abogado de la familia, que quiere casarla con su sobrino Cruchot des Bonfons.  Pero el amor llegará en la figura de su primo Charles, procedente de París. Un primo rico y poderoso pero que de repente se encuentra envuelto en la miseria y ahogado de deudas. La primera admiración de Eugenia se torna compasión y finalmente, amor apasionado. Y la pasión, ya sabemos, emborrona el juicio. Por su amado se enfrenta a su padre, precipita la desaparición de la madre y finalmente, la muerte del viejo avaro deja a Eugenia al frente de una inmensa fortuna…pero sin amor. Charles llega, enamora y desaparece durante años sin dar noticia. Años en los que su tío Grandet ha estado toreando a los acreedores con una serie de burocracias y papeleos, a la espera de que fuera él mismo quien resolviera su economía. Cuando finalmente retorna, ya ha muerto su tío.  Pero Charles ya no es el mismo que Eugenia ha estado esperando y amando día a día, hora tras hora. Sin embargo, aún Eugenia cerrará esa puerta con un acto de magnanimidad amorosa: cancelará las deudas del primo para que este pueda hacer un ventajoso matrimonio parisino. Y después, se resignará a vivir de recuerdos y de caridad, hará un casto matrimonio de conveniencia y enviudará joven. Balzac no cuenta más, porque ya ha dicho lo que tenia que decir. Se ha escrito mucho sobre esta obra, y no me alargaré tampoco.

La edición de Siruela comienza con una serie de jugosas citas de Italo Calvino sobre la lectura de los clásicos. En el prólogo, Vargas Llosa hace una breve glosa de la vida y obra del gran escritor francés, todo un personaje y con una amplísima obra, reunida en su proyecto de La Comedia Humana. Finalmente, el traductor hace una serie de aclaraciones sobre las diversas ediciones de la obra, y las correcciones y cambios continuos del autor. Eugenia Grandet fue publicada por primera vez en el semanario L'Europe littéraire en septiembre de 1833, primer año de la revista. En 1834 se publicó ya en forma de libro, en el tomo V de los Études de moeurs au XIX e siècle; más tarde, en 1839, en la editorial de Gervais Charpentier, con una dedicatoria a la que había sido amante de Balzac: Maria du Fresnay. En la edición Furne, de 1843, la novela formaba parte de la serie La comedia humana, en el primer volumen de Escenas de la vida provinciana.  Se han hecho versiones cinematográficas de esta novela, siendo la de Mario Soldati en 1946, (con una magistral Alida Valli en el papel protagonista) una de las más convincentes.


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