20/3/17

BREVISIMAS ROSAS


RELATOS MINÚSCULOS
ROSA PASTOR CARBALLO
Mauro Guillén/ Jam Edicions

Efectivamente, los microrrelatos, si están correctamente construidos, pueden funcionar como una aspirina o un omeprazol. Si no lo están, pueden ocasionar un dolor de cabeza o de estómago, o lo que es peor, general aburrimiento o indiferencia, que es el peor enemigo de la literatura y el arte.
Un texto comprimido como es el microrrelato, no es más fácil de escribir, como quizás algunos piensen. No. Justo al contrario, resulta muy difícil condensar una historia en tan pocas palabras.
Esa mini-historia ha de ser sugerente, ha de crear sorpresa, reflexión,  ha de dejar un poso con el que el lector quede un rato masticándolo, rumiándolo, para extraer todo el jugo comprimido.
Esas píldoras literarias, como en muchos prospectos de medicamentos, se aconseja  tomarlas cada equis horas,  no tomarlas seguidas porque podrían general un colapso. Y es así, los microrrelatos, como los haikus,  como los poemas, deben leerse en voz alta, y nunca demasiado seguidos. Hay que dejar un tiempo para que reposen las ideas que contienen, para que nuestra mente digiera el contenido, para que genere en nosotros todo su efecto sugerente, que se expanda y nuestro pensamiento complete con los detalles ausentes todo lo que se podría haber contado pero solo se ha sugerido en pocas palabras.
Los textos de Rosa, que ya ha escrito y publicado dos libros de relatos y tiene una novela en preparación de publicar,  constituyen un conjunto variopinto, pero en el que el lector puede descubrir elementos comunes,  elementos que provienen del propio inconsciente de la autora. Raro es el escritor que no pone algo de sí mismo en sus textos. No necesariamente biográfico, no algo que le ha sucedido, sino ideas, pensamientos, sueños, emociones, ansiedades, alegrías y penas.
Los que conocemos a Rosa rastreamos más fácilmente esas huellas de sí misma, huellas de las que quizá ni siquiera sea consciente. Pero las huellas están. A Rosa le preocupan muchas cosas, cosas que ocurren a otros o que le ocurren a ella, cosas como la vida o la muerte, la violencia, la soledad y el desamparo, la razón y la locura, el difuso límite que las separa, como la borrosa indefinición entre el sueño y la vigilia.   

 "Antes de que vuelva papá, mamá deja que juguemos a desaparecer. Nos escondemos por todos los rincones de la casa: en el armario, debajo de la escalera y de las camas. Nos divierte ser invisible, aunque también nos asusta que un día no nos encuentren. Puntualmente, cuando se oye el ruido de las llaves  en la puerta se acaba el juego, mi padre nos busca. Aparecemos entre risas y gritos de victoria y nos sentamos a la mesa para cenar. Esta noche papá no ha vuelto y mamá cena sola."  (Desaparecidos, pág. 29.)                                

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Por eso muchos de estos minimalistas textos son oníricos, traspasan esos límites de irracionalidad, gritan agobiados ante la irracionalidad de lo real y no saben si considerarla mejor como un sueño. El humor soterrado que les recorre es un humor negro, un humor agridulce como la vida misma. 
Otra huella que encontramos es la pictórica. Rosa, además de escribir, pinta.  Y sus colores son puros, brillantes. Pues bien, el color es algo que destilan estos textos, a veces como pequeños manchurrones, a veces como acuarelas transparentes. Los textos están cargados de color, brillan, oscurecen, mezclan, dibujan. (Textos: La consulta, pág.35, El hombre del paraguas, pag.46)
 
En suma, un conjunto de textos para leerlos con calma, en ratos perdidos, propensos para la ensoñación, la reflexión o simplemente para degustarlos como un café, sentados en nuestra butaca favorita o en la terraza de un bar, observando esa realidad circundante con la mirada de Rosa, que la colorea con sus palabras transformándola en sueños.



Fuensanta Niñirola





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13/3/17

BARICCO ESCRIBIENDO RETRATOS

MR. GWYN
ALESSANDRO BARICCO
Anagrama, 2012


El lector que haya disfrutado con la lectura de Seda puede sentir que hay algo indefinido que la asemeja a la presente novela. Hay muchas ideas que se deprenden de este sorprendente texto, no sólo por el modo en que está escrito sino, sobre todo, por lo  que le sirve de sustrato básico. La primera y principal: ¿Escribir o vivir?¿Escribir es una forma de vida? La idea de una especie de nuevo Bartleby, un escritor que no quiere seguir escribiendo, pero que sin embargo, pese a sus esfuerzos para mantenerse al margen, la literatura está en su cabeza y bajo su piel, buscando otros modos de aflorar.
La trama de la novela se presenta desde dos puntos de vista, cuyo tránsito es muy sutil: el de Jasper Gwyn, el escritor, y el de Rebecca, una regordeta joven que le sirve de modelo para su primer experimento, creándose entre ellos un vínculo muy especial. El lector transita de uno a otro sin darse cuenta apenas. Sin embargo, aunque en la segunda parte del texto domina el punto de vista de Rebecca, la “presencia” del ausente Gwyn es fortísima  y domina la atención y la vida de esta joven mujer.
Otros personajes intervienen como símbolos, como es la “mujer del fular impermeable” o su fantasma, el viejo fabricante de bombillas, el agente literario y sin embargo amigo de Gwyn, y varios de los retratados por este enigmático y nuevo sistema de escritura, “copiar a la gente”. La “mujer del fular” es una especie de Pepito Grillo, es la voz de la conciencia que le va a recordar los errores o las ausencias.
Después de meses de crisis, de confusión, deambulando sin un destino claro, sin saber qué hacer y cómo salir adelante,  la visita casual a una exposición de pintura, plena de retratos, hace que una bombilla se encienda en su imaginación:

“Eran cuadros grandes, todos parecidos, como la repetición de una única ambición, hasta el infinito. Siempre había una persona, desnuda, y poco más alrededor, una habitación vacía, un pasillo. No eran personas hermosas, eran cuerpos ordinarios. Simplemente, estaban —pero resultaba particular la fuerza con que lo hacían, como si fueran, casi, sedimentos geológicos, fruto de metamorfosis milenarias.”

“Jasper Gwyn estaba comprendiendo algo particular que iba a cambiar el curso de sus días, (…) Volvió a mirar la foto en el catálogo, luego de nuevo la pared —era evidente que algo había pasado entre la foto y el cuadro, algo así como una peregrinación. (…)No pensó en ningún truco técnico ni tampoco le pareció importante la eventual maestría del pintor, sólo se le pasó por la cabeza que un obrar paciente se había propuesto una meta, y al final lo que había conseguido obtener era llevar de regreso a casa a aquel hombre con bigote. Le pareció un gesto muy hermoso.”


Pasados tres años y pico de crisis, finalmente el escritor que no quiere escribir se decide: Gwyn se va a convertir en un copista, va a “copiar a la gente”, a retratarlos por escrito, aun sin saber bien de qué modo y a quién. Pretende con sus retratos darles a los retratados una visión más fiel de sí mismos.  Llevarles  a casa. Dedica meses a preparar el escenario donde se van a realizar esos retratos, un viejo garaje en donde pone cuatro muebles viejos, instala un sistema de sonidos realizado expresamente por un amigo músico, y consigue una especialísima iluminación con una bombillas fabricadas manualmente por un viajo artesano de Camden Town. Tanto una cosa como la otra (sonido y luz) han de marcar el tempo y la duración del retrato. La “peregrinación” debía tener un tiempo marcado. Una vez establecido el tiempo de trabajo (treinta y dos días)  y los horarios, (cuatro horas diarias) había que buscar a alguien a quien retratar. Y aquí aparece Rebecca, la secretaria que trabaja para Tom, el agente de Gwym.
Rebecca irá ganando protagonismo desde el momento en que empieza a posar para Gwyn y recoge el testigo de la narración, si bien siempre será en tercera persona.

“—¿Dónde se pondrá usted?, preguntó.
—Olvídese de mí. Yo no existo.”

A partir de ahí, se produce una serie de interesantes reflexiones en la mente de la muchacha, que vigila desde fuera a Gwyn, al que admira por su obra anterior. Todo el proceso de ese primer retrato lleva de la mano al lector para dar el cambio de puntos de vista. Superado y aprendido el modo de retratar, se suceden los retratados, hasta el momento en que falla el sistema y Gwyn definitivamente desaparece del mapa, no quiere seguir. La que sigue con su vida es Rebecca. Pero mantienen latente el recuerdo y la sospecha, que le hace seguir (y encontrar) el rastro, no físico, sino literario de Mr. Gwyn.
Excelente novela, absolutamente recomendable.


Fuensanta Niñirola


Alessandro Baricco (Turín, 1958), además de numerosos ensayos y artículos, es autor de las novelas Tierras de cristal (Premio Selezione Campiello y Prix Médicis Étranger), Océano mar (Premio Viareggio), Seda, City, Sin sangre, Esta historia, Emaús, Mr Gwyn, así como Tres veces al amanecer, publicadas en Anagrama, al igual que la majestuosa reescritura de Homero, Ilíada, el monólogo teatral Novecento, los ensayos de Next. Sobre la globalización y el mundo que viene y Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación.



6/3/17

MONTALBANO Y EL AGUA

LA FORMA DEL AGUA
ANDREA CAMILLERI
María Antonia Menini Pagès
Ed. Salamandra, 2004



Con esta novela, publicada por su autor  en 1994,  Camilleri inaugura la extensa serie protagonizada por el comisario Salvo Montalbano, mundialmente conocido ya no sólo por las novelas que protagoniza sino por la serie televisiva, que es lo que hoy en día da la puntilla a la fama de un escritor.
Siciliano como su creador, Salvo Montalbano y sus colaboradores, así como los personajes que van emergiendo en los capítulos del libro, es, por así decirlo, un hombre tranquilo en un pueblo donde las cosas se toman con calma. Lo cual no quita para que su mente no discurra correctamente. Sosegado, inteligente, de mediana edad y soltero pero con una novia en Génova, Livia, a la que ve cuando el trabajo de cada uno se lo permite, Montalbano es comisario de Vigàta, imaginario pueblito siciliano pero no por ello menos real.
Toda la acción relatada, es una trama que surge tras la muerte en circunstancias poco decorosas de un personaje destacado, el ingeniero Luparello. Aparentemente todo tiene una explicación fácil, y el caso, a pesar del posible impacto en la familia y en la política local,  entra en vías de cerrarse. Pero así como el agua adquiere distintas formas y colores según el recipiente que la contenga, los hechos, casi todos los hechos suelen tener varios modos de ser explicados, según desde el ángulo que se les mire. Así, a Montalbano algunas cosas no le cuadran  y pide un alargamiento del caso para investigar. Alargamiento que genera malestar en distintos sectores de la población, complicándose además con alguna que otra muerte y con el descubrimiento de algunos hechos no muy discretos.

Así, va destapando una serie de relaciones, historias del pasado y del presente. Y van surgiendo una colección de personajes diversos que, junto al protagonista, muestran una Sicilia muy actual (sobre todo de los años noventa del siglo pasado) y en la que la Mafia simplemente es un elemento más, una especie de humo que impregna las poblaciones, el paisaje, y el paisanaje, que emborrona algunas zonas pero que se mantiene flotando sobre todo, como parte implícita del escenario.
Montalbano no solo busca la explicación a este caso, sino que intenta, además, “salvar” –haciendo honor a su nombre- a aquellos que considera que lo merecen y cuya implicación en el caso es accidental.

Los arquitectos técnicos (colocados de basureros) Saro y Pino, el soplón Gegè, el abogado Rizzo, el sargento Fazio, el juex Lo Bianco, el jefe de la policía científica Jacomuzzi, la sueca y escultural Ingrid Sjostrom, la familia del finado Luparello (esposa, hijo y sobrino),  y unos cuantos personajes más deambulan por las páginas de esta novela impregnada de olores y sabores muy mediterráneos, contada de un modo muy directo y llano, integrando los diálogos sin apenas transición, montando las escenas casi como si se tratase de los actos de una obra teatral o las secuencias de una película.
El lector simpatiza inmediatamente con el protagonista y sigue la complicada trama con la misma naturalidad con que Camilleri la cuenta.

Fuensanta Niñirola


Andrea Camilleri nació en 1925 en Porto Empedocle, provincia de Agrigento, Sicilia, y actualmente vive en Roma, donde impartió clases en la Academia de Arte Dramático. Durante cuarenta años fue guionista y director de teatro y televisión. En 1994 crea el personaje de Salvo Montalbano, el entrañable comisario siciliano protagonista de una serie que en la actualidad consta de veintitrés novelas. Todos sus libros ocupan habitualmente el primer puesto en las principales listas de éxitos italianas. Andrea Camilleri es hoy el escritor más popular de Italia y uno de los más leídos de Europa. En 2013 fue galardonado con el IX Premio Pepe Carvalho.

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